Opinión

Memorias sanitarias del PLD

Porque las promesas/ como a las palabras/ se las lleva el viento. Es el lenguaje poético que utilizo para expresar una dolorosa realidad que me tocó vivir. Muchos fuimos los que décadas atrás soñamos con implantar una política de salud que redundara en beneficio de la inmensa mayoría de dominicanos y dominicanas que históricamente han sido excluidos del universal derecho a la salud y por ende a la vida. Cúpome por varios cuatrienios la honrosa misión de coordinar la Comisión de Salud del Partido de la Liberación Dominicana, órgano responsable de elaborar las propuestas sanitarias de los programas de Gobierno del partido que guiaba el pensamiento de Juan Bosch. Mi participación directa se inicia con el proyecto electoral de 1982 para ir en creciente hasta 1996 cuando la organización tuvo acceso a la dirección del aparato estatal. Fue entonces cuando sufrí el primero de los más amargos desengaños: se ignoró el compromiso escrito del plan de salud que supuestamente implementaría el ahora gobernante PLD. Resultaron infructuosos los esfuerzos dirigidos a persuadir a los diferentes titulares que se sucedieron en el hoy Ministerio de Salud para que asumieran oficialmente los objetivos sanitarios ofertados durante la campaña electoral. Nuestra ingenuidad e inexperiencia en el tejemaneje de los intereses financieros que se mueven en una gestión sanitaria gubernamental, nos llevó a vivir una dura realidad: los fondos destinados a los distintos programas eran asignados y ejecutados por manos que ignoraban, u olímpicamente se burlaban del testamento programático. Aún con ese revés, volvimos a emplearnos a fondo en la redacción del programa de salud 2004-2008. Más ilusos que nunca creímos que había llegado la hora de hacer corresponder las palabras con las acciones concretas. Olvidamos el viejo adagio que reza: Del dicho al hecho hay un tremendo trecho. Las discrepancias entre lo programado por el partido y las ejecutorias de la Secretaría de Salud Pública y Asistencia Social eran tan evidentes, que utilizando un lenguaje psiquiátrico pudiéramos tildarlas de esquizofrénicas.

Como terapia contra la desilusión resulta bueno recordar la concepción sanitaria de nuestro fundador y guía, el profesor Juan Bosch. Decía el maestro que en un gobierno suyo dirigiría “los mayores esfuerzos en el campo de la medicina antes que nada a evitar las enfermedades, a evitar las epidemias mediante vacunaciones masivas de todo el mundo, y también a evitar los males que no son epidémicos, mediante una educación sostenida del pueblo en todo lo que se relacione con la salud; hay que enseñar a la gente a convertir en pura el agua impura, a mantener limpia su casa, su ropa, sus animales domésticos y los trastos que usa en sus quehaceres diarios; hay que preservar la salud del niño cuando todavía se encuentra en el seno de una madre; hay, en fin, que desarrollar hasta el máximo posible la aplicación de la medicina preventiva, y si no se hace así no podrá asegurarse la salud del pueblo…”. Don Juan advertía: <>.

¡No dejemos que mueran en el alma del pueblo dominicano los ideales sanitarios boschistas; sigamos luchando para que un día no muy lejano se hagan realidad!

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