Opinión

¿Un cuento minero?

Érase una vez un Estado que aspiraba a colocar las actividades extractivas mineras como uno de los principales sectores que contribuirían al crecimiento de la economía medido a través del Producto Interno Bruto (PIB), el cual expresa el valor de los bienes y servicios que se producen dentro de un período determinado, generalmente un año, pero…

¿Qué pasaría si un país de ingreso medio-alto (aquél que registra una renta per cápita entre los 3 mil 955 y 12 mil 235 dólares) mantener un ritmo de crecimiento económico basado esencialmente en la explotación minera? ¿Bastaría con que una economía crezca en su PBI para garantizar el desarrollo social de su población?

Es impostergable que un país con ingreso medio-alto adopte políticas públicas que no sólo impulsen los números azules (positivos) de los indicadores de la macroeconomía (que expresa la marcha de la economía general) sino que pongan el acento en el buen desempeño de la microeconomía (la cual hace énfasis en las unidades empresariales privadas por separado y en los factores que impactan en los bolsillos de los ciudadanos) con el propósito de enfrentar la pobreza, reducir a desigualdad social y mejorar la calidad de vida de las personas.
En el caso de la República Dominicana habría que determinar cuáles actividades que aportan a la generación del Producto Interno Bruto (PIB) deberían ser reforzadas con la implementación de políticas públicas adecuadas para el logro de las metas socio-económicas.

Pero hay que cuidarse de los cálculos econométricos y la formulación de modelos matemáticos que suelen ser los instrumentos favoritos de aquellos economistas que se bañan en las aguas individualistas de la doctrina del liberalismo que rinde culto a las sacrosantas fuerzas del mercado sin prestar el menor interés a las consecuencias adversas que este criterio teórico-práctico podría generar sobre los intereses económicos, ambientales y sociales de la población.

Existen intereses empresariales que abogan por la profundización en la República Dominicana de las explotaciones mineras argumentando que su impacto en el crecimiento económico resultaría positivo para aumentar el volumen de producción de bienes y servicios, lo que se reflejaría en el desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras de la economía nacional.

Naturalmente, las voces que suscriben como bueno y válido todo proyecto de explotación minera sin detenerse a pensar en los costos medioambientales, productivos y laborales que perfectamente podría generar ese tipo de actividad extractiva no muestran mucho interés por la formulación de estudios científicos que revelen el grado de factibilidad ambiental y de rentabilidad financiera favorables para los mejores intereses de la sociedad dominicana.

Tengamos en cuenta que en la República Dominicana –quizá desde los tiempos de la explotación colonial española- la mayoría de las explotaciones mineras han estado en manos de intereses empresariales que no han guardado armonía con los intereses económicos, medioambientales y laborales del país. Por eso hay que tenerlo muy en cuenta lo expresado por el intelectual español Jorge Santayana (1863-1954) cuando sentenció: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”.

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