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Adiós a Bhumibol: el fin de una época para Tailandia

Tailandia despidió esta semana al soberano más longevo del mundo, Bhumibol Adulyadej, aunque según analistas sería reductivo describir así a un monarca visto como el más grande de los reyes, que alcanzó los 88 años y dedicó su vida al desarrollo del país.

Las banderas ondearán a media asta durante un mes en todos los edificios oficiales y las escuelas en señal de duelo por el soberano fallecido el 13 de octubre, considerado una figura unificadora y símbolo de la independencia nacional.

Esto en un país que en ocho décadas ha visto sucederse 19 Constituciones, 19 golpes de Estado y una miríada de primeros ministros civiles y militares.

Para los especialistas, las descripciones exaltadas que emplean los tailandeses en relación con su soberano, son comprensibles.

Tailandia tiene una historia más bien exitosa en un sudeste asiático destrozado por guerras durante años, que el ex Siam en cambio pudo evitar.
Bhumibol, nacido en Estados Unidos en 1928, heredó un país pobre y agrícola.

Cuando en 1946 el joven Bhumibol, de 18 años, se convirtió en el rey Rama IX, la monarquía tailandesa venía de dos décadas de crisis, y con los años adquirió un papel cada vez más de primer plano.

Mientras el país alternaba golpes de Estado y gobernantes de mano dura, Bhumibol -junto con la fascinante reina Sirikit- se convirtió en el fotogénico rostro de Tailandia para un Occidente que comenzaba a conocerla, y en su patria mostró una dedicación particular al desarrollo de las áreas rurales.

Ahora, con su desaparición, y cuyos funerales de Estado aún tardarán meses en celebrarse, puede abrir una etapa de incertidumbre política en un país profundamente dividido entre esas áreas y las urbanas.

Una nación con una pujante clase media y convertida en la segunda economía del sureste asiático, pero también de crecimiento estancado y donde el sector más tradicionalista parece poco dispuesto a renunciar a sus privilegios, en opinión de analistas internacionales.

En un país devotamente budista, sus aportes le hicieron ganar a Bhumibol cierto aura de santidad. Y en momentos de crisis, con el país desgarrado por manifestaciones de protesta, con sus llamados al orden se ganó también un papel de pacificador.

La cuestión sucesoria

A los pocos minutos de la muerte del rey, el general Prayuth Chan Ocha explicó que el sucesor del soberano «ya ha sido designado», en referencia al príncipe Vajiralongkorn, de 64 años de edad, que ostenta el título de heredero desde 1972.

Sin embargo, horas más tarde matizó esa declaración y dijo que no sería proclamado rey de momento, lo que deja a la nación «huérfana».

Aunque la asamblea nacional, el Legislativo tailandés, celebró una sesión extraordinaria, al contrario de lo que se esperaba los parlamentarios no proclamaron rey a Vajiralongkorn.

Según explicó Prayut Chan-ocha, el príncipe no se siente aún preparado para asumir el cargo y quiere dejar un plazo antes de asumir el trono para poder llorar a su padre.

En teoría, el soberano tailandés carece de funciones políticas, pero cómo vaya a reinar el que será Rama X es aún un enigma.

El angustioso fin de una era

El surgimiento en la escena política de Thaksin Shinawatra, que hizo brecha en el electorado rural dando la impresión de querer oscurecer respetuosamente a Bhumibol, rompió el tradicional predominio sobre la narrativa real de parte del establishment de Bangkok.

Los partidarios de Thaksin empezaron a pensar que los dos golpes contra el clan Shinawatra, en 2006 y en 2014, fueron avalados desde arriba.
Según varios comentaristas, el magnate de las telecomunicaciones, popular entre la clase trabajadora, detestado por las elites conservadoras y exiliado del país para evitar cargos de corrupción, no ha renunciado a tratar de ejercer su influencia.

Pero el Gobierno de Prayut, que se hizo con el poder tras un golpe de Estado hace dos años, parece dispuesto a mantener el control del país del que ha hecho gala desde 2014.

Al dirigirse al país, Prayut insistió en que la seguridad nacional «es lo más importante». También anunció el despliegue de soldados en diversas zonas del país para garantizar esa seguridad.

En ese contexto, la familia real fue arrastrada a la arena política en un país cada vez más dividido, y con la incógnita de la sucesión de Rama IX vivida como el angustioso fin de una época.

También porque una antigua profecía, que todos los tailandeses conocen, preveía que la dinastía actual duraría solamente nueve soberanos.

De ahí el uso intensivo de la ley de lesa majestad más severa del mundo, sobre todo hoy que el país es de hecho un gobierno militar.

No obstante, para millones de sus súbditos -o hijos- que ahora lo lloran, no hay dudas: Bhumibol será siempre el rey de reyes.

Por ello, las autoridades ordenaron que el país observe un duelo de un año, el requerimiento de que todos los funcionarios vistan de negro durante ese periodo o restricciones como la emisión de programas de entretenimiento en la radio o televisión local durante el próximo mes.

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