Opinión

A tres lustros de distancia

Hablando en el lenguaje histórico, puedo decirte maestro, que hace apenas 15 años que nos dejaste en el aspecto físico, para llegar en la grandeza de tus recuerdos. Esos recuerdos, almacenado en nuestra memoria como legado, debieron ser paradigmas de nuestro accionar, como alumnos privilegiados de tantos años de enseñanzas sembradas a través de una didáctica de excelencia.

Nos hace falta tu pragmatismo y tu visión de futuro, misionada con la paciencia de los sabios. Hoy andamos en diferentes proyectos y a veces nos da la sensación de que el Partido no existe sino en los intereses individuales.
Creo que nos hace falta tu brújula de orientación.

Damos fe de nuestro profundo agradecimiento, brotado desde las fuentes del amor que aprendimos a tenerte y del respeto que germinó, creció y se acrecienta al pasar de los años de tu ausencia. Todos esos aprendizajes no deben quedarse en el disfrute de gobiernos y puestos de status administrativo o político. Tú como líder histórico y como prócer de nuestra nación, mereces ser reconocido por tus discípulos desde la modelación de tu ejemplo de servicio y entrega. Solo así estarías tranquilo en el estandarte de la inmortalidad, el Juan Bosch que conocí.

Eres aquel paladín de la democracia, que se arriesgó a orientar la Constitución de 1963; Carta Magna de gran contenido social, cimentada sobre tus ideas liberales y progresistas. Aquella Ley de leyes garantizaba libertad e igualdad, como garantía del crecimiento de la doctrina democrática, fue desconocida lastimosamente el 25 de septiembre de ese mismo año, por las fuerzas retrogradas que anidaban en la oscuridad de la traición al pueblo dominicano.

Eres de la investidura de Juan Pablo Duarte, de Simón Bolívar y de José Martí. Es por eso que volviste al exilio con tu moral inmaculada, alejada del dolo y de ambición de poder, convirtiéndote en un espécimen de rara existencia en el mundo político latinoamericano.

Como intelectual tienes tu sitio en el parnaso de las elites literías; como estratega político, posees las credenciales de mayor éxito en la tierra donde naciste y allende los mares de tu América; como constructor de estructuras políticas, te llevas el galardón de haber fundado dos de las fuerzas partidarias más formidables de la historia contemporánea de nuestra nación.

Gracias por tus servicios a la patria, por hacer camino y enseñarnos a construir senderos de progreso. Gracias prohombre universal, por diseñar al PLD y construirlo acompañándonos con tu rigor de trabajo y de mística ejemplar.

Pero al reflexionar el presente, compañero presidente histórico, me apena tener que decirte que extraño la teoría bochista que nació en el congreso del año 1988, la que nos colocó en los senderos del poder político. Esa estrategia que nació desde el origen de tu minucioso pensamiento, debe regresar para que nos alimente y nos aleje de prácticas nocivas que amenazan con hacernos sucumbir.

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