Hablan los hechos

¿El mundo va bien?

Atraves de observar el proceso de desarrollo económico global se puede identificar la existencia de un patrón tendencial consistente en el desplazamiento poblacional desde zonas deprimidas hacia otras zonas de mayores oportunidades de progreso y bienestar económico. Tales desplazamientos, generalmente, se producen desde zonas rurales hacia zonas metropolitanas, pero tambien desde países con dificultades socioeconómicas hacia países de mejor desempeño económico que, literalmente, presentan mejor acceso al mercado laboral.

Quien observe como va el mundo solo tiene que apuntalarse en saber las cifras de que el 40% de la población mundial vive con menos de 2 dólares/día, que la esperanza de vida, por ejemplo en África Subsahariana, es de 31 años menos que en otros países, y cada año siguen muriendo 10,7 millones de niños y niñas por causa de la pobreza.

En ese sentido resulta útil detener la mirada fija en aquellos países que relativamente tienen una mayor riqueza medida por su crecimiento en el PIB, en particular, el PIB percapita, aunque relativamente pobres en términos de su desarrollo humano. A partir de esos criterios se puede tener una idea mas objetiva del nivel de desarrollo de un pais, básicamente al fijarnos en cuestiones claves como el tamaño de la población, el tipo de cambio prevaleciente y el nivel de precio.

Cuando se ponderan esas variables se construye un esquema concreto y objetivo acerca del desarrollo económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental al que se le agrega un saludable índice de riesgo democrático, Estos grandes aspectos se conviertenen la plataforma de medición de los niveles de equidad en la sociedad a escala planetaria.

Los niveles de inequidad, o desigualdad social, predominante en la actualidad se han convertido en una preocupación por el hecho de que se interpreta que el crecimiento económico sólo está beneficiando a los que más tienen. El resto, especialmente los sectores más pobres, se están quedando al margen de la reactivación de la economía, esto es, que los más ricos son cada vez más ricos y los más pobres son cada vez más pobres.

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Para que se tenga una idea mas explicativa acerca de la inequidad en el planeta, solo hay que observar la dinámica del índice de desarrollo humano, IDH, que es estudiado por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). En efecto, para conocer y estudiar la situación del mundo, este organismo pondera el comportamiento del PIB, los niveles de alfabetización y la esperanza de vida, las cuales son herramientas útiles para conocer si el mundo va bien o va mal.

La interpretación que se extrae de las cifras de la inequidad en el mundo es que existe una pobreza expresada que significa hambre donde 850 millones de personas la sufren con su secuela de enfermedades, sufrimiento y muertes prematuras.

Quien observe como va el mundo solo tiene que apuntalarse en saber las cifras de que el 40% de la población mundial vive con menos de 2 dólares/día, que la esperanza de vida, por ejemplo en África Subsahariana, es de 31 años menos que en otros países, y cada año siguen muriendo 10,7 millones de niños y niñas por causa de la pobreza. Tambien, que pese a algunos avances, el trecho entre los países ricos y pobres aumenta día a día, por lo que la miseria aparece de forma más cruel al compararla con la riqueza de una minoría.

A escala global, la pobreza es el elemento más significativo para explicar y entender las desigualdades en el mundo; por ejemplo, la esperanza de vida en los países ricos es veinte años mayor que en los pobres, y la alfabetización que es casi del 100% en los primeros es el 60,8% en los segundos. La evidencia empírica muestra la triste realidad de que la mayoría de la población mundial es pobre si se considera los tres niveles en que esta se mide.

Bajo ese enfoque se tiene que en la pobreza extrema, se sitúa aquella franja de la población que vive con menos de 1 dólar/día, y la sufren 1.000 millones de personas; en el nivel moderado, con menos de 2 dólares/día, hay 1.500 millones de personas. Pero tambien en la pobreza relativa 2.500 millones de personas, equivalente a poco más de1.000 millones de personas viven al margen de la pobreza: el 16% de la población mundial.

La interpretación que se extrae de las cifras de la inequidad en el mundo es que existe una pobreza expresada en una significa hambre donde 850 millones de personas la sufren con su secuela de enfermedades, sufrimiento y muertes prematuras. Se precisa,incluso, que en las economías emergentes, en el cual este problema se mantiene constante, es bien conocido que las hambrunas no se dan por falta de alimentos, sino porque la gente no tiene dinero para comprarlos.

Los fríos números son más contundentes al saber que 1.000 millones de personas no tienen acceso al agua, 2.600 millones sin saneamiento adecuado y miles de datos que muestran un mundo tan rico y con tantas posibilidades como desigual.

Peor saber que la inequidad mundial se expresa en la existencia de un inaceptable analfabetismo donde 800 millones de personas no saben leer ni escribir, en tanto que las desigualdades Norte/Sur en los gastos de salud son inverosímiles. Por igual, la mortalidad materna por cada 100.000 nacimientos es un ejemplo del efecto de las desigualdades, más terrible, aun, cuando se sabe que acabar con ese sufrimiento y esas muertes sería fácil y barato, si hubiese voluntad política global.

Los fríos números son más contundentes al saber que 1.000 millones de personas no tienen acceso al agua, 2.600 millones sin saneamiento adecuado y miles de datos que muestran un mundo tan rico y con tantas posibilidades como desigual. Esta realidad es peor, en materia de desigualdad social, al saber que en el 2015, el 1% de la población mundial ya poseía más riqueza que el resto de las personas, lo que demuestra que la inequidad es uno de los principales obstáculos para el desarrollo social y económico, inclusivo, del planeta.

Es un axioma que la desigualdad mundial es la enfermedad del siglo XXI, ya que la mitad de las riquezas del planeta está en manos del 1% de la población mundial; como si la riqueza fuera un pastel partido en dos. Se tenía la creencia de que la desigualdad era un fenómeno característico de países en desarrollo, con rentas medias o bajas, sin embargo, ya se sabe que la misma está afectando de modo espantoso a las naciones emergentes, a las nuevas potencias económicas, e incluso a países ricos con estructuras democráticas y una cohesión social amplia.

Según la FAO es posible eliminar el hambre en el mundo de aquí a 2030, si se invierten 267.000 millones de dólares anuales durante los próximos 12 años.

Los riesgos planetarios tienden agravarse si se considera que la crisis de la desigualdad se está empeorando, al reconocer que el 82% de la riqueza mundial generada durante el año 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre, esto es, 3 700 millones de personas, no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento. En adición, según la FAO es posible eliminar el hambre en el mundo de aquí a 2030, si se invierten 267.000 millones de dólares anuales durante los próximos 12 años.

Esta proyección parecería un atenuante en las aspiraciones de mitigar la desigualdad social, pero si se consideran los cálculos de la ONU en el sentido de que el año 2017 se despidió con un tamaño de la población mundial de 7,550 millones de habitantes y que se pronostica que en 2020 llegará a 7,7 mil millones y en el 2040 a 9,1 mil millones, entonces, las cifras para contrarrestar el hambre serian insuficientes. En definitiva, todo parece indicar que cada vez es muy injusto lo que está atravesando el mundo, lo que en palabras de Thomas Piketty es que: “vivimos tiempos en que los ingresos de quienes tienen capital y activos crecen exponencialmente”.

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