En la actualidad, la economia mundial sufre una significativa transformación impulsada por los grandes montos de acumulación de capitales, fruto de la globalización financiera que ha impulsado la liberalización de altas sumas que se desplazan sin obstáculo por los diferentes mercados financieros. Si por el flujo de capitales que se mueven en el mundo se valorara el bienestar de las gentes, entonces, estaríamos asistiendo a un paraíso del progreso sin preocupaciones ni dificultades, como si todo fuera una especie de la felicidad prometida.
Tan solo con observar que esos capitales suelen estar orientados hacia los portafolios de mercados emergentes, ascendentes a US$35,000 millones, así como los flujos a los mercados de deuda por el orden de los US$10,200 millones, sumas estas que cubren los alimentos requeridos en los países de economia en vía de desarrollo, también financiarían por los próximos 40 años la educación de los habitantes de esas naciones, al igual que cubriría el total de alimentos requeridos. En adición, se sabe que existen un monto impresionantes de recursos provenientes del blanqueo internacional de capitales ascendente a más de US$38,000 millones anual, cuya repartición regional comprende una mayor captación de esos flujos de capitales correspondieron a los mercados asiáticos con US$19,100 millones y América latina con 8,700 millones.
Esas temibles cifras plantean un escenario asimétrico si se toma en consideración los datos de la FAO que estima que en la actualidad existen 840 millones de personas que en el mundo pasan hambre y que alrededor de 200 millones de niños están sufriendo de malnutrición. Peor aún es aceptar que más de 11 millones con edad inferior a los 5 años están muriendo en el mundo cada año, pero resulta inaceptable que estas cifras ponen en evidencia que estamos ante la presencia de lo que se puede calificar como la mundialización del hambre, vinculada de manera inherente al fenómeno de la pobreza.
Los estudios realizados por el banco mundial y la FAO han logrado identificar la zonificación del hambre y en el cual se tiene que la gran mayoría de las personas que pasan por esta tragedia en el mundo se ubican en los países en vía de desarrollo. Las evidencias empíricas muestran que para el año 2015, el 98% de las personas que padecen de hambre están en estos países, de los cuales el 75% corresponden a la zona rural, situación que empuja a estas personas a migrar hacia los centros urbanos, o en sus defectos, a la migración internacional.
Otro dato a destacar es que la cantidad de personas que sufren hambre y carecen de recursos están en un proceso de ascenso como resultado de que la economia mundial está con un PIB creciendo a un ritmo muy lento. Por igual, se estima que alrededor de 146 millones de Niños en los países de economia emergentes sufren de bajo peso en relación a su tamaño, al tiempo que más de 17 millones de niños en el mundo nacen con bajo peso fruto de que durante el embarazo las madres reciben una nutrición inadecuada durante su proceso de gestación.
En correspondencia con tal situación, alrededor del 50% de las mujeres embarazadas en los países de economia emergentes sufren de anemia crónica, lo que equivale a decir que mas de 315 mil mujeres tienden a morir cada año al momento de dar a luz debido, en parte, a hemorragias sistematica. Como resultado, las mujeres embarazadas, generalmente requieren tratamientos especiales de alimentación, pero la carencias de los mismos desata situaciones desagradables que deterioran los signos de vitalidad y, en consecuencia, despiertan enfermedades que complican su cuadro de salud, pues como se sabe, las personas que viven en situación de pobreza no pueden costearse comida nutritiva para ellos y su familia.
El aumento del hambre en el mundo guarda una estrecha relación con el incremento de la deuda externa de los países , la expansión de la pobreza y la desigualdad en cada uno de ellos, así podemos observar que en los países que tienen mayor deuda mucho mayor es la pobreza y donde más hambre pasan las personas fruto de la inseguridad alimentaria, lo que se explica porque los gobiernos se manejan con la precariedad presupuestaria donde destinan grandes sumas financieras para honrar los compromisos de su pasivos con sus acreedores, por tanto, descuidan la protección a la ciudadanía aplicando políticas sociales pocos efectivas.
Desde que el hambre se convirtió en un fenómeno de preocupación mundial, múltiples entidades y gobiernos han impulsado políticas orientadas a dinamizar la producción de alimentos para enfrentar este malestar, sin embargo, aun así la hambruna mundial es una carga pesada y vergonzosa en este siglo XXI. Las evidencias empíricas muestran que en el mundo se producen alimentos para satisfacer a más de 7 mil millones de personas, sin embargo se tienen pruebas irrefutables que demuestran que en el mundo uno de cada ocho personas no logra alimentarse a diario, situación que tiene explicaciones multifactoriales que crean las condiciones para que tal desigualdad prevalezca, entre la que más se destacan están el costo de los alimentos, la falta de empleo, la inefectividad de la política social de los gobiernos, los desperdicios de grandes toneladas de alimentos, es este fenómeno silencioso que la humanidad está sufriendo como la peor epidemia mundial.