En un contexto mundial donde domina el fenómeno de la posverdad, el proceso comunicacional que denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal, el Plan Atlanta denunciado por organismos como la Conferencia Permanente de Partidos Progresistas de América Latina y el Caribe (Copppal), sigue cobrando víctimas en las figuras del progresismo de América Latina.
El vicepresidente de Uruguay, Raúl Sendic, denunció recientemente que producto de ese plan hay una campaña de descrédito en su contra, según su denuncia el objetivo es dañar el gobierno del presidente Tabaré Vázquez y de la coalición Frente Amplio. También, según Sendic, se busca aniquilarlo políticamente ya que su figura es la que estaba mejor posicionada según las encuestas para las elecciones del 2020, que debe realizar ese país.
Desde hace algunos meses el vicepresidente de Uruguay ha sido acusado de actos de corrupción cundo estuvo al frente de la Refinadora Estatal de Petróleo y Destiladora de Alcoholes, entre 2010 y 2013.
El Plan Atlanta consiste en afectar la imagen de los líderes progresistas de la izquierda Latinoamericana con denuncias de corrupción en medios de comunicación y luego la judialización de los casos. Recientemente, el golpe más importante fue la condena de nueve años y medio de cárcel contra el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, que emitió el juez federal Sergio Moro, que convirtió a Lula en el primer expresidente condenado en ese país. La misma sentencia inhabilita al expresidente para ejercer cargos públicos. La sentencia contra Lula llega cuando apenas falta un año para las elecciones y figura en todas las encuestas como el favorito para ser presidente de ese país.
Cuando se produjo la condena, el presidente de la Coppal, Manolo Pichardo, denunció que se trata de un nuevo golpe del Plan Atlanta ideado por los líderes de la derecha conservadora. «No se pueden cruzar de brazos ante estas amenazas que ya convierten en realidad el desmonte de conquistas sociales y económicas alcanzadas bajo los embates de la persecución, la tortura y el derramamiento de sangre», alertó el presidente de la Coppal y que ha dado la voz de alerta desde hace mucho tiempo sobre el plan en contra del progresismo latinoamericano.
Ya como parte del Plan Atlanta, Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores (PT) fue sacada de la Presidencia de Brasil en un acto que ganó la condena de todos los países latinoamericanos. Otro gobierno de corte progresista que salió del poder en América Latina fue el de Cristina Fernández en Argentina, mientras que la figura de Evo Morales, en Bolivia, ha sido salpicada por algunos escándalos y Ha bajado sus niveles de popularidad.
Los casos de Manuel Zelaya, en Honduras y Fernando Lugo, en Paraguay, han sido considerados por el presidene de la Copppal como “tubos de ensayo para llegar al resto, a los de países con mayor peso económico de la región, hasta alcanzar a la joya de la corona, que es, sin discusión, Lula Da Silva, el líder más influyente”.
Con la excepción de la Copppal, ninguno de los países y organismo de América Latina ha reaccionado frete a la ofensiva del denominado Plan Atlanta. Organismos como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Sistema de Integración Centroamericano (Sica) o la Alianza Bolivariana para los Pueblos América (ALBA), no se han pronunciado sobre una realidad que ha avanzado con éxito en contra del progresismo.
Ante esa realidad, el Partido de los Trabajadores de Brasil se apresta a discutir el tema con la finalidad de establecer una estrategia y ya fue objeto de discusión la pasada semana en el Foro de Sao Paulo.
Para la Copppal «el Plan Atlanta es una apuesta por romper el orden institucional y democrático afianzado durante los gobiernos progresistas, para que se instaure el caos que justifique la intervención de los tradicionales conductores del destino latinoamericano marcado por el despojo y la humillación».