Opinión

Talentos Ocultos: El Racismo Simpático de Hollywood

Las premiaciones del Oscar en el 2016 estuvieron marcadas por las polémicas desatadas al acusarse a la Academia de excluir a los negros de las nominaciones. La preferencia de una nómina mayoritariamente anglosajona en la composición de los votantes se ve reflejada en las candidaturas, hecho innegable y que está a la vista de todos.

Al margen de las razones antes expuestas y sin dejar de darle la razón a la comunidad negra, el pasado año las candidaturas latinas fueron al menos ocho y en el 2017 solo dos, pero no se levantaron voces ni se difundió campaña alguna en los medios. Si en el 2016 el lema fue “Oscars So White”, en esta edición pudo ser “Oscars So Black”, o quizás “Oscars No Latin”.

El desbalance étnico en estos reconocimientos no puede ser corregido a costa de incluir todo lo que huela a afroamericano sin importar su nivel de calidad. Si la competencia es justa, ganarían los mejores, pero lo que se ha hecho es reaccionar a la presión incluyendo films en desmedro de otros de mayor calidad, discriminando lo artístico para caer en la demagogia política de lo igualitario.

¿Es el balance de calidad de este año superior al del 2016? Al parecer no, si observamos cuales filmes competían en el anterior premio como Mejor Película y comparamos con las que vimos ahora. Aparentemente se ha mejorado el equilibrio a costa de dejar fuera los mejores filmes. El discurso expresivo ha perdido una vez más la partida.

Talentos Ocultos (Hidden Figures), asume un tema como es la desigualdad femenina y la exclusión racial en el campo científico, que pudo ir más allá si sus realizadores lo hubiesen deseado. La verdad no siempre es buena compañera de la moderación, y en este caso, se sobrepuso la segunda a la primera, dejándonos un film que complace a demasiada gente.

La NASA y las negras

Theodore Melfi dirige y escribe esta obra de tintes biográficos, en donde un grupo de mujeres afroamericanas fueron de capital importancia para la NASA y el propósito del gobierno norteamericano de ganarles la carrera espacial a sus competidores rusos. Todo ello en un ambiente de segregación racial en su máxima expresión.

Katherine Johnson (Taraji P. Henson) es una matemática que calculó la trayectoria de vuelo del proyecto Mercury y el vuelo a la luna del Apolo 11 (1969). Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) fue una de las primeras expertas en lenguaje y manejo de computadoras para la NASA. Mary Jackson (Janelle Monae), se convirtió en pionera de la ingeniería espacial de raza negra, enfrentando incluso al sistema educativo y legal.

El ambiente de segregación que se vivía en la vida cotidiana del ciudadano afroamericano se trasladaba al microcosmos laboral, aun en un aquellos sitios donde imperaba la ciencia, como era la NASA, que apreciaba los talentos extraordinarios de estas mujeres, pero sin reconocerlas como personas con plenos derechos.

La discriminación hacia estas representantes de las minorías no se circunscribía al tema racial o laboral, sino dentro de la misma comunidad, desde el sector masculino hacia sus propias mujeres. Véase la escena en donde el coronel Jim Johnson (Mahershala Alí), pone en duda las capacidades científicas de Katherine, quien lo coloca en su puesto recordándole sus aportes.

Los talentos de estas mujeres eran ocultados en un edificio apartado al estilo de las barracas esclavistas. Desde allí, estas laboriosas ciudadanas entregaban su labor especializada, vital para esa institución que procuraba triunfar en el espacio. Igual que esos escritores fantasmas que están detrás de ciertas figuras, a las computadoras humanas de la NASA las mantenían en las sombras, alejadas de todo reconocimiento público, aunque exprimiendo sus conocimientos.

Fly Me To The Moon

¿En donde falla Talentos Ocultos? En primer lugar, pese a lo interesante del tema, su director, Melfi, no es lo suficientemente incisivo para mostrarnos el lado menos amable del racismo. Se limita a esbozar situaciones cargadas de un sentimentalismo almibarado, alejado de una crítica profunda a tal situación. A veces, solo con exponer no es suficiente.

El artista que quiera quedarse en los planos medios o equilibrados en los temas que trata, como hace Melfi, no complacerá ni a unos ni a otros, a lo sumo recibirá una palmadita aprobatoria. Las obras que llegan al público y se mantienen en los gustos cinéfilos, se alejan de los extremos y del justo medio. Como dicen por estos lados, hay que jugársela.

Talentos Ocultos carece de una atmosfera cuestionadora y se va desarrollando de tópico en tópico, sin sorprendernos o involucrarnos, desperdiciando la riqueza de su tema. Está construida en la onda de esos telefilmes divulgativos, que sobre la base sólida de situaciones sociales conflictivas, las difuminan para quedar en colecciones de anécdotas.

Es destacable la actuación de Octavia Spencer encarnando a la especialista en lenguaje de computación Dorothy Vaughan. Spencer dota a su personaje de una complejidad, a pesar de su apariencia afable y graciosa. Su manejo de la gestualidad, sus miradas y los diálogos, la hacen el personaje mejor construido del filme.

El realizador Theodore Melfi, desperdicia en Talentos Ocultos la oportunidad de ejercer una crítica profunda de la discriminación racial, laboral y sexista. El tono timorato convierte a la película en un producto complaciente para acallar los remordimientos de conciencia de los estamentos conservadores.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas