Economía

Banco Central de EE UU sube tipos interés

La Reserva Federal, banco central, ha decidido subir un cuarto de punto los tipos de interés en Estados Unidos, que se colocan así en una banda entre 0,50% y el 0,75%. La decisión se ha tomado por unanimidad. El nuevo incremento llega justo un año después de que se iniciara el proceso de normalización de la política monetaria, con una subida de un cuarto de punto. El avance del precio del dinero será, en cualquier caso, gradual. La mayoría de los miembros ve posible al menos tres subidas en 2017. Pero dependerá del impacto de las políticas de Donald Trump en el crecimiento del PIB y la inflación.

Se trata de la segunda subida en una década y abre un poco más la brecha con la zona euro, que sigue el camino inverso al extender los estímulos.

Se trata de la segunda subida en una década y abre un poco más la brecha con la zona euro, que sigue el camino inverso al extender los estímulos. El nuevo paso, que se interpreta como un signo de que la economía mejora, no va a cambiar mucho las cosas en la práctica, porque el movimiento se daba por descontado. Es más, el plan inicial era haber dado este año cuatro apretones a la tuerca de los estímulos monetarios para salir de la zona cero.

Pese a estas dos subidas, los tipos en EE UU siguen a un nivel históricamente bajo y la Fed cree necesario seguir dando este sustento a la economía dejando los tipos por debajo del 1% hasta por lo menos la próxima primavera. La proyección es de un crecimiento medio del 2% los próximos dos años, un punto por debajo del potencial. La atención de los inversores y otros actores del mercado está más bien en cómo la elección de Trump puede trastocar las proyecciones.

Una encuesta interna revela que el banco central será, de hecho, más agresivo el año próximo en el ritmo de incremento de tipos. Ahora la media ve posibles al menos tres incrementos, uno más de lo que indicó en la reunión de septiembre. Eso implica que los tipos se acercarán al 1,5% a final de 2017. A ese nivel lo ve la amplia mayoría de integrantes. Eso implicaría que la siguiente subida llegaría en la primavera. Mirando más a largo plazo, el consenso interno ve los tipos en el 3%, por lo que significa que el ritmo se mantiene tras el tirón el año próximo.

Los mercados suelen temblar con el alza de tipos, porque eleva el coste de los préstamos para el consumidor y las empresas.

Los analistas coinciden en que todo dependerá de cómo rinda la economía y, en concreto, la inflación. Si el alza de precios se desboca, obligará a la Fed a acelerar el proceso. La inflación, de acuerdo con el comunicado final de la reunión, sigue por debajo del objetivo del 2%. La perspectiva es que se acelere en una economía próxima al pleno empleo, aunque sin amenazar la estabilidad de precios. Janet Yellen, presidenta del banco central, también advirtió públicamente en el pasado que retrasar demasiado el alza de tipo tiene el riesgo de que el incremento después pueda ser más abrupto.

Independencia del banco central a prueba en usa

El baile es complicado. Yellen se mostró muy cauta, al decir que quiere «evitar dar consejos» a la nueva administración sobre las políticas que debe adoptar. Es su manera de proteger la independencia de la Fed, que se vio atacada por el propio Trump. También dijo que su equipo está trabajando con el del presidente electo para que la transición se haga sin sobresaltos.

Los mercados suelen temblar con el alza de tipos, porque eleva el coste de los préstamos para el consumidor y las empresas. La promesa del incremento del gasto de Trump y la rebaja de impuestos contribuiría, sin embargo, a compensar. Por eso los más optimistas creen que este segundo paso no debería acabar con la remontada que llevó al Dow Jones a rozar los 20.000 puntos.

Hace solo una semana, el euro se cambiaba cerca de los 1,08 dólares. En los últimos días antes de la decisión de tipos de interés le costó aguantar el nivel de los 1,065 dólares.

La estrategia monetaria en EE UU estará, de hecho, condicionada en el medio y largo plazo por el plan económico que aplique la futura administración Trump. Yellen dice de momento que los datos son consistentes con sus proyecciones y justifica un incremento gradual de los tipos de interés. También apoya que se adopten estímulos fiscales para sostener el crecimiento y la productividad.

Trump promete llevar el crecimiento hasta el 4%. Es un objetivo muy optimista. La Fed anticipa un crecimiento del 1,9% este año, que llegará al 2,1% en 2017. El efecto de los estímulos fiscales y del gasto en infraestructuras no se notará como pronto hasta 2018 y dependerá, en todo caso, de las medidas que vaya adoptando el Congreso. Es imposible, por tanto, predecir su influencia en la economía.

Hay, de hecho, un gran debate sobre cómo van a concretarse los planes de Trump y su efecto en los objetivos de la Fed. Aunque los inversores reaccionaron con entusiasmo a la reforma fiscal y la desregulación que promete el presidente electo, se basa todo en el optimismo. Y todos los beneficios que puedan derivarse para las empresas se los puede comer el proteccionismo comercial.

La Fed podría verse obligada a tener que enfriar el entusiasmo, por los riesgos que puede tener en la estabilidad financiera. La remontada también puede verse frustrada si el dólar se aprecia al ritmo que de los últimos meses, sobre todo si toma cuerpo la inflación y eso obliga a subir tipos más rápido. La evolución del petróleo y la reacción de los emergentes también entran en juego.

Aunque el alza de tipos, como concluyó Yellen, es la forma de recocer que el progreso que hizo EE UU hacia los objetivos de estabilidad de precios y de pleno empleo, también advirtió que hay muchos factores que pueden influir en el proceso de normalización de la política monetaria y que, por tanto, será reactiva. «Hay un nivel considerable de incertidumbre», admitió.

Medida impulsa al dólar hacia la paridad con el euro

El alza de tipos y el incremento de estímulos fiscales es el camino opuesto al que se está siguiendo Europa, que acaba de extender la compra de bonos para sostener el crecimiento y la inflación. Esta divergencia no hace más que dar más aire caliente al dólar y complica la apuesta por una recuperación del euro a corto plazo. A esto se le suma la incertidumbre de un calendario político complejo en Europa.

Hace solo una semana, el euro se cambiaba cerca de los 1,08 dólares. En los últimos días antes de la decisión de tipos de interés le costó aguantar el nivel de los 1,065 dólares. El cambio a 1,04 dólares se ve como una marca de sustento, aunque no se descarta que pueda caer a los 1,03 dólares en los próximos días si los datos económicos apuntalan la perspectiva de que el crecimiento y el empleo.

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