Daris Javier Cuevas
Los riesgos que están bordeando a la economía mundial son múltiples y variados, con un denominador común que es que la persistencia de incógnitas y riesgos latentes difícil de mitigar en el corto plazo, con una lentitud en la expansión del crecimiento del PIB mundial del 3%. Tal apreciación pone en evidencia que a nivel global la economía no está registrando los niveles adecuados para satisfacer el crecimiento poblacional, lo que puede interpretarse como el principal obstáculo a superar la inequidad económica y social en el planeta.
En idéntica dirección aparecen los pronósticos de la región de América latina en el cual se ha proyectado que el Producto Interno Bruto (PIB) apenas aumentará: un 2% según el Banco Mundial; un 1,9% el FMI y un 2,2% según la CEPAL Esto pone en evidencia la ausencia de una unificación en los pronósticos macroeconómicos regional, explicado en una alta proporción por los riesgos derivados de los precios internacionales del petróleo y la vulnerabilidad de los mercados financieros global
Estos son nubarrones que han venido construyendo un horizonte desesperanzador en las dos décadas del siglo XXI, quedando comprobado que a escala planetaria predomina un modelo económico injusto, en el cual el crecimiento del PIB tan sólo está favoreciendo a los que más tienen. Mientras que la gran mayoría de habitantes de todo el mundo, especialmente los sectores más pobres, se están quedando excluidos de la dinámica de la economía, tal como explican las cifras de que el 82% de la riqueza mundial generada en el 2017 fue a las manos del 1% más rico de la población, en tanto que, el 50% más pobre no se benefició en nada de dicho crecimiento, esto es, 3.700 millones de almas humanas.
A escala global se asiste a un ambiente con un clima económico lleno de incertidumbre y de pocas esperanzas con asimetrías sorprendentes donde las clasificaciones del triunfo económico le sonríe de manera especial a unos dado que ven el crecimiento del PIB la procreación de riqueza, en tanto, para la gran mayoría es algo decepcionante y trágicamente malo, como ocurrió durante el periodo 2014-2017 La muestra más concreta de tal realidad se encuentra en que, de acuerdo con las cifras del FMI, en el presente año 2018 de los 10 países con la mayor inflación en el mundo, ocho son africanos y dos de América Latina, sin embargo, en las economías avanzadas el fenómeno fue contrario, donde las autoridades están preocupadas porque existe muy poca inflación.
Esta inverosímil realidad se tiene con mayor precisión por el gran avance de la metodología del análisis económico que logra cuantificar y proyectar los diversos escenarios que desafían de manera sistemática a las economías. En efecto, para las economías avanzadas, las metas inflación la fijan los bancos centrales, que habitualmente oscilan entre 1% y 3%, mientras que en las economías emergentes la inflación tiende a ser un poco más alta, pero inferior a 10%, aunque en algunos países ya se aplica la meta de inflación y el índice mensual de la actividad económica, IMAE.
En la actualidad, a escala global se enfrenta una situación de alto riesgo como es el fenómeno de dimensiones inimaginables que son los ataques cibernéticos, los cuales afectan a empresas de todo tipo, dinamismo y tamaño, pues existe un determinado grupo de compañías que son fundamentalmente sensibles a este tipo de ocurrencias. Se trata de las estructuras que se encargan de los servicios que permanentemente demande la población y que permite que el dinero fluya por el sistema bancario o de que haya desplazamientos por el mundo.
Tal situación evidencia que estamos en un mundo nuevo que se ha construido, es el mundo cibernético poblado por ciberciudadanos, donde los gobiernos, y tampoco los políticos, han entendido la medida exacta y las consecuencias de este fenómeno que envuelve al planeta y sus actividades. Pues de lo que se trata es de la irreversible revolución digital que ha ido generando un cambio social, económico, cultural y político que se demuestra de manera cotidiana en el entorno macroeconómico.
Este gigantesco desarrollo tecnológico de las últimas tres décadas y los últimos avances hechos en el mundo virtual han dado lugar a una nueva forma de manejar la economía y de hacer política, es lo que se ha denominado la cibergeopolítica y la geoeconomía digital. Por igual, las relaciones económicas internacionales son una expresión de la voluntad que tienen los Estados de mantener el intercambio comercial, diplomático, cultural y la cordialidad política entre ambos, pero a su vez, viabiliza el espacio para que los hombres de negocios realicen actividades corporativas sobre la base de reglas jurídicas definidas y protección de sus intereses y esto es lo que está impulsando altos niveles de riesgos, el cual se origina en la existencia del fenómeno de la globalización.