Hablan los hechos

Vínculos comerciales de China con América Latina

Una visión objetiva de las relaciones económicas, comerciales y diplomáticas entre China y Latinoamérica necesariamente hay que interpretarla en el marco de la transición global que se ha venido registrando en las últimas tres décadas en la economía mundial a paso agigantado. Sin lugar a dudas, este fenómeno es la expresión del desplazamiento del eje del poder mundial que define un nuevo que se ha gestado de manera firme y sostenida.

Hay que tomar en consideración que desde principio de la década de los noventa, se iniciaron una serie de rupturas estratégicas, políticas, económicas, y comerciales que colocaron a la región de América Latina frente a una fase indetenible que es la globalización.

Estos cambios impactan en la región de América Latina fruto de la transformación del sistema económico y político global como resultado del principio y final de un ciclo multidimensional que esta identificando el actual proceso que vive el mundo. Pero es que las circunstancias geoeconómicas han conducido a un sostenido acercamiento de China con América Latina como mecanismo imperativo estratégico cuyo canal comunicante ha sido el liderazgo de la economía de Brasil.

Bajo ese enfoque, hay que tomar en consideración que desde principio de la década de los noventa, se iniciaron una serie de rupturas estratégicas, políticas, económicas, y comerciales que colocaron a la región de América Latina frente a una fase indetenible que es la globalización. Esta situación post guerra fría, impulsaba a cada país a procurar la estabilización de su régimen económico interno viabilizando el intercambio extrarregional para la absorción de la inversión extranjera directa, y que en décadas anteriores se interpretaba como injerencia.

La construcción de esas realidades son los que permitieron un ambiente propicio para una nueva relación Chino-latinoamericana, bajo un esquema de expansión pragmática de la diplomacia China.

En ese contexto las políticas supranacionales fueron engendrando conexión con el nuevo orden multilateral y que ponía en evidencia las insuficiencias estructurales y los desequilibrios internos de cada región. En adición, la inestabilidad macroeconómica predominante daba lugar a un nuevo sistema de acuerdos y normas multilaterales expresadas en los esquemas de libre comercio en determinadas zonas económicas que abrieron espacios firmes al capital foráneo, elemento este que se convirtió en la génesis del capital de China en Latinoamérica.

La construcción de esas realidades son los que permitieron un ambiente propicio para una nueva relación Chino-latinoamericana, bajo un esquema de expansión pragmática de la diplomacia China y articulada en el marco de las premisas enunciadas por esa nación de “nunca ser” y “nunca actuar como potencia”. Esa estrategia de China viabilizó el enlace diplomático con la región de América Latina acelerado desde el consenso de Washington como nuevas formas de vinculación más receptivas sobre aéreas comerciales no tradicionales.

En la actualidad, la presencia de China en América Latina ha permitido que su moneda sea cambiable de manera habitual en muchos países de la región: desde Chile a México, pasando por Argentina y, sobre todo, Brasil. Es por tales razones que este país asiático ha pasado de tener un papel secundario a ser un actor fundamental para comprender las dinámicas económicas y comerciales de la región.

Durante el periodo 2001-2017, las empresas Chinas alcanzaron el 77% de los desembolsos de capital y generaron casi siete de cada diez puestos de trabajo relacionados con la inversión extranjera directa.

Para que se tenga una idea del impacto de la inversión China en América solo hay que observar que durante el periodo 2010-2017 esta nación incursionó en el mecanismo de fusiones y adquisiciones vinculadas al sector petrolero argentino y brasileño, en el cual invirtió la respetable suma de US$90.000 millones de dólares en los países del área, esto es, casi cuatro veces más que en toda su historia. La llegada de estos capitales han contribuido a que la región haya frenado el deterioro de la cuenta de capital de la balanza de pagos que siempre presentaba déficits incontrolables y difíciles de superar.

Hay que resaltar que hasta 2016 China fue una fuente de capital que aumentaba en importancia en la economía mundial. Se basaba en dos instrumentos principales: por un lado la inversión extranjera directa; Mientras que por el otro, los préstamos de infraestructura concedidos por los dos grandes bancos de políticas públicas del país, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Importación y Exportación de China.

La dinámica del capital de China en la economía global, también ha migrado hacia la región de América Latina donde la mayoría de inversiones del gigante asiático siguen siendo de titularidad pública. En efecto, durante el periodo 2001-2017, las empresas Chinas alcanzaron el 77% de los desembolsos de capital y generaron casi siete de cada diez puestos de trabajo relacionados con la inversión extranjera directa.

Cada vez más China está invirtiendo en la región de América Latina, el cual es la segunda zona que recibe más Inversión Extranjera Directa desde China con un 14% del total, luego de Asia.

Cada vez más China está invirtiendo en la región de América Latina, el cual es la segunda zona que recibe más Inversión Extranjera Directa desde China con un 14% del total, luego de Asia. Situación que se produce sin promover la devaluación de la moneda local como mecanismo tradicional de atracción de capital foráneo.

Según el Foro Económico Mundial, China es el principal socio comercial de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y el segundo de México. Esto significa que el interés chino en América Latina se ha profundizado, lo que se pone en evidencias en el hecho de que durante el periodo 2003-2017 las inversiones del gigante asiático en la región alcanza más de US$ 110,000 millones de dólares, y más de la mitad fue en los últimos cinco años.

La expansión de las inversiones de China es más relevante en Brasil, en los sectores mineros, energéticos, y en la construcción de autobús eléctricos, entre otros sectores. En segundo lugar esta Perú y Argentina en el sector energético y minero, ómnibus eléctricos, paneles solares, minería, ferrocarriles y paneles solares, el cual se ha producido durante el período 2001-2017, con mayor concentración en sectores vinculados generalmente a las materias primas, la energía y la minería.

Hay que destacar que China ha encontrado en América Latina un socio ideal para sus inversiones, las cuales impulsan el desarrollo de sectores estratégicos en la economía regional.

Hay que destacar que China ha encontrado en América Latina un socio ideal para sus inversiones, las cuales impulsan el desarrollo de sectores estratégicos en la economía regional. Tan atractiva es la región que en el 2015 el presidente del país asiático, Xi Jinping, anunciaba la inversión de 250.000 millones de dólares en América Latina de cara al 2025 y actualmente ya se ha superado la mitad de esa cuantía.

A la luz de la realidad, China se ha convertido en un socio comercial clave para la región de América Latina y donde ambas economías se proyecta que crecerán en los próximos años tres veces más rápido que las economías industrializadas, convirtiéndose en los polos de crecimiento mundial del momento. Por tales razones, se entiende que la relación entre China y América Latina ha alcanzado la suficiente madurez para dar un salto cuantitativo y cualitativo para avanzar hacia un vínculo estratégico que proporcione beneficios mutuos, lo cual tiene mayor trascendencia si se considera que la región en la última década fue el socio comercial más dinámico de China, superando el valor del comercio bilateral del 2010, de 200.000 millones de dólares.

Noticias Relacionadas