Opinión

La libertad religiosa (I)

Desde el origen de la humanidad, luego de la creación del mundo y del sistema de galaxias que pueblan el universo conocido y por conocer, dos grandes cuestiones han dado qué hacer al pensamiento humano de todas las épocas, se trata de la creación del mundo y de la muerte. Esta última, como fenómeno natural, en el proceso de desarrollo de la vida, inaceptable para muchos todavía hoy, misteriosa para otros, debido a la incertidumbre de lo que sucede a la existencia no material del hombre, después de su desaparición física.

En las primeras culturas conocidas, se cree que son los mitos quienes aportaron las primeras respuestas a estos fenómenos. Estas creencias y vivencias, transmitidas en sentido general, de generación en generación, crearon una afinidad entre el hombre y su entorno. Son los mitos los que explican el mundo a partir de un pasado -el que por demás es muy remoto- en donde se vivió la época de los “espíritus”. Todavía hoy encontramos vestigios vivos de estos mitos ancestrales.

Puede afirmarse que las religiones primitivas fueron creando vínculos muy fuertes, entre el hombre y fuerzas superiores a él; las que eran imaginadas o vividas, no lo podemos saber a esta distancia del tiempo. Por lo antes dicho suponemos, que fue en esa época, cuando el hombre inicio su creencia acerca de que los dioses rigen el destino de lo que ocurre y existe, no solo en la tierra, sino en todo lo que él alcanzaba o ver en su entorno cercano y lejano, incluyendo lo que imaginaba existía arriba en cosmos y abajo en el interior del planeta. En este punto, es bueno decir, que es innegable, que el origen de muchas religiones, son todavía verdaderos misterios, como por ejemplo la de los mayas, los incas o la de los egipcios, las que pese a la enorme distancia que separaban sus pueblos y sus épocas, construyeron grandes ideas en donde cimentaron sus profundas creencias.

La verdad objetiva se muestra para exponer el hecho de que, en su génesis, las religiones fueron creadas como fuerzas de dominación. Desde ellas se produjeron grandes episodios sociales, que repercutieron en la antigüedad, marcando épocas. Es por ello, que no puede hablarse de libertad de cultos en los tiempos antiguos, porque las religiones se imponían desde el Poder dominante. Como el tiempo transforma todo, incluyendo a la propia naturaleza humana, en múltiples aspectos, las religiones se transformaron en verdaderos instrumentos de socialización al servicio de los Estados y su papel ha sido fundamental en la construcción la sociedad humana que conocemos hoy, en toda su diversidad, alcance y dimensión.

En estos párrafos que iniciamos con este articulo, pretendemos reflexionar acerca de la libertad religiosa, como variable enunciada por los derechos universales del hombre y la democracia moderna, en todas sus manifestaciones.

En el orden de lo que acabamos de decir, hace unos 8 años, en la Universidad Católica Santo Domingo, se realizó un encuentro muy interesante, en el que participaron representantes de la mayoría de concilios no católicos, que profesan la Fe Cristiana en la República Dominicana.

Desde nuestra posición de Vicerrector de Planificación y Desarrollo, lo organizamos dicho evento, con el propósito de conversar, acerca de la libertad religiosa y la necesidad de fortalecerla, en el ámbito nacional. En esa ocasión, nos tocó dirigir los ricos y productivos debates. Fue un encuentro nacido, desde unas reflexiones hechas por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se desarrollo en el Salón Oval de la Biblioteca Cardenal Octavio Antonio Beras. Esta actividad, que contó con el aval del entonces Rector de nuestra universidad, el Reverendo Padre, Doctor Ramón Alonso Beato, tenía los siguientes objetivos:

1. Facilitar un conversatorio amplio sobre Religión y Estado, enfocado en legislación vigente.
2. Exponer por medio de personas expertas que han vivido procesos de elaboración y desarrollo de normas al respecto de las religiones en países similares al nuestro.
3. Desarrollar amistades entre expertos nacionales e internacionales con fin de colaboraciones futuras.
4. Conocer personas de nacionalidad dominicana que deseen ser miembros del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa.

Con estos objetivos en el portafolio, se desarrollaron las discusiones en forma armoniosa, dinámica y fructífera. Esto nos ayudó en el año 2010, en ocasión del conocimiento de la nueva Constitución de la República Dominicana, para que pudiéramos opinar sobre el tema y así poder una serie de ciudadanos y ciudadanas, entrar a la discusión en vistas públicas de algunos de los artículos que refieren el caso que nos ocupa en las presentes líneas y párrafos.

En esos tiempos se debatía en la Cámara de Diputados un Proyecto de Ley, del Diputado Carlos Peña, acerca del derecho a la realización de matrimonios de algunas de las iglesias no católicas organizadas en el territorio nacional. Es importante reconocerle a don Carlo Peña la autoría de la Ley 331-09, que nos habla del 31 de Octubre, como el Día Nacional de las Iglesias Evangélicas. De igual forma sus aportes para con la Ley 189-11, que establece el matrimonio a través de congregaciones no católicas, en la que él trabajo con entusiasmo, mientras fue Diputado de la República y que luego, al darle continuidad en dicha Cámara, se hizo realidad en el año 2011.

Este mismo legislador, al momento de la construcción de los capítulos, artículos, literales, numerales y párrafos de la nueva Constitución, trabajo en los argumentos de preámbulo y de la aclaración puntual acerca del texto que reza en la Biblia abierta de nuestro Escudo Nacional.

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