Opinión

Un actor se repite; De Eddie Redmayne a Jesse Eisenberg

Si hacemos caso a los griegos, y estamos de acuerdo con sus conceptos respecto a qué son los temas actorales, pero traemos toda esa visión a la actualidad y se la aplicamos a todos aquellos que dicen llamarse actores, sufriremos un shock que nos dejará al borde de la muerte o de la deserción eterna de las tablas o del audiovisual.

Hemos tenido en todas las épocas intérpretes de rostros bellos y figuras apolíneas, con mayor o menor talento. Actores que han cumplido su papel sin llegar a imaginarse dotados por los dioses de las habilidades para que el público asuma que sus personajes son más reales que ellos mismos. No creemos que llegaran a tanto, solo cumplían decentemente su papel, y ya.

Ciertamente, la belleza física era un factor, o como lo es hoy día, la extrañeza. Pero las virtudes interpretativas eran elementos fundamentales para que en su conexión con las audiencias parecieran seres superiores o lucieran cercanos al ciudadano común. Esos actores debían cultivar una disciplina para con su trabajo. Y al decir disciplina, hablo de pulir sus habilidades con práctica y más práctica.

Otros poseían, además de las cualidades del don interpretativo, eso que se llama carisma. Era por lo que la gente se sentía atraída hacia ellos sin saber por qué. Como si fuera una especie de brujería o magia que conquistaba la imaginación y la hacía volar. Bastaba con echarle un poco de algo llamado “glamour” y una pizca de don de gentes, y el romance con las audiencias era eterno.

Se puede estar o no de acuerdo con Marlon Brando, Paul Newman, Lionel Barrymore, María Félix, Klaus Kinsky o Fernando Fernán Gómez, solo para mencionar unos cuantos. Se puede discutir si estuvieron bien o mal, pero jamás decir que no trascendieron por su talento o por la calidad de sus interpretaciones.

Observamos con estupor cómo se elevan altares a intérpretes de dudosas habilidades, algunos de larga carrera y otros con pocos filmes, pero con un punto o dos en común: o son los elegidos a dedo como figuras para producir dividendos, o su máxima virtud es ser agraciados con una cierta belleza física, o simplemente, estar en el lugar correcto a la hora correcta. Entre estos, vamos a echar un vistazo a algunos filmes y personajes que interpretan los actores Jesse Eisenberg y Eddie Redmaine.

En el 2012, el inglés Eddie Redmayne interpretó el personaje del joven revolucionario Marius Pontmercy en la versión de Los Miserables dirigida por Tom Hooper. Un naufragio en toda regla del Sr. Hooper, que asignó al joven actor un papel que servía de reclamo ante el público joven y que este respondió con un aprobado raso, ni muy aquí, ni muy allá.

Redmayne bordó un Pontmercy risueño, enérgico, muy en los linderos de un romanticismo al gusto de los “millennials”. Pero su sosedad no desentonó demasiado con la del resto de los personajes interpretados por sus compañeros, y estuvo a la altura de éstos con el ejercicio desastroso de su canto, que debe decirse, fue una decisión de su director por la cual deberá rendir cuentas al tribunal de la historia del cine.

En El Destino de Júpiter (Jupiter Ascending, 2014), este mismo actor se mete en la piel de Balem Abrasax, distinguido representante de una familia, o de una de las familias que rigen la galaxia, debiendo su longevidad y riqueza al cultivo de humanos. En esta película, dirigida por las Hermanas Wachowski, el amaneramiento actoral de Redmayne se extrema en un minimalismo interpretativo que lo deja muy mal parado.

Lo que pretende ser un porte aristocrático de los confines de la galaxia, no deja de ser la receta para diluirse en la atmósfera de un film sin dejar rastro. Ni él mismo, ni nosotros, creemos en la villanía de Balem, un pobre remedo de Darth Vader, pero sin máscara. El personaje aparece y desaparece sin que sintamos la más mínima empatía con él.

No contento con la experiencia de Los Miserables, el inefable Redmayne vuelve a ponerse a las órdenes de Tom Hooper en un film que por su temática, tenía la posibilidad de hacerse con un premio de la Academia. Pero el director desperdició la ocasión, al igual que el actor, cuyo personaje Einar Wegener/Lili Elbe, se adornó de los tics repetitivos que son su marca de fábrica.

El mismo tonito de voz, la sonrisa de comercial de pasta dental y la ausencia de cualquier esfuerzo interpretativo, arruinan la fuerza de un personaje como el de Einar/Lili, rico en conflictos interiores y exteriores. Sólo la inhabilidad de un aspirante a estrella como Redmayne podía convertir a este personaje en un maniquí que se viste o desviste una escena detrás de la otra. Lástima de actor que cree en los gestos vacíos y sin espíritu.

El taciturno Mark Zuckerberg es interpretado por Jesse Eisenberg en La Red Social (The Social Network, 2010), el biopic sobre el fundador de Facebook que dirige David Fincher. Y como suele pasar, no complace a demasiadas personas, ni al parecer tampoco a Eisenberg quien pinta a Zuckerberg como un ermitaño universitario. En esto acierta, pero reprueba a la hora de dar un panorama de su personaje en las diferentes situaciones en las que se involucra.

Eisenberg construye un personaje de una sola pieza, plano, que tiene la misma reacción y el mismo tono de voz para todas las situaciones. Esto retrata la ausencia de un método o de un talento, para captar los matices de un ser complejo como debe ser el inventor de la famosa red social. Leerse un guión, saberse las escenas y los parlamentos, no es actuar y cualquier actor promedio lo sabe.

En Ahora Me Ves (Now You See Me, 2013), el divertimento que dirigió Louis Leterrier, Eisenberg da vida a J. Daniel Atlas, un mago que forma parte de un grupo de magos llamados Los 4 Jinetes, dirigidos por un misterioso personaje. Atlas es un papel de un individuo arrogante y controlador que permite a Eisenberg hacer uso hasta la saciedad de sus diálogos en ráfagas, un tic del que padece.

El ritmo ágil y la multiplicidad de personajes acompañantes permite al actor esconder tras toda esta parafernalia sus tics y amaneramientos, propios de aquellos intérpretes que no suelen trabajar a cabalidad los personajes, ensimismados en sus egos y en las palabras aduladoras de los fans y de la publicidad pagada. Eisenberg, al parecer, seguirá este equivocado ritmo de actuación.

El Lex Luthor de Batman Vs. Superman (2016), es uno de los desperdicios más grandes de un personaje tan icónico en la imaginación popular. Esto es tanto culpa de Eisenberg como del tecnópata Zack Snyder. Un Luthor totalmente payasesco e irreconocible levantó la ira de los fans del hombre de acero. Nadie podía creer que pudiera rebajarse hasta tal absurdo a uno de los antagonistas principales de Superman.

Ese Luthor que Eisenberg “¿interpretó?”, no nos deja claro si era un científico, un filántropo, un payaso o un demente con momentos de lucidez científica. El actor se dedica a dar bandazos temperamentales a lo largo y ancho de la película, pareciendo más un comediante de Saturday Night Live que un personaje de un filme dramático.

Tanto Eisenberg como Redmayne son actores de gran éxito entre los más jóvenes, ya que funcionan en las películas como gancho para atraerlos dada la conexión generacional entre ellos. Dicha franja de público sigue a estos limitados intérpretes en virtud de una publicidad eficaz que vende sus bondades a las masas más jóvenes.

No se debe, aunque se puede, confundir y desorientar al público ofertándole productos actorales como Eisenberg y Redmayne. Si bien estos jóvenes son promesas de la industria, aún están por pulir sus habilidades y corregir sus defectos. De lo contrario, si no lo hacen a tiempo, los espectadores les cobrarán el engaño, condenándolos a la invisibilidad artística.

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