En la actualidad estamos asistiendo a una economia mundial caracterizada por una incertidumbre y altos niveles de riesgos, situación que cada vez nuestra el nivel de vulnerabilidad en que el entorno económico, social y político define la dinámica geopolítica y geoeconómica mundial, lo que da la sensación de que la nave económica no tiene un rumbo claro de hacia dónde se dirige. Situación esta que se pone en evidencias cuando se observa una inestabilidad permanente en los precios del petróleo, un crecimiento moderado y confuso en las principales economías del mundo, que una desaceleración de la economia de China estremece a las economías vinculantes y que el fenómeno climático no encuentra ninguna solución, así como la incertidumbre deriva del Brexit, lo que define a la economia mundial como de alto riesgos.
Ya han transcurrido más de ocho años de la última crisis económica mundial y el mundo sigue con trastornos en su crecimiento económico, los riesgos a los que se enfrenta la economía global en lo adelante implican un condicionante multifactorial complejo. En adición, la desigualdad extrema en el mundo está alcanzando niveles insoportables tal como es el hecho de que el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta, pero a su vez, está la vergonzosa situación de que el poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y con ello ampliar la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas pobres.
Fruto de tal situación en el tablero económico mundial, aparecen los denominados paraísos fiscales que les permite que una minoría privilegiada oculte en ellos más de 9,6 billones de dólares. Son situaciones como estas que impiden combatir con éxito la pobreza, lo cual obligan a que sea impostergable hacer frente a la crisis de desigualdad, pues esta es la realidad en que se encuentran las personas con acceso desigual a los recursos, servicios y posiciones que la sociedad valora.
Ya se sabe que las causas de la desigualdad social son principalmente económicas, culturales y sociales, pero en algunas sociedades el desempleo y los bajos salarios son la principal causa de desigualdad, dando lugar a grupos sociales pobres y ricos. También se entiende que una reducción de la pobreza ayuda al crecimiento económico de un país, en tanto, que el desarrollo beneficiaría y aumentaría la recaudación de impuestos, con los que los gobiernos podrían financiar más programas sociales.
La preocupación por reducir las brechas socioeconómicas, encuentran su mayor impulso en la década de 1950 cuando se utilizó por primera vez los términos Subdesarrollo y Tercer Mundo para señalar a los países que sufren carencias alimentarias, la esperanza de vida era más corta, el nivel de escolarización era muy baja y la existencia de problemas de salud muy graves. Identificadas esas características socioeconómicas, también salieron a relucir que los países subdesarrollados, hoy denominados de economia emergentes, poseen y tienen gobiernos inestables y en ellas la desigualdad social es enorme, donde una minoría de la población es rica y una mayoría vive en condiciones de pobreza extrema.
Hay que destacar que los líderes mundiales, entre ellos, hablan cada vez más de la necesidad de abordar la desigualdad y hayan fijado un objetivo mundial para reducir la desigualdad, pero la cruel realidad es que la brecha entre los más ricos y el resto de la población se ha incrementado de manera contundente a lo largo de los últimos años. Se estima que en un tiempo relativamente corto el 1% poseería más riqueza que el resto de la población mundial, sin lugar a dudas, esto pone en riesgo todo el progreso realizado a lo largo de los últimos 25 años en la lucha contra la pobreza.
Las evidencias empíricas y las investigaciones acerca de esta situación ponen en evidencias que la riqueza de la mitad más pobre de la población se ha reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 38%, lo que ha expandido la pobreza extrema a 1,200 millones de personas. Mientras, por otro lado, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares, hasta alcanzar la cifra de 1,76 billones de dólares, lo que muestra cómo la desigualdad afecta de manera desproporcionada a las mujeres, ya que de las 62 personas más ricas del mundo, 53 son hombres y tan solo 9 son mujeres.
Estas cifras es un reconocimiento de que el mundo es mucho más desigual, y la tendencia ascendente de la desigualdad se está acelerando, lo que conlleva seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre mientras que las élites económicas absorben los recursos que podrían ayudar a estas personas a salir de esa tragedia. Tal preocupación es más perturbadora ya que se estima que, en todo el mundo, hay un total de 7,6 billones de dólares de patrimonio financiero individual ocultos en paraísos fiscales, que si se tributaran los beneficios que esta riqueza genera, los Gobiernos recaudarían 190.000 millones de dólares más al año, pero muchos organismos y entidades que preparan los informes del índice de desarrollo humano, la corrupción y la competitividad se ponen una venda antes tal realidad, como es el caso del Foro Económico Mundial, lo cual se debe de que nueve de cada diez de sus socios estratégicos están presentes en al menos un paraíso fiscal, y se estima que los países en desarrollo pierden cada año al menos 100.000 millones de dólares como consecuencia de la evasión fiscal.