Félix Bautista
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En el mes de marzo de 2012, la casa editora Taurus publicó un libro titulado “El siglo que despierta”. Es una obra excepcional, que recoge a través de conversaciones la experiencia y la sabiduría de dos intelectuales latinoamericanos: Carlos Fuentes y Ricardo Lagos. El primero, es un escritor mexicano y gran exponente de la narrativa de su país. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro, lo que le ha hecho merecedor de galardones internacionales, como los Premios Cervantes, Picasso y la Legión de Honor, otorgados por la Universidad de Alcalá de Henares, UNESCO y el gobierno Francés. El segundo, es abogado y economista, fundador del Partido por la Democracia, Ministro de Educación y de Obras Públicas, Presidente del Club de Madrid, Enviado Especial de la ONU para el Cambio Climático y presidente de Chile (2000-2006).
Se encontraron en un hotel de Londres, según cuenta la obra. Y ambos con la visión de un mundo que se debate entre la tecnología, la globalización, el cambio climático y las crisis económicas, señalaron que “los ciudadanos de hoy viven en un universo que… parece un mundo mal hecho”, y coincidieron en iniciar el diálogo exclamando “¡¿En qué mundo vivimos?!”. Colocar signos de interrogación y admiración al mismo tiempo en esta expresión, implica que ambos pensadores en sus reflexiones expresan sus confusiones y dudas respecto a cómo lograr -en el marco de la nueva aldea global- que las naciones sean capaces de establecer gobiernos institucionalmente democráticos, económicamente sustentables y socialmente justos. ¿Cómo lograrlo? Esa es una tarea gigantesca, porque las grandes economías imponen las reglas del mercado. Tanto Lagos como Fuentes, “expresaron su pesar ante un mundo que tiene los espejos empañados y los mapas inencontrables. Mapas para buscar las huellas del desastre, no ya instrumentos para encontrar los tesoros”.
El mapa económico, político, institucional, social, y cultural de la humanidad, es distinto al de hace dos décadas. Hemos visto como se tambaleó un mundo y surgió otro, sin que nuestros instrumentos conceptuales hayan tenido tiempo de calibrar semejante mutación. Sami Naïr, catedrático de ciencias políticas en París y euro diputado por Francia en su obra “El Imperio frente a la diversidad del mundo” y Jeremy Rifkin, autor de “La Era del Acceso”, “El Siglo de la Biotecnología”, “El fin del Trabajo” y “La Economía del Hidrógeno” han planteado en sus obras que la interpretación de la nueva realidad mundial, encuentra obstáculos ante unas formas sociales y sistemas políticos donde se usan términos imprecisos, vagos y opacos. “La humanidad de hoy vive una época de grandes divergencias.
Divergencia entre el mundo y la idea que tenemos de él; entre nuestras raíces y nuestro devenir; entre las técnicas que elaboramos y nuestra incapacidad para controlarlas; entre las riquezas que producimos y la influencia que ejercen sobre nosotros mismos.”
Los dos eruditos (Carlos y Ricardo), a pesar de la larga y trascendente conversación, como plantea el relator del libro Juan Cruz, “… supieron por donde iban, iban con la libertad que otorgan a las personas inteligentes, la duda, la comprensión y las interrogantes.” La más importante de estas interrogantes tiene que ver con la pobreza en que viven millones de habitantes del planeta, a pesar de los grandes avances tecnológicos y los grandes movimientos de capitales.
Si observamos la panorámica de la situación de pobreza a nivel mundial, nos encontramos con una población aproximada de 6,200 millones de habitantes, de los cuales 826 (13%), viven en estado de pobreza crítica, esto es, que los ingresos que reciben no alcanzan para cubrir la canasta familiar.
En el caso de América Latina, el número de pobres se ha duplicado desde la década de los años 60, y cerca de 200 millones de latinoamericanos viven en la extrema pobreza, lo que representa el 45% de su población total.
Estas cifras son un indicador, de lo poco que se ha podido hacer por ejemplo, para combatir la pobreza en África, Afganistán, Bangladesh, Mongolia, Somalia y Haití.
A pesar de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha diseñado programas para combatir la pobreza y las desigualdades sociales, el genocidio silencioso del hambre es un crimen de lesa humanidad en un mundo más rico que nunca. Si fuéramos a hacer un símil entre los países que sustentan la ONU y lo poco que ha podido hacer para combatir la pobreza en el mundo, llegáramos a la conclusión de que la ONU es una especie de mendingo sentado en una mina de oro. “El poder del mundo ha sido incapaz de actuar de veras contra la pobreza. No es la misma de antes, considera Lagos, pero es dura igual. La que sofoca, elimina oportunidades y reitera la desigualdad”.
Durante su conversación los dos escritores expresaron “la obsesión por el momento educativo que vive el mundo y sobre todo porque los dos, tienen la memoria suficiente como para saber que las fallas en la educación son una sombra perversa para el continente del que provienen.”
“A pesar de lo que dicen Lagos y Fuentes, comenta Juan Cruz, el futuro es otra cosa, sobre todo porque no solo nos pisa los talones sino porque en cuanto se vislumbra ya es también pasado. Y ésa es una fuente de incertidumbre o de melancolía, pero sin duda, es también un reto”.
Hablaron en definitiva, de desigualdades sociales, educación, de la importancia de los idiomas en el nuevo orden mundial, de la falta de voluntad política para la integración de las naciones, del estado nación, de las identidades nacionales dentro de la diversidad local, de la globalización sin reglas, de los movimientos de empresas, de los inmigrantes que se desplazan a otras ciudades y continentes buscando mejores oportunidades de trabajo, de la utopía de establecer un sistema de gobernanza mundial, del calentamiento global, de la importancia de consolidar la democracia, de la cultura, de los cambios en las economías por la apertura de China, de la rapidez con que se propagan las informaciones y la nueva forma como los ciudadanos se informan e informan.
Los dialogantes de “El Siglo que Despierta” mantuvieron una conversación fluida, “como un torrente tranquilo, lleno de meandros y también de afluentes. Una conversación – río entre Fuentes y Lagos”.