Opinión

Para la prevención y mitigación de los desastres es fundamental el Ordenamiento Territorial

República Dominicana está ubicada por estudios de organismos internacionales entre los  países más vulnerables a los desastres naturales ya que estamos expuestos  a los huracanes  y nos encontramos en una zona de alta actividad  sísmica.

Con frecuencia sufrimos las consecuencias derivadas de la ausencia de un ordenamiento del territorio: inundaciones, pérdidas de vidas y bienes materiales así como la degradación del suelo, desforestación, construcciones en lugares vulnerables, entre otros males.

En nuestra geografía proliferan asentamientos humanos de alta vulnerabilidad, fruto de violaciones a las leyes y a la relegación histórica de respuestas estructurales efectivas a los problemas de la  pobreza y la exclusión social. ¿Hasta cuándo vamos a postergar dar cumplimiento a la Ley 64-00 Capítulo II, Art 15, párrafo 3?

Años tras años los fenómenos atmosféricos nos señalan vulnerabilidades, que es preciso ir reduciendo. Las lluvias torrenciales  sobre el territorio nacional traen serias consecuencias: cuantiosos daños materiales, pérdida de vidas y  desplazamiento de miles de personas entre otros.Por la  mala ubicación de los asentamientos humanos y las infraestructuras.

Asombra la incapacidad de reflexión de nuestra sociedad, muy pocos se refieren a las causas de los desastres y no toman  medidas para evitar que se repitan  estos lamentables acontecimientos.

Los Actuales usos del suelo no se corresponden con un proceso de ordenamiento territorial ni con otro tipo de planificación.

Nuestro territorio se degrada aceleradamente, se construye y se usa el suelo de manera caótica y desordenada. En las tierras fértiles pasta el ganado y se construyen residenciales; se permite el cultivo en altas pendientes, los ríos se mueren, las presas se llenan de tierra.

Se hace urgente trabajar a fondo para reducir las vulnerabilidades que persisten en nuestro país. No podemos seguir postergando la ejecución de las acciones pertinentes, a fin de que cada temporada de lluvias, no impacte negativamente en nuestras gentes.

Empecemos por la aprobación de la  Ley de Ordenamiento Territorial y el cumplimiento de la Ley 64-00, sobre Medio Ambiente y recursos naturales.

Ordenar nuestro territorio, aplicar y desarrollar a cabalidad la Ley 64-00, nos  ayudará a reducir la vulnerabilidad y mitigar los desastres. Tenemos las herramientas y el conocimiento suficiente, solo hace falta que nos enfoquemos para lleva a cabo esta misión.

Una Ley de Ordenamiento Territorial  ha de ser el soporte de las leyes relacionadas con el Medio Ambiente, la planificación e inversión pública y otras  relacionadas con el desarrollo del país y un instrumento eficaz que ayude al logro del objetivo del desarrollo con equidad que procura la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo.

No se explica que el Senado de la República, en contradicción con el mandato y la obligación de servir al interés general de la nación, tenga engavetada la Ley de Ordenamiento Territorial de que la Constitución en su  Artículo 194, ordena: “Es prioridad del Estado la formulación y ejecución, mediante ley, de un Plan de Ordenamiento Territorial que asegure el uso eficiente y sostenible de los recursos naturales de la Nación, acorde con la necesidad de adaptación al cambio climático”.

Sin la organización y ordenamiento del territorio en República Dominicana no es posible revertir las condiciones que nos señalan entre los países con más riesgos para su población en caso de desastres naturales.

“La ausencia del Ordenamiento del Territorio actúa como retranca para la acción efectiva del Estado sobre las personas y el territorio”.

Si actuamos con celeridad en el Plan de Ordenamiento Territorial, las próximas temporadas ciclónicas encontrarán al país inmerso en la gestión y organización de su territorio para el bien de todos los dominicanos.

 

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