Opinión

El reduccionismo y hermenéutica en el discurso político actual

Sé que debo tener cuidado con este artículo, pero debemos tener la responsabilidad de asumir riesgos calculados, en pro de decir lo que se debe decir y hacerlo en sentido general aunque esté dirigido a personas en lo particular. Es fundamental criticar a los reduccionistas y hermenéuticos, no por convicción sino por su praxis en los lares de la política nacional. Se trata de un empirismo que hace cultura a través de artículos y discursos que enarbolan el reduccionismo epistemológico, quedando para el consumo a futuro de los que trabajan las ciencias sociales y que harán los relatos de la historia contemporánea a la postre de este tiempo.

Este tema me he motivo de preocupación particular, porque creo en el debate de las idas, como algunos compañeros bendecidos por los acontecimientos se han olvidado de las enseñanzas de Bosch sobre los procesos históricos y el papel que deben jugar los líderes ante las situaciones que van acaeciendo y construyendo los pormenores de la historia contemporánea. Se atreven a juzgar las acciones tácticas y estratégicas del liderazgo máximo de su propia organización y lo hacen en público en un atentado claro al orden institucional del partido que le ha permitido saltar barreras sociales y económicas.

El Presidente de la República y el Presidente del PLD son dos personajes históricos y políticos formados y disciplinados, incapaces de atentar contra los intereses del Partido, porque saben que éstos son los intereses del pueblo dominicano. Entonces, ¿cuál es la necesidad de lisonjear y apocar, de calificar y descalificar?

Estos afortunados no necesitan esos odiosos papeles de hablantes y escribientes sin sentido de la historia, llenos de errores desde el punto de vista de las ciencias sociales, atiborrados de pronunciamientos acomodados a sus intereses particulares, por demás pocos cognitivos.

Es curioso cómo han perdido la objetividad y se han entregado a la pasión en procura de conservar un entorno político que les favorece en forma poco equitativa para los demás. No les importa bajar a la oscuridad de la temeridad para descalificar o elogiar para tratar de enaltecer a uno en detrimento de otro, olvidándose de que lo importante es la unidad, pero sin chantajes de ningún bando, porque todos tenemos qué perder en esta historia triste para muchos como quien escribe estos párrafos, debido a los cuestionamientos que nos hacen intelectuales y académicos sobre nuestra supuesta supremacía en los conocimientos político que a fin de cuentas marcarían la diferencia entre el pasado histórico partidario del buey blanco y el presente de la estrella solitaria.

No podemos olvidarnos de que en esta lucha intestina del partido que nos ha colocado en el gobierno no existen puros e impuros sino peledeístas, a los que la oposición quiere sacar del poder a toda costa y a como dé lugar. Ese es el fenómeno que debemos enfrentar con valentía y ahínco inexorable.

Tratar de reducir la lucha política a lo interno del PLD a cuestiones simples, puede llevarnos a un derrotero inconveniente para todos los que hemos dedicado la vida en la construcción, organización e institucionalización del PLD. No podemos confiar en la reducción fenomenológica al momento de comprender la realidad actual del partido y del gobierno -sin olvidarnos del Estado- de su estructura institucional, de los métodos de trabajo que nos han resultado en los últimos tiempos. Tampoco podemos confiar en la reducción fenomenológica al momento de analizar las declaraciones de los dirigentes, porque éstas no constituyen en sí mismas expresiones lógicas y encaminadas desde la conciencia, simplemente aparecen a conveniencias.

Como dirigentes formados políticamente en teoría y práctica, no podemos olvidar, que los discursos ni los análisis son medios para lograr propósitos y por lo tanto no pueden ser confundidos con el fin que buscamos. Tampoco podemos caer en el error de reducir los hechos que hemos estado protagonizando, a una simple interpretación, porque es difícil que las teorías políticas sean algo más que los intereses que las estimulan para que nazcan y se mantengan firmes en sus pedestales.

En ese orden, no podemos negar que las teorías que se levantan generan nuevos acontecimientos, acomodan la carga en el tránsito de los días, porque van revelando variables a través de los análisis, guardando en sí mismas la fuerza motora de los hechos. Ojalá que no caigamos en la osadía de justificar de esa manera la renuncia del PLD a mejorar la institucionalidad democrática y las condiciones de vida de los dominicanos, iniciando una etapa que trate de acallar la voluntad de la gente y acusen a los que hablamos de subversión, por el simple hecho de especular ideas.

La extravagancia intelectual puede anular la acción de la libertad y perpetuar la servidumbre política. No me inscribo en la lisonja ni en la adhesión sin racionalidad y lógica natural, como manda la filosofía de la historia.

La nación tiene que deshacer el círculo vicioso del reduccionismo interesado, que ha colocado históricamente al país en posiciones absurdas y de espaldas a la racionalidad política.

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