Hablan los hechos

Mosul: Víctima de sus riquezas

Mosul ha sido conocida como una de las ciudades más heterogénea y la segunda mayor de Irak, donde históricamente han coexistido árabes, asirios, turcomanos, kurdos, cristianos (la mayor población cristiana en Irak está asentada en esta región) y feligreses de otras religiones y culturas menores, en una población que se estimaba en 2 millones para el 2014. Ubicada al norte de Irak, en la provincia de Nínive, esta ciudad se caracteriza por sus valiosas reservas, tanto arqueológicas y culturales, como de petróleo. Tales particularidades envestían a Mosul de un alto valor estratégico y simbólico para quien se adjudicase su dominio.

Para ese entonces, una agrupación conocida como el Estado Islámico de Irak y el Levante, venía ganando peso a medida que se expandía en un Irak fraccionado y mal gestionado bajo el gobierno de Nuri Al Maliki. Este mandatario practicante del Islam chií, había heredado una nación desestabilizada tras la invasión estadounidense iniciada en el 2003, sin embargo, lejos de constituirse en un ente cohesionador, procedió a reprimir a los sunitas, históricamente minoría en Irak, pero que sin embargo gobernaron durante las anteriores dos décadas y media de la mano de Sadam Husein (1979-2003). Dicha sectorización generó descontento que fue aprovechado por el Estado Islámico, para impulsar su proceso de conquistas, como sucedió con Faluya en Irak y su progresivo avance en Siria.

El turno llegaría para Mosul, ciudad de mayoría sunita donde, de un modo sorprendente, la agrupación yihadista logró conquistarla a pesar de la diferencia abismal de efectivos respecto al ejército iraquí (800 soldados el ISIS, contra 16,000 efectivos de las fuerzas gubernamentales).

Tras la toma de Mosul, su valor estratégico tendría especial incidencia en la decisión de Abu Bakr Al-Bagdadi, de anunciar allí la instauración de un nuevo califato, el cual para ese entonces entre Irak y Siria ya abarcaba un territorio de unos 242,000km2 (unas cinco veces la superficie de República Dominicana). Esta vocación de ocupación fue el principal distintivo del ISIS, respecto a las agrupaciones que le antecedieron. Allí, como en las otras ciudades que cayeron bajo su dominio, el ISIS instauró un sistema de gobierno retrogrado, fundamentalista y represivo, basado en la interpretación literal e interesada del Islam, en especial su ley, la Sharia.

El control absoluto del Estado Islámico sobre Mosul sería interrumpido en octubre del 2016, cuando se dio a conocer el inicio de una operación militar a gran escala planificada desde principios del 2015. Esta sería liderada por el gobierno de Irak y respaldada por combatientes kurdos (Peshmerga), así como milicianos sunitas y chiitas. Una mescolanza étnica y religiosa, cuyo éxito yacía en tener un enemigo en común y la supervisión de EE.UU. Las fuerzas progubernamentales venían ganando terreno previo a la ofensiva de Mosul, por lo que resultaba inminente el avance hacia este bastión. De hecho, ya habían conquistados Tikrit y Faluya en Irak, y Manbjj y Kobane en Siria.

Tomando en cuenta la envergadura de la operación, que enfrentaría a 30,000 soldados de coalición, contra un estimado de 8,000 efectivos del ISIS, el costo humano e impacto social sería enorme, debido sobre todo, a las particularidades del terreno, que favorecían al grupo yihadista. En efecto, el Estado Islámico implantaron una guerra de guerrillas, con francotiradores, ataques de distracción, túneles, suicidas y escudos humanos, cobraron un alto precio al avance de la coalición, que se evidenció en el bombardeo estadounidense en que fallecieron unos 140 civiles y hubo 36 heridos.Tales particularidades hicieron de la guerra de Mosul un pulso, basado más en la estrategia y resistencia que en el uso del poder, por lo que esta batalla se prolongó más de lo previsto. Para febrero de este año, se estimaba en casi 700,000 el número de civiles en la ciudad, lo que revela un éxodo de más de un millón de personas desde el 2014. Sin embargo, el avance sobre Mosul fue lento pero progresivo por parte de la coalición, lo que obligó al repliegue sistemático de los efectivos del Estado Islámico, dejando tras de sí la destrucción de reservas culturales invaluables para el mundo musulmán, como la Gran Mezquita de Al Nuri, un templo construido en el 1172 en honor al líder sunita Nur al Din Mahmoud Zangi, quien lideró y unificó a musulmanes en época de las Cruzadas.

A mediados del mes pasado fue anunciado el inicio de la última etapa de la ofensiva, lo que anunciaba la inminente perdida del que constituyese el principal bastión del ISIS tras 8 meses de batalla. En efecto, Mosul terminó de ser liberada un mes después, cuando a principios de este mes de julio el actual primer ministro de Irak, Haider Al-Abadi, anunció oficialmente la toma de Mosul de parte de la coalición.

La pérdida de esta ciudad, sumada a la de Alepo en Siria (seguiría Raqqa) representa un duro golpe para el Estado Islámico, lo que inevitablemente le lleva a mutar su estrategia a fin de adaptarse a su nueva realidad, donde debe lidiar contra la desmoralización de sus hombres tras la pérdida de territorio y gran parte de sus filas. Ante esta realidad, hay quienes vaticinan la conversión del ISIS en una organización celular, que al igual que Al Qaeda (organización de la cual surgió), tenga presencia y alcance internacional. Esta posibilidad queda patente con la habilidad de reclutar lobos solitarios en todo el mundo, llevando la guerra al territorio enemigo, mediante atentados selectivos de bajo costo para el ISIS, pero altamente dañinos para los gobiernos y sociedades que los padecen. Hacia lo interno de Irak y Siria, podrían adquirir matices de organización clandestina, que implementa la guerra de guerrillas para ganar preeminencia en una región que dista de estar cerca de una etapa de estabilidad política y social a casi dos décadas desde la primera ofensiva estadounidense tras el ataque a las Torres Gemelas.

El gran problema con la situación en Medio Oriente, como hemos expuesto en pasados análisis, ha sido la falta de estrategia del día después, como pasó con la Guerra de Afganistán en los 80´s y la Guerra de Irak en 2003. El vacío de poder siempre ha dado lugar a nuevas generaciones de extremistas, quienes aprovechan el descontento y penuria de la población para canalizar su resentimiento contra las injerencias occidentales, en cierta forma, una continuación de la práctica colonialista.

Esperamos que la respuesta a dicha incógnita, sea ponderando las experiencias recientes, si es que hay un esfuerzo sincero de alcanzar una paz duradera en Medio Oriente.

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