Hablan los hechos

Elecciones en Rusia: ¿Formalismo o realidad?

En medio de diversos escándalos y una evidente escalada en las tensiones a nivel internacional, donde por un lado se le responsabiliza del envenenamiento de un ex doble agente ruso en Reino Unido, a la vez que en Estados Unidos siguen saliendo a flote nuevas y comprometedoras evidencias que apuntan al Kremlin como principal responsable de interferir en la campaña electoral estadounidense del 2016, Rusia celebró este pasado domingo sus elecciones presidenciales para el sexenio 2018-2024.

Dichos comicios anticipaban ser de facto un proceso llamado a ratificar y extender, sin mayores imprevistos, el dominio de Vladimir Putin sobre Rusia, lo que lo convertiría en uno de los mandatarios con más tiempo en el poder, solo comparable con los grandes zares y Josef Stalin.

Su preminencia en el Estado ruso viene gestándose desde su asunción como primer ministro en 1999, puesto efímero que dejó para ocupar la presidencia a partir del 2000, en rol protagónico del cual solo se vería apartado “teóricamente” entre los años 2008-2012, cuando cedió el mando de manera momentánea a Dimitri Medvedev.

Sin embargo, nada de esto resulta especialmente sorpresivo en una nación históricamente caracterizada por la existencia de figuras fuertes, cuyos liderazgos han solido proyectarse bajo un esquema autoritario y de fuerte matiz identitario, en el que frases como la exclamada por Vladimir Ostrovenko, que reza: “si no hay Putin no hay Rusia”, demuestran que el actual mandatario no es la excepción a la regla.

Retomando el actual contexto en que se ha celebrado la contienda electoral rusa, es inevitable resaltar la sorpresiva noticia del atentado químico contra el exespía Sergie Skripal, quien a principio de marzo fue víctima junto a su hija de envenenamiento con agente nervioso de origen soviético, según destacaron las autoridades británicas. No obstante, este ataque forma parte de una cadena de atentados contra otros exagentes rusos, de quienes se sospecha terminaron siendo blanco de Moscú tras prestar colaboración a los gobiernos de occidente, sumando en total unos 17 casos, de los cuales 14 aún permanecen bajo investigación.

Como era de prever, en represalia por la tentativa el gobierno británico aprobó la expulsión de unos 23 funcionarios diplomáticos de Rusia, a quienes acusó de fungir como “agentes de inteligencia no declarados”. Paralelamente, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg, manifestó su preocupación de que esta clase de eventos que implican el uso de armamento químico militar y del concurso de organismos de alta inteligencia, constituyan la antesala de una nueva etapa de máxima tensión, es decir una posible “nueva guerra fría”. Dichas inquietudes encuentran eco en Washington, Estados Unidos, desde donde recientemente se impuso sanciones a 19 ciudadanos rusos acusados de interferir a través de ciberataques en las pasadas elecciones, proceso del cual salió airoso el actual mandatario Donald Trump.

Todo esto ocurre a menos de un mes del discurso anual a la nación del presidente Putin, en el cual presentó su programa de gobierno de cara a lo que será su cuarto periodo presidencial, incluyendo la puesta en escena del nuevo arsenal militar de alta tecnología del ejército ruso. El nuevo equipamiento bélico incluye misiles intercontinentales, armas con rayos laser, cohetes hipersónicos, y otros artefactos catalogados de “invencibles” por el mandatario, quien precisó que estos avances forman parte de la respuesta a la “salida unilateral de Estados Unidos del tratado de defensa antimisiles y la necesidad de garantizar la paz”.

En cuanto a lo social, Putin se comprometió a seguir reduciendo los niveles de pobreza entre la población rusa, segmento que se ha visto transformado durante su mandato, al pasar de 42 millones de inicios del milenio a 20 millones en el 2017. Además, tiene previsto elevar la expectativa de vida a los niveles de Japón o Francia; convertir a Rusia en una nación con tecnología de punta, especialmente robótica e inteligencia artificial, a la vez de estar en capacidad de ser uno de los principales centros de procesamiento y almacenamiento de datos en el mundo.

Lo anterior demuestra la determinación de un mandatario, cuya principal misión ha sido devolver a Rusia el prestigio de su época imperial, aun sea a costa de sacrificar ciertas prerrogativas democráticas, como es el caso del hostigamiento y represión hacia los focos de oposición. Esto explica el que el principal adversario de cara a estas elecciones, Alexei Navalny, haya quedado inhabilitado para postularse al ser condenado a cinco años de prisión en suspenso por malversación, lo cual ha quedado en tela de juicio, al ser Navalny uno de los principales detractores del gobierno y del Partido Rusia Unida de Putin, al cual acusa desde el 2008 de mala práctica y corrupción.

Con Nalvany inhabilitado, los candidatos opositores se redujeron a siete, incluyendo a la famosa presentadora de televisión, Ksenia Sobchak, sin embargo las posibilidades de que alguno de los candidatos pudiera adversar con posibilidades reales a Putin se preveía nula desde inicio del proceso, en especial partiendo de encuestas que daban al actual mandatario un 71% de intención de voto.

Lo cierto es que, según se hace constar en los círculos de análisis, contra todo pronóstico el presidente Vladimir Putin ha continuado siendo objeto de gran valoración entre los rusos, especialmente aquellos que le adjudican el haberle devuelto a la nación su categoría de “potencial de envergadura global”, tras el letargo en que cayó la nación tras la caída de la Unión Soviética. De ahí que acciones como la intervención en Crimea, Ucrania, y la ofensiva en Siria (ambas basadas en la táctica de guerra no lineal), sean vistas como un motivo para la restauración del orgullo nacional.

Ese sentimiento de reivindicación geopolítica, ha sido acompañado de un notable repunte económico, una mejoría en los estándares de vida de los rusos y una vertiginosa modernización a nivel militar. Como complemento, el Estado ruso controla gran parte de las 3,000 emisoras y estaciones de televisión vigentes en Rusia, de las cuales un selecto grupo, entre las que destaca RT noticias, tienen la encomienda de difundir la cosmovisión del Kremlin a nivel internacional.

Como resultado, estamos frente a un mandatario que ha sabido proyectar su imagen más allá de las fronteras geográficas de la vasta nación rusa, lo cual en conjunto con el férreo control del Estado, le ha brindado un pase sin mayores obstáculos a un nuevo periodo que se extiende al 2024.

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