Opinión

El amor al trabajo como primicia

Si buscamos progreso, debemos empezar por amar lo que hacemos. El amor al trabajo, marca la diferencia entre lo que hacemos en forma excelente y lo que hacemos porque nos pagan para ello. En ese mismo orden, si queremos sosiego en nuestros procesos de vida, debemos esforzarnos en gastar lo necesario, vivir el gasto que podamos solventar, prescindiendo de excesos y gastando solo lo necesario, para no intoxicar nuestros existir con angustias evitables en el marco lógico de nuestras finanzas. Como mi oficio es docente, tengo que enfatizar, que el maestro debe enamorarse de su “trabajo” y disciplinar su gasto, para poder ejercer su profesión a cabalidad.

Esa sería una forma eficaz de lograr la necesaria creación de necesidad de aprender en el estudiantado que se encuentra, bajo su responsabilidad cognitiva.

Como actitud de amor y disciplina, esto que decimos, podría ser clave para desarrollar la economía particular y general que nos acarrearía -si lo hacemos- tranquilidad de espíritu, en una práctica disciplinada del consumo.

Solo así podríamos ganarle la batalla al mercado. Pero sin esta disciplina, difícilmente podríamos amar gran parte del contexto donde vivimos y nos desarrollamos, porque bajo las angustias nacidas de la impotencia del pago y del consumo deseado, nos convertimos sin darnos cuenta, en personas infelices e incapaces de amar en los niveles que necesitamos amar lo que hacemos.

Vuelvo sobre la docencia, pero cabe para todo quehacer humano: para poder dedicarse al trabajo de excelencia, también se necesita de acometimiento, concepto que tiene que ver con el cómo logramos propiciar los debidos accesos al logro que buscamos. Acometer un proceso auto cualitativo, tiene que ver con el cómo logramos diseñar los “ataques” necesarios frente a los retos que nos proponemos superar para lograr los éxitos que anhelamos.

De igual forma, acometimiento significa indagar en lo profundo de la conducta humana, es decir, de las personas con las que nos relacionamos y debemos hacerlo, con la finalidad de encontrar formas para dirigir con acierto, las “embestidas” hacia las metas que debemos alcanzar. Todo esto tiene que ver -con la misma intensidad- con el cómo dirigimos nuestras emociones, frente a situaciones difíciles en nuestra toma de decisiones y en la forma que diseñamos la arrancada hacia la visión que estamos buscando a través de los días.

Es ahí donde se define nuestra ética, en los cómo hacemos lo que ha de hacerse, en el tiempo preciso y al menor costo físico, emocional y económico. Pero, no solo en el sentido singular del “yo” sino también del plural “nosotros”.

Seguir estas reglas, es primordial para combatir la pobreza individual de las personas, es ahí donde creemos que inicia el cambio global, en el yo individual, que tiene en cuenta a los tus que rodean su contexto en sentido general.

Los dominicanos y dominicanas no somos pobres porque a nuestro país le falte riquezas naturales o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros, es porque nuestras actitudes no nos dejan crecer en lo humano, y sucede que este crecimiento, es la base de los demás crecimientos que se pueden conseguir en la sociedad humana.
¿Puede la universidad ayudar al respecto?

Para crecer en lo humano, como cimiente de todos los demás crecimientos del hombre, hay establecer políticas públicas, que hagan participe a toda la sociedad económica, social, cultural y políticamente activa. Para que puedan aparecer actores que se dediquen a lograrlo a corto, mediano y largo plazo a la siembra de ese ideal.

Para poder amar lo que hacemos y convertir en primicia, debemos trabajar con dedicación y en ese orden, la dedicación necesita de dos pies de amigo, estos son, la consagración y laboriosidad.

La dedicación de un directivo también necesita de un equipo, y éste debe trabajar en forma intrínseca, lo que se conoce como esfuerzo. El esfuerzo conlleva un programa sustentado en motivaciones puntuales –tanto higiénicas como motivacionales- en la búsqueda de lograr el cúmulo de energías necesarias, para vencer resistencias. Las resistencias se vencen primero en el ámbito interno y luego en el ámbito externo, para de esta forma lograr conseguir cosas que necesita el equipo, venciendo las dificultades que se vayan presentando.

La programación de costo para conseguir los fines propuestos, es asunto esencial en el camino del éxito de cualquier persona u organización y sobre los recursos, se monta la necesidad de ánimo, de vigor y de valentía para superar los retos de cada proceso. Todo este proceso debe ejecutarse, bajo una planeación que valore los riesgos, tomando el menor riesgo posible, porque se ha previsto, a través de una entrega al trabajo, que solo se logra con dedicación en todo su contexto lingüístico.

Todo este proceso necesita el tipo de dedicación que estamos recomendando.

La entrega es el segundo factor de valía en la dedicación, porque hay que poner manos en la obra que vamos a forjar, a través de encargarnos de que se hagan las tareas y las actividades como si el propio Dios la fuera a verla.

Para trabajar bien hay que introducirse en lo que hay que hacer, con el objeto de que todos puedan centrarse en lograr las metas previstas.

El tercer factor se encuentra en el entusiasmo. Estar entusiasmado tiene la equivalencia de vivir lo que hacemos, porque estamos “divinamente inspirados.” Es como un arrobamiento de una Sibila al dar a conocer su Oráculo.

También equivale a la fogosidad de un orador en un discurso encendido y elocuente. El entusiasmo está integrado de cuestiones que cautivan a los que te escuchan, observan o se relacionan contigo por lo que haces; porque es el empeño por lograr lo propuesto en una jornada de trabajo en un plan a largo plazo. El entusiasmo también cuenta con la clave del fervor por lograr las metas con esmero, sumo cuidado y atención diligente en hacer las cosas con perfección, sin olvidar, que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas