Opinión

¡Perdone señor director, pero su cine me aburre!

Asistir a las salas de cine en estos días es exponerse a ser bombardeado con una enorme cantidad de imágenes que paradójicamente no dicen nada, o lo expresan de una manera tan balbuceante que no se entiende. Esta es una de las paradojas del mundo actual en el que estamos cada vez más informados pero cada vez entendemos menos.

Si desean un índice, lo tendrán en la cantidad de remakes que pueblan las multi-salas, atiborradas de espectadores deleitándose con Star Wars Episodio VII, Star Trek :Beyond , Rocky( Creed ), The Magnificent Seven, Independence Day (Contraataque ), The Briget Jones Diaries, Los Caza Fantasmas y muchos más, hasta citar nombres infinitamente. Y No, no es que hemos vuelto atrás en el tiempo con la ayuda de Marty Mcfly.

El público dominicano tiene la suerte de que las sagas no sean tantas, pues solo van por la segunda Tubérculo Gourmet, el Poder del Jefe 3, Sanky Panky 2, Nueva Yol 3, Lotoman 3. Por lo que aún no se saturan con estas películas que siguen la tradición de los seriales norteamericanos.

Si Francis Fukuyama predecía el fin de la historia, nosotros podríamos proponer el inicio del tedio o el aburrimiento que nos causa tanto desperdicio de tiempo y de energía para producir estas joyas fílmicas del bostezo, a menos que esa sea la intención expresa, que de ser así, me quito el sombrero ante su eficacia. Han logrado aburrir al público con éxito.

Lo que aburre es la repetición de los mismos argumentos una y otra vez, la falta de atmósfera, actuaciones sosas, guiones endebles con ausencia de conflictos, y un ligero sentimiento de déjà vu. ¿Cómo es posible que salgan tantas películas y que a la vez se parezcan tanto? O es una coincidencia ausente de malicia, o nos quieren hacer pasar por tontos.

MILENNIALS, HIPSTERS Y CHOPOS

Ya “la era no está pariendo un corazón”, como cantaba Silvio Rodríguez. Más bien, alumbra guerras, individualismos y una carencia de imaginación en sus productos cinematográficos que mete miedo. Por cada buena película, se exhiben 20 que no cumplen los estándares mínimos como para llamarlas cine.

Mucha culpa la tienen películas hechas con el único propósito de acceder a los premios que otorga la industria, aumentar el capital de las empresas y satisfacer los gustos bipolares de los llamados “milennials”, cuya voracidad por lo diferente es lo más cercano a la adicción a las drogas duras.

Esa necesidad de contar con filmes frescos a una velocidad cada vez mayor, incide en el tiempo de preparación que se reduce, lo cual impide la valoración serena de todos los elementos y convierten a la fábrica de sueños y fantasías en algo muy cercano al mito de Saturno devorando a sus hijos.

Luis Buñuel planteaba que uno de los pecados capitales en el cine era aburrir. Este es cometido en la actualidad con una frecuencia excesiva. Hoy día es posible echarse una siesta entre escena y escena por la falta de ritmo que impera en ellas.

¿Se nos han acabado las ideas, ha muerto el arte verdadero? Nada de eso. El arte y las ideas originales andan correteando por los espíritus y las cabezas de los realizadores más arriesgados e independientes, de aquellos que no tienen miedo a experimentar y a equivocarse.

Si nos quedamos atrapados en la dinámica de ese cine comercial y faciloide, estaremos perdidos en la jungla de las imágenes empobrecedoras del gusto, muy alejadas de un cine divertido, profundo y bien hecho, sea comercial o no. Pero tampoco debemos hacerle caso al hípster miope y elitista, amante de esas tramas sobrevaloradas y vacías.

Se nota a leguas que muchos directores no están haciendo su tarea, es decir, redondeando un buen guión, ensayando y discutiendo los personajes con sus actores, pensando las imágenes o imaginando la atmósfera de la escena. Lo que vemos en nuestras pantallas es la negación de lo que el cine debe de ser. Eso que vemos, ni es divertido, ni dice nada, y además, está malamente realizado.

ENCUADRANDO EL TEDIO

No es posible obtener resultados satisfactorios con historias que cojean o no le interesan al espectador debido a la forma en que se les presentan. Ningún tema carece de atractivo, si está bien elaborado o presentado con el rigor debido, cosa muy sabida por cualquier cineasta por menos ilustrado que sea.

Si usted, como realizador, decide subirse a la ola de lo que está a la moda, por lo menos tómese la molestia de agregar unas cuantas gotas de originalidad, aunque la tentación de hacer un “copiar y pegar” de colorido tropical, sea demasiado grande. La prueba es, por lo que estamos viendo, que algunos no se resisten a hacer ese “copy-paste”.

El problema se ha vuelto como la paradoja de la serpiente que se muerde la cola, debido a que la industria necesita películas atractivas que produzcan grandes dividendos para seguir el ritmo de entregar con cierta regularidad a las salas, y para esto, se utilizan los temas reconocibles que aseguren el retorno de lo invertido.

Se acude a lo usual o tópico para la construcción de guiones, que por predecibles estimulan el aburrimiento. En nuestro cine, casi todos los malos son narcos, tanto en el drama como en la comedia, y son muy pocos los que no se inscriben en esa dinámica.

Esas y no otras, son las causas de que las tramas resulten soporíferas, insustanciales o carentes de interés, y no las razones que algunos realizadores o actores argumentan para justificar el fracaso de sus películas o como reacción a un señalamiento sobre ellas. Se ensañan contra el colectivo de los analistas, convirtiendo la discusión en un asunto personal.

Hay que hacer caso a las certeras palabras del actor Harvey Keitel en una conferencia de prensa: “Olvídense de Hollywood, las calles y ciudades de este país están llenas de historias interesantes y reales, vayan tras ellas”.

Y seguro que estos relatos harán nuestros filmes menos aburridos, si los realizadores hacen su tarea, claro está.

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