Opinión

El escarnio no es a Lula…

Platón, figura central de los tres grandes pensadores en que se asienta toda la tradición filosófica europea, afirmaba en una de sus reflexiones “donde hay grandes niveles de riquezas con abyectos espacios de pobreza, el camino a que conduce es hacia la violencia”.

Esa afirmación del discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, fue lo que al parecer, motivó al ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, emprender el camino de la redención de los pobres de solemnidad de su pueblo.

Tan en serio tomo esa tarea, que durante sus mandatos presidenciales en esa nación, alrededor de 30 millones de sus compatriotas fueron excluidos del odioso círculo de la pobreza e insertados en el dignificante club de la clase media brasileña.

Eso a todas luces molestó, irritó y motivó que los representantes del nuevo orden mundial del Brasil, encabezado por la oligarquía y los militares, la emprendieran sin piedad contra el ex presidente suramericano.

Pero la embestida no se detuvo ahí, sino que alcanzó a otros actores de la plataforma política que sirvió de sostén para producir los cambios y transformaciones sociales que convirtieron al Brasil en una nación modelo en América.

Ese logro de dignificar esos millones de personas bastó para que a este ex jefe de Estado le cayeran encima con una maquinaria de infamia y persecuciones que lo ha llevado a la cárcel a cumplir una condena de 12 años y un descredito político impensable.

Pero lo repudiable de todo esto es que ante una situación tan evidente de manipulación y perversidad geopolítica una parte importante de la opinión pública mundial y la comunidad internacional se mantengan tan pasivas. ¿Alegría o indiferencia?

El mensaje está claro, la agresión en el fondo no es a Lula, no es a Brasil; es a todo lo que implica en el actual contexto internacional el avance del proyecto progresista que él representó en Brasil y que comenzó andar por estas tierras de América.

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