América Latina se ha caracterizado por ser una región que acumula grandes desigualdades socioeconómicas durante muchos años, con un crecimiento económico muy volátil que más bien impulsa a una enorme masa humana hacia la pobreza. En adición, se resalta que las causas de esta realidad es multifactorial, siendo los altos niveles de inflación un factor determinante por su influencia en el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos, mientras que por otro lado, está la presencia de una estructura impositiva destructora de los ingresos y de las iniciativas emprendedoras, lo que en la práctica se traduce en una incertidumbre de la creación de los negocios.
Es inocultable que en la casi dos décadas del siglo XXI, América Latina ha registrado un crecimiento económico muy superior y sostenido que las últimas dos décadas del siglo XX, sin embargo, la brecha entre ricos y pobres mantiene la misma distancia que la observada en periodos difíciles de la economía. Tal realidad ocurre a pesar de que en los últimos 15 años en la región han salido más de 100 millones de personas del flagelo de la pobreza, lo que preserva un nivel de desigualdad promedio de un 52.9%, lo cual es muy superior al 44.7% que exhibe Asia y del 34.7% de Europa central y Asia central.
El avance logrado en América Latina, en las últimas dos décadas del siglo XX, más bien lo que se ha interpretado como una especie de compensación por el déficit social que data desde la época colonial que se han expresado con la presencia de un sistema político caracterizado por su bajo nivel de desarrollo democrático y la construcción de un modelo económico un tanto excluyente, incapaz de frenar la expansión de la pobreza. Aunque se reconoce que la pobreza ha registrado un descenso de un 30% desde el año 2000, pero la misma tiene explicaciones por factores exógenos, en particular, porque la relación de intercambio comercial ha mejorado por los mayores precios de las exportaciones, el flujo de remesas y el incremento de la inversión extranjera directa, lo que combinado con el incremento del gasto social han mitigado, en parte el malestar, lo que en la práctica pone en evidencia que la región ha caído en una quiebra social, a pesar del crecimiento del PIB.
Al observar los esfuerzos de muchos países con políticas sociales orientadas a combatir la pobreza, se puede ultimar que en América los pobres siguen siendo los mismos, concretizada en que la salud y la educación siguen el mismo patrón de limitación a su acceso, pues aunque la pobreza baja en términos cuantitativos, los niveles de desigualdad se mantienen o se expanden. Tres elementos, entonces, son terminantes en la mitigación de la desigualdad; la salud, la educación y el acceso a la toma de decisión de los órganos y organismos del poder político, a lo que se agrega un cuarto elemento que es incrementar el empleo digno y masivo.
Todos los estudios realizados en los últimos años ponen en evidencias irrefutables que la región de América latina carga con una barrera muy demoledora, esta es su sistema impositivo el cual cada vez es un gran aliado de la expansión de la desigualdad, razón por la que existe entre la población la creencia de que la distribución de la riqueza es muy desigual, de lo que el 75% está convencido. Esto encuentra su fundamento en que la mayor carga impositiva recae sobre los impuestos al consumo, que es el que más impacto tiene sobre los consumidores de menores ingresos, en tanto, los impuestos directos, aplicados a los que más tienen, son los que menos se recaudan, el cual es una expresión de la inequidad que prevalece en Latinoamérica.
La preocupación descrita llama la atención porque de cara al futuro inmediato, los países de América Latina están obligados a redoblar su política social e impulsar una mayor expansión de su economía ya que se prevé una mayor demanda social de la ciudadanía en virtud de que la población registra una expansión significativa. En efecto, se contempla que al finalizar el presente 2016, la población de América Latina será de 625 millones de personas, esto es, un incremento de 6 millones más de lo que ya se proyectaba en el 2015, lo que en la práctica se traduce en el doble de la existente para 1975, que era de 316 millones, pues a este ritmo se espera un tamaño de la población de 680 millones de cara al 2025, y de 779 millones en el 2050.
El movimiento en el crecimiento poblacional obliga a los gobiernos a diseñar y ejecutar políticas económicas capaces de impulsar un crecimiento económico de largo plazo, con un promedio mínimo de un 5.3% para poder enfrentar las demandas sociales potenciales que cierren la brecha de la desigualdad y desestimulen las quiebras sociales. Pensar en esa dirección es la clave para eliminar la realidad de que la región es la más desigual del mundo, fruto de que el 10% más rico, se apodera del 71% de la riqueza que se genera en la región, lo que proyecta que en los próximos 5 años, el 1% más rico de la región se apropiará del 99% de la riqueza total, sustentado en que durante el periodo 2000-2015, en promedio, la riqueza de los que más tienen se expandió en un 21%, lo que es superior en seis veces al PIB de la región, lo que profundiza más el malestar de la desigualdad y la quiebra social.