Cultura

La virtualidad y el humanismo de Steven Spielberg en Player Ready One

Las verdades suelen ser como los icebergs que poseen una pequeña parte que sobresale en la superficie mientras que su masa principal esta oculta debajo del nivel de flotación. Lo mismo que estos fenómenos helados, Steven Spielberg ha escondido los puntos principales de su discurso fílmico en la recién estrenada Player Ready One.

A sus 71 años es un director en plena forma lanzando dardos en defensa de la libertad de expresión, como ha hecho en The Post, y ahora aborda el mundo de los videojuegos desde una perspectiva menos lúdica que la de muchos usuarios o gamers. Siempre se le podrá acusar de edulcorar sus contenidos, pero nunca se debe dudar de su maestría narrativa.



El cineasta acude a la literatura utilizando la novela homónima de Ernest Cline, para elaborar un filme que ha sorprendido hasta a sus más acérrimos detractores, que se han apresurado a descalificarlo utilizando los argumentos de siempre, pero sin sustanciar una posición crítica sólida.

Ready Player One nos relata que, cuando el creador de un juego de realidad virtual llamado OASIS fallece, se emite a todos los usuarios a encontrar el huevo de pascua escondido y que quien lo haga se hará con el control de su fortuna y de ese universo virtual. El guion inspirado en la novela de Cline, fue escrito por el mismísimo novelista y por Zak Penn.

Bajo la batuta de Steven Spielberg, Ready Player One cuenta con un larguísimo elenco en donde intervienen Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Lena White, T.J. Miller, Simon Pegg, Mark Rylance, Phillip Zhao, Win Morisaki y Hannah John-Kamen, entre otros. La fotografía es de Janusz Kaminski y la música la compone Allan Silvestri.

Vida real vs. vida virtual

Wade Watts/Parzival (Tye Sheridan) es un adolescente que vive con su tía y los novios de turno de esta en una especie de barrio compuesto por enormes casas rodantes, en el año 2045. Para evadirse de su deplorable entorno, busca un sustituto y ese es el mundo virtual OASIS, donde cada quien se convierte en lo que sueña ser.

Como experto en James Halliday/Anorak, el creador de OASIS, el adolescente se ve lanzado a una carrera por el emporio, que no es pretendido solo por los usuarios o gamers, sino también por Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn) que rige IOI, una corporación que suministra la mayor parte del equipo con el que se accede al mundo virtual.

Es fácil perderse en el tupido bosque de las referencias de Spielberg a directores, personajes, músicas, películas, los años ochenta a videojuegos míticos o en las aventuras de Wade/Parzival, Sho (Phillip Zhao), Artemis/Samantha (Olivia Cooke), Daito (Win Morisaki), pero sería como maravillarnos de la escenografía de Hamlet y perdernos la trama, lo que en ningún caso es el plan del realizador.

Player Ready One es una película, no solo para los usuarios de los videojuegos o gamers, ni solo para nostálgicos de una era, o para millennials que no cuestionan el statu quo. El filme se centra en proveer elementos analíticos que desnudan los mecanismos coercitivos de un capitalismo salvaje y alerta sobre la capacidad de las redes sociales y su efecto narcótico, que inhibe la percepción plena de la realidad cotidiana.

Los cambios en la sociedad son torpedeados por la avaricia de las corporaciones, convirtiendo a las personas en autómatas solo útiles para la productividad de la empresa. Los Nolan Sorrento detestan a los James Halliday/Anorak o a los Wade Watts/Parzival, porque al contrario de él, ellos ponen el acento en lo humano.

Halliday representa al creador con una conciencia ética, al científico pendiente de los peligros de sus invenciones y su visión lo hace proteger a OASIS de los depredadores como Nolan Sorrento, cuya misión es conseguir el máximo poder posible o perecer en el intento. El mundo se ha convertido en el 2045 en una gran fábrica llena de obreros dirigidos por el patrón omnipotente.

Una alerta social

Toda obra posee una base emocional, desde un libro a una película o una canción, o los videojuegos pueden provenir de una carencia afectiva, así que Halliday, incapaz de atravesar el puente de las relaciones personales efectivamente, creó un universo en donde las personas fueran libres de expresarse. Wade entendió ese aspecto de Halliday y pudo resolverlo en su vida.

El filme carga contra el heroísmo individual con grandes raíces en el egoísmo social de nuestra época. Así Wade es acompañado por un equipo y a su vez solicita y recibe la ayuda de la gente en el mundo virtual y también en el real, para vencer en el último reto. El realizador parece sostener la tesis de que juntos podemos desatar los nudos gordianos que amenazan con destruir a la humanidad o por lo menos dificultarle la existencia.

Steven Spielberg llama la atención sobre los peligros de la virtualidad, llámense redes sociales o videojuegos en Ready Player One, desnudando las agresivas prácticas de ejecutivos sin sensibilidad, abogando por la interacción de las personas y la sana practica de visibilizar las emociones. Sin un equilibrio entre lo virtual y lo real, la libertad humana corre un serio peligro, parece advertirnos el director transmutado en oráculo.

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