En un mundo tan competitivo, en el esquema de una sociedad bautizada como “del conocimiento y de la información” y donde la realidad nos indica que se han dado grandes cambios en los escenarios globales, generado en base al desarrollo del talento humano.
En este escenario la creatividad viene desempeñando un rol determinante para el éxito de las organizaciones y el rol de la gerencia debe ser motivar a su capital humano a efecto de que hagan uso de ella, de tal forma que estas obtengan una posición competitiva ventajosa. Pero ¿cuál es la vía para desarrollar el talento humano? La educación.
La educación no escapa a las exigencias de los nuevos paradigmas de competencia, y de ahí la relevancia para abogar por la autonomía de los Centros Educativos y convertirlos en instituciones competitivas, en base a estándares que ya han sido establecidos, o definir otros que se consideren relevantes para desarrollar el capital humano del pueblo dominicano.
Cuando hablamos de definir estándares, no debemos cometer el error de querernos comparar con países similares al nuestro en términos de desarrollo educativo, para vernos igual de similares en los resultados. Debemos compararnos con los mejores, sin importar que tan ridículos parezcan nuestros resultados comparados con los de ellos; compararnos con los similares es una posición conformista, pero compararnos con los mejores es un desafío y para avanzar hay que asumir desafíos, aun nos cueste sacrificio, críticas y recursos, pero estaríamos mirando hacia el futuro y convertirnos en los mejores o entrar al paquete de los mejores.
Debemos definir estándares altamente competitivos y, en base a eso, cada Centro Educativo debe definir sus planes de largo, mediano y corto plazo. Cada Centro Educativo debe saber de dónde viene (su contexto) para transformarlo, dónde está (evaluación sistemática) y para dónde va (Visión y misión).
Ahora bien, los estándares deben ser generales para todo el sistema educativo, pero el punto de partida para generar el cambio no es en el nivel central, regional o distrital, sino el Centro Educativo de manera particular, que en base a su contexto y sus resultados iniciales, debe poner a prueba su creatividad, aprovechar al máximo el potencial de cada recurso humano (docentes, directivos y personal administrativo, etc.)
Un Centro Educativo que no conoce su contexto, que no conoce sus resultados, sin estándares que le trace el norte de sus ejecutorias y sin recibir recursos, es como un barco sin rumbo, y por mucho que haga un ministro o ministra, si los Centros Educativos andan como barco sin rumbo, así sin rumbo anda la educación. Porque los cambios se logran en cada aula con cada grupo de estudiantes, con cada docente, con una comunidad educativa empoderada, motivada y desarrollando al máximo su creatividad.
La creatividad no se establece en base a disposiciones que regulen el accionar de los Centros Educativos, sino que depende de la intensidad del compromiso personal y del interés que siente cada uno de sus miembros. La creatividad depende de la motivación por una creencia en el objeto del esfuerzo. Por eso un buen gerente debe, al mismo tiempo, canalizar las energías del conjunto e inspirar la creatividad de cada uno de sus colaboradores. (Continuará).