Ante un sistema político que no esta adaptándose a los cambios en la estructura del poder que está causando la cuarta revolución industrial con el empoderamiento de los ciudadanos mediante más información y mejor comunicación al alcance de sus manos, los dominicanos tienen esencialmente tres opciones: salir huyendo del país, quedarse aquí a protestar y luchar o volverse sumiso y servil ante el gobierno.
La manifestación de la primera opción, la de salir huyendo del país, la estamos viendo desde hace décadas en las filas de ciudadanos que a diario hacen filas en los consulados de los Estados Unidos y otras naciones, para obtener una visa para viajar y en muchos casos emigrar a esos países; votando con sus pies. También la vemos en los más impacientes o rechazados por los consulados, que optan por arriesgar sus vidas e irse en yola a Puerto Rico y de ahí a otros países.
La manifestación de la segunda opción, la de quedarse en el país, protestar y eventualmente luchar y hasta pelear por los cambios, la estamos viendo en los movimientos sociales diversos que vienen confluyendo como en el Movimiento Verde, apartidista pero político, que ha venido realizando las llamadas Marchas Verdes por muchas ciudades del país y que viene creciendo exponencialmente, protestando principalmente por el fin de la impunidad contra la corrupción en el gobierno dominicano. El futuro del Movimiento Verde dependerá de sus estrategias y tácticas. Si sucumbe a la tentación de convertirse en otro partido político para pelear por el poder, sus días estarán contados y fracasará en su pelea, pues se dividirá en cuantas facciones como diferencias emerjan entre ellos. Si sigue como va, tienen más probabilidades de éxitos.
La manifestación de la tercera opción, la de rendirse de manera sumisa y servil a los dictámenes del gobierno, la estamos viendo en aquellos ciudadanos que a cambio de un cheque, una tarjeta o cualquier otro tipo de dádiva, privilegio o recurso que le sacan al resto de los ciudadanos que pagan impuestos; a través del Gobierno. Esta es la más peligrosa opción para la democracia dominicana, pues cuando cerca de la mitad de los votantes dependan del gobierno para una parte significativa de sus ingresos y bienestar, la democracia dominicana será disfuncional y en su lugar tendremos una dictadura de partido por muchos años y con el respaldo de una mayoría de los votantes.
Ahora estamos en la segunda década de este Siglo Veintiuno transitando aceleradamente de la tercera revolución industrial, la Revolución Digital, a la Cuarta Revolución Industrial caracterizada por la aceleración de las tecnologías exponenciales como la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la biotecnología, el internet de las cosas, las impresoras 3D, los vehículos autónomos y la computación cuántica, que están disrumpiendo el orden social, económico y político de múltiples maneras, en todo el mundo.
Ya los esquemas del pensamiento económico, político y social del Siglo Veinte no nos sirven en el Siglo Veintiuno. Estamos ante un nuevo mundo multidimensional y mucho más complejo, donde la tecnología para informarse y comunicarse está al alcance de la mano de cualquier ciudadano, empoderandolo y liberándolo como nunca antes había ocurrido. Y a nuestros gobiernos no le queda otra opción que no sea adaptarse a estas nuevas realidades y transitar gradualmente hacia una democracia más directa antes que los dominicanos decidan hacerlo abruptamente. O cambian ellos mismos o los cambiarán por otros.