Cultura

Basada en hechos reales, entre Polanski y la escritura

La diversidad de los caminos del arte posibilita el cruce de muchos de ellos para beneficio de este producto del espíritu y la sensibilidad humana. Esos encuentros dejan a los espectadores un maná como ha sido el riquísimo subtexto que nos entrega Roman Polanski en su película Basada en Hechos Reales.

El tema de la escritura dentro de su cine no le es ajeno al realizador polaco, que ya lo trató en The Ghost Writer -2010-. Pero esta vez lo hace de frente y con una escritora que ha producido una novela y ésta se ha convertido en un best seller con todo lo que eso implica, que no es esencialmente glamoroso. Los megahits literarios le acarrean múltiples entrevistas, firmas de libros e invitaciones que terminan convirtiéndose en una pesada carga.

Basada en Hechos Reales nos presenta a Delphine, una sensible y atormentada novelista de éxito que se paraliza ante la idea de escribir una nueva novela. En su camino se cruza Elle, una joven encantadora pero de maneras bastante manipuladoras. Delphine la deja entrar a su mundo sin adivinar como terminará esta decisión afectando su vida.



Polanski dirige y además firma el guion junto a Olivier Assayas, que extraen de la novela de Delphine de Vigan. El reparto lo encabezan Emmanuelle Seigner, Eva Green, Vincent Pérez, Dominique Pinon, Camille Chamoux, Brigitte Rouan, Josée Dayan, Noemi Lvovsky, Leonello Brandollini, entre otros. La dirección de fotografía es de Pawel Edelman y la música es del reconocido Alexandre Desplat.

La película se mueve en ese mundo de la creación literaria, las editoriales, el periodismo especializado en literatura, los bestsellers, las fiestas y los homenajes. Un mundo en el que el protagonista es el volumen de ventas y los escritores son los creadores de un producto que los trasciende y los hace reconocibles en tanto esas ventas sigan en ascenso. Esa es la maldición del éxito en literatura o en cualquier arte.

Mundo interior y páginas en blanco

Delphine Dayreux -Emmanuelle Seigner-, ha estado inmersa en la promoción de su libro y está a las puertas de iniciar la escritura de un nuevo texto, pero se enfrenta a la temible página en blanco terror de todos los escritores. La acosan recuerdos trágicos, problemas familiares y unas amenazas en forma de cartas anónimas, una tormenta perfecta difícil de enfrentar.

La aparición de Elle -Eva Green-, una escritora fantasma de memorias para famosos, es al parecer una persona interesante que escondía un temperamento obsesivo y controlador para desgracia de Delphine. Como muy bien aclara Marguerite Duras: “La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce o se fragmenta exangüe de seguir escribiendo”.

Aunque se pueden observar los fantasmas habituales de Polanski como son las obsesiones, ese ambiente mórbido y tenso que son sus marcas estilísticas más reconocibles, esta es una película sobre el hecho escritural, acerca de las características cotidianas de esa o esas personas que escriben, con sus ansiedades, traumas y técnicas de escribir.

Basada en Hechos Reales falla al querer introducirnos en esos ambientes perversos del realizador, con un guion endeble y lleno de personajes y situaciones poco creíbles, aunque sea escrito por dos tipazos como son Olivier Assayas y Roman Polanski, pero esta vez los huecos de ese guion están demasiado visibles.

En donde reside la fortaleza de la película es en trazar una imagen llena de verdades sobre los autores literarios y su mundillo, pues ambos personajes femeninos son escritoras y más aún, la pareja de Delphine es un periodista especializado en literatura. Este estar demasiado acompañado a la hora de escribir, es una de las razones de su bloqueo y acudimos de nuevo a Marguerite Duras, quien lo razona así: “Se ha podido cantar a dúo, componer música y jugar al tenis, pero escribir, no. Nunca”.

Las actuaciones no funcionan porque las situaciones en que se desenvuelven no son creíbles, aunque el final trata de solventar eso con algo parecido al truco de un mago, pero no sentimos sorpresa porque lo adivinamos muy temprano en la trama. La obviedad destruye la carta blanca de la suspensión de la credibilidad que entregamos al entrar a una sala de cine.

El engaño al espectador se produce a medias porque Polanski nos va dejando huevos de pascua a lo largo de la narración de forma tan clara que terminan perdiendo su efectividad, que no es salvada ni por la fuerza de actrices como Emmanuelle Seigner o Eva Green, ni por un ritmo narrativo que nunca decae. El director vence, pero no convence.

Escritores, escritura y cine

escribir-marguerite

Abordando la crisis de Delphine y su bloqueo para escribir, la película se prodiga en describir el método de abordaje de la novelista, de cómo y cuándo escribe, además de sus técnicas de investigación. Elle se ha propuesto desviar a su amiga del tema de la telerrealidad que se proponía tratar y casi la empuja a que vuelva a utilizar su propia vida como material, una intromisión que hubiese escandalizado a la Duras, quien opinaba que: “Alrededor de la persona que escribe libros debe haber una separación de los demás. Es la soledad del autor, del escribir”.

La tesis de Marguerite Duras se ve demostrada ampliamente en la película y el realizador se esmera en hacernos conscientes de que la escritora ha cambiado el método de investigación para escribir su próxima novela. Es ese abandono de la creación solitaria para jugar a la manipulación engañosa, lo que le complica la vida a Delphine.

Roman Polanski aposto por construir Basada en Hechos Reales sobre la estructura de su estilo salpicado de obsesiones y ambientes mórbidos, situándolo en el mundo de la escritora y la creación literaria, fracasando en lo primero, pero triunfando en la descripción del proceso escritural y de los creadores de textos.

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