Hablan los hechos

¿Más aranceles es Antiglobalización?

El concepto globalización comenzó a incorporarse al lenguaje entre los economistas diez años después que los economistas ingleses incluyeron el termino para buscar un bajadero a lo que se presumía sería la ola del futuro en materia económica. También el economista Japonés Kenichi Ohmae, fue su creador y uno de los mentores cuando sentenció: “La globalización es un hecho y nadie puede detenerla; es algo que ya sucedió, que llego para quedar, por tanto, estamos entrando en un nuevo escenario global”.

En tal sentido, se concibe que la globalización es totalizante que se da en todas partes y la acompaña la geopolítica, como mecanismo de Estado que muestra las relaciones de poder que se dan entre las naciones, cuyo objetivo central es explorar sus dimensiones política, económica y social.

Desde su comienzo, la globalización formó parte de la conversación ordinaria de los economistas, y se ubica dentro de las escuelas de negocios norteamericanas donde se comenzó a usar para referirse a procesos que tienen las características de ser globales únicamente en la perspectiva estratégica de un agente económico o de un actor social, aunque ya desde polos hegemónicos se bautizaba como una economía global. Esta consideración traspasa los límites de las intenciones económicas y se convierte en una construcción ideológica que defiende los logros, impulsa las estrategias y difunde las virtudes de este fenómeno.

Esta ideología obedece a intereses globales, de jerarquía globales y es así como el fenómeno de la globalización fue advertida por Marshall McLuhan, sociólogo canadiense quien habló de la era de las simultaneidades, las redes, los flujos y anunció el advenimiento de la aldea global, señal de una nueva sociedad tribal y planetaria. En tal sentido, se concibe que la globalización es totalizante que se da en todas partes y la acompaña la geopolítica, como mecanismo de Estado que muestra las relaciones de poder que se dan entre las naciones, cuyo objetivo central es explorar sus dimensiones política, económica y social.

Pese al innegable avance del comercio internacional y de los flujos financieros, la mayor parte de la actividad se realiza al interior de los países, o dentro de mega bloques económicos, como la Unión Europea o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Es deseable que el desarrollo de una globalización más sólida y equitativa y una mejor inserción en dicho proceso, con lo cual uno de los principales retos de la política económica, y de toda intervención de política en general en esta era, es el aprovechamiento de las oportunidades generadas, al mismo tiempo que el manejo de los problemas que se presenten. Pese al innegable avance del comercio internacional y de los flujos financieros, la mayor parte de la actividad se realiza al interior de los países, o dentro de mega bloques económicos, como la Unión Europea o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El avance de la globalización y las políticas comerciales ha sido obstaculizado por grandes conflictos bélicos, así como por las crisis económicas de carácter hemisférico que han conducido a realizar modificaciones puntuales para desfavorecer el desarrollo de un comercio exterior más justo entre naciones. En efecto, las naciones opulentas, impiden que la mayoría de los países participen activamente en los intercambios comerciales y financieros, convirtiéndose en el peor obstáculo en los avances de los países de economía emergentes determinados por la presencia de barreras comerciales arancelarias y no arancelarias.

Recientemente se han producido ajustes en algunas de las relaciones comerciales más importantes, como las decisiones del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de abandonar la Unión Europea y de EE. UU de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de re-evaluar las disposiciones de sus demás acuerdos comerciales en vigencia.

Recientemente se han producido ajustes en algunas de las relaciones comerciales más importantes, como las decisiones del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de abandonar la Unión Europea y de EE. UU de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de re-evaluar las disposiciones de sus demás acuerdos comerciales en vigencia. Estas situaciones han causado preocupación por la posible escalada de las barreras y disputas comerciales, por lo que se interpreta que estas podrían intensificarse si otros países responden con represalias lo que inexorablemente conduce a un entorno comercial cada vez más restrictivo colocando en riesgos las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, debido a la interdependencia que existe entre el comercio, la inversión y el crecimiento de la productividad.

Pensar en la exposición al riesgo global tiene cada vez más importancia con tan solo saber que el TLC, que lleva 24 años en vigor, ha dado lugar a una zona de libre comercio que mueve más de un billón de dólares y tiene 450 millones de habitantes, lo que crea fuertes tensiones comerciales. Pues revertir un marco semejante dos décadas después parece una jugada más que arriesgada para EE.UU y va en contra de los intereses de muchas de las propias empresas estadounidenses, lo que lleva a pensar que se asiste a la presencia de una antiglobalización.

Regresar a la aplicación de barreras comerciales ya superada, y suprimida por la OMC, conduce a no descartar que México terminase siendo objetivo de los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio.

Regresar a la aplicación de barreras comerciales ya superada, y suprimida por la OMC, conduce a no descartar que México terminase siendo objetivo de los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio. Sin lugar a dudas se trata de una oposición al libre comercio y un regreso a la concepción mercantilista de la política comercial en la era de la globalización, por encima de todo, un alto riesgo para México, cuyas exportaciones dependen en un 80% del mercado estadounidense.

La decisión de Trump llega en un momento crítico para la renegociación del TLC, que une a EE UU con México y Canadá desde hace casi un cuarto de siglo cuyo mayor temor, en el caso de México, es que se aplique más arancel sobre los automóviles y sus componentes. El impacto de mayores aranceles y descontinuar el TLC, es una medida que en el caso de México afectaría a su mayor industria exportadora, que representa la tercera parte de las ventas exteriores totales, de casi 100.000 millones de dólares al año, y que sería un duro golpe sobre el corazón mismo de su economía.

El impacto de mayores aranceles y descontinuar el TLC, es una medida que en el caso de México afectaría a su mayor industria exportadora, que representa la tercera parte de las ventas exteriores totales, de casi 100.000 millones de dólares al año, y que sería un duro golpe sobre el corazón mismo de su economía.

Las restricciones comerciales con la imposición de nuevas cargas arancelarias afectarían de manera contundente a México que en el 2017 fue el principal exportador de automóviles, casi 2,5 millones de estos a EE UU por valor de 47.000 millones de dólares, en ese mismo orden se golpea a la Unión Europea, el segundo mayor perjudicado por un potencial arancel estadounidense ya que en ese año vendieron automóviles por valor de casi 43.000 millones de dólares y autopartes por un total de 18.000 millones. Por igual, en Alemania se perderían unos 60.000 puestos de trabajo y en toda Europa podría llegar a 130.000, todo esto podría interpretarse como la antiglobalización con aranceles.

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