Opinión

Economía e imagen corporativa

La economía siempre ha oscilado como un péndulo entre la intervención del Estado y el libre mercado, ha sido una discusión sin límites, fruto de que para algunos el mercado es más eficiente, en tanto, para otros es necesario la intervención del Estado. Cada cual se abroga la razón según su óptica, pero cuando se plantea la interrogante de que si el mercado es tan eficiente para todo, entonces, ¿por qué no construye todas las carreteras de un país? ¿Por qué el mercado no financia un ejército para la seguridad o mantiene un sistema jurídico? La respuesta es casi nula.

A partir de las conclusiones del pensador Wilfredo Paretto, los economistas descubrieron que el mercado tiene fallas, dado que este no funciona igual de bien en todas las situaciones, pero a su vez, el mercado resulta insuficiente para producir los bienes y servicios que requiere la sociedad, pues ahí es donde el Estado es imprescindible, no tan solo para establecer las reglas y normas, sino para evitar que la sociedad pueda ser insatisfecha con los elementos que garanticen su nivel de vida.

En realidad el análisis económico pone en evidencias las posibilidades de que se produzcan fallas tanto del mercado, así como del Estado, en ese sentido en materia de política económica se tiene la convicción de que es mejor tener la mitad de la razón antes que equivocarse de manera total. Esto así ya que los objetivos de la política económica siempre será mejorar los resultados económicos porque aspirar a conseguir los resultados perfectos es un riesgo anunciado.

Como se sabe, el objetivo de la teoría económica es averiguar cómo podemos utilizar nuestros recursos escasos de la mejor forma posible ya que de la combinación óptima de estos depende en parte lo que nos importe en el futuro. Es aquí donde el fenómeno del crecimiento económico juega un rol fundamental, dado que en el consumo y la inversión descansa su determinación, esto es que si se procura que la economía mantenga en ascenso su ritmo de crecimiento es necesario destinar recursos a la inversión, en virtud de que aumenta la capacidad de producir, en tanto, que destinar los recursos al consumo no favorece el crecimiento.

Es aquí donde entra en juego un factor de gran importancia, la comunicación que es la única herramienta de la cual disponen los mercadólogos para persuadir a los consumidores a que actúen de forma deseada a sus estrategias, creando una conciencia para alentar ciertas prácticas favorables al consumo. En tal sentido, en una economía para orientar al consumo, o uso, es fundamental analizar la estratificación social, los índices de características de status socioeconómico, la cultura, lenguaje y costumbre, cuya combinación involucran tres instituciones sociales de alta penetración, como son la familia, las iglesias y los centros de educación, todo ello sin obviar la inversión.

Otro elemento importante que se pondera en una economía de mercado es la innovación, pero en esta parte al profundizar al respecto ha de resaltar el potencial de consumidores con vocación a innovar el consumo, en tal caso entran en juego dos procesos fundamentales; por un lado está la difusión que es un macroproceso que implica la extensión de una innovación cuyo objetivo es el público consumidor, mientras que por el otro lado, aparece el proceso de adopción, el cual se refiere a un microproceso que examina las etapas que atraviesa un consumidor individual al tomar la decisión de aceptar o rechazar un producto determinado. Ambos procesos reflejan estrechamente su relación íntima entre sí, donde el consumidor es el ente activo más relevante. Esta dinámica de mercado es entendible en el marco de los indicadores macroeconómico como es el crecimiento del PIB, los niveles de precios y las cuentas fiscales, cuyos resultados han de estar interrelacionados con las fuerzas del mercado, las perturbaciones externas y los instrumentos de la política económica.

Establecido eso, entonces, se entiende mejor el interés por la creación de imagen corporativa que es un ejercicio en dirección de la percepción, que emana de los expertos en relaciones públicas, cuya plataforma descansa en tecnología y su diversidad de canales promocionales como la web y las redes sociales, cuyo objetivo es incidir en el público consumidor. Pero todo eso es posible de acuerdo al desempeño de la economía, básicamente, donde esté presente el crecimiento con estabilidad ya que ningún cambio de imagen corporativa tiene espacio en una economía en crisis.

En consecuencia, el cambio de la imagen corporativa se justifica en que ésta no es eterna ni estática, porque todo está sujeto a cambio, la competencia cada vez se torna agresiva, el mercado evoluciona permanente, lo que implica introducir renovación orientada a construir una imagen impactante que fortalezca la identidad tanto visual, como la comunicación de valores. Para lograr tal pretensión, el cambio de imagen ha de estar acompañada de nuevos productos a colocar en el mercado, que la entidad desarrolle una nueva línea de negocios, expansión de la misma, concentración de sus líneas de negocios, pues si esto no está presente, lo que se ha de producir es un simple cambio de logo que puede convertirse en un riesgo total, antesala del fracaso.

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