El ambiente político en Latinoamérica parece no tener respiro, en un 2018 que se ha caracterizado por la incertidumbre, las movilizaciones sociales, la violencia e inseguridad ciudadana, la desigualdad, los escándalos de corrupción y elecciones presidenciales que prometen reconfigurar la agenda regional.
Ahora le toca el turno a México, nación de gran tradición política que el próximo 1 de julio se enfrenta a una prueba de fuego.
La cita de los mejicanos para elegir al mandatario de los próximos seis años, se da en un contexto poco halagador si se quiere, teniendo como antesala una declarada guerra comercial con Estados Unidos, una crisis migratoria en su frontera norte que le ha llevado a fijar posición en contra de las medidas de Washington, y un proceso de catarsis en el que evalúa el costo humano de la violencia.
Comenzando por la crisis migratoria en la frontera México-estadounidense, y que de hecho le ha costado grandes críticas al presidente Donald Trump, además de la inesperada salida de Estados Unidos del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, las imágenes que muestran el proceso de separación de unos 2,350 niños indocumentados de sus padres, para luego ser recluidos en centros de detención, obligó a las autoridades mejicanas a dar una voz de alerta. Sin embargo, la actitud ante las detenciones que tuvieron lugar entre el 5 de mayo y el 9 de junio, y que en mayor medida afecta a migrantes procedentes de El Salvador, Honduras y Guatemala, mejor conocidos como “El Triángulo del Norte”, contrasta con la respuesta que el gobierno mejicano ha brindado a casos internos.
Un caso en particular, que se ha convertido en el símbolo por excelencia de los reclamos de justicia que día a día acosan al presidente Enrique Peña Nieto, nos referimos a la desaparición en el 2014 de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Estado de Guerrero, cuya búsqueda quedó sin respuestas. Ese acontecimiento ha sido el más emblemático dentro de una ola de violencia sin precedentes, que se perfila como la más aguda desde la Guerra de Cristera en 1926, y que mantiene al gobierno enfrentado con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), por cuestionamientos a las conclusiones que sobre el particular brindara la Procuraduría General de la República.
A lo anterior se vincula de manera indefectible el lastre de la corrupción administrativa, develado en denuncias diarias de desvío de recursos, contratos irregulares, transferencias a empresas fantasmas, e incluso desvío de fondos sociales, que solo en el 2017 costaron al Estado un estimado de US$400 millones. Uno de los grandes afectados por los escándalos de corrupción ha sido el gobierno de Peña Nieto, cuya valoración de un 20%, es la más baja en décadas para un mandatario mejicano.
Todo esto ha orbitado como elemento de debate, dentro de una campaña que inició oficialmente el pasado 1ro de abril, donde se elegirán unos 18,311 cargos públicos, entre congresistas, alcaldes, gobernadores, regidores y un nuevo presidente, por lo que el desenlace promete ser uno de los más complejos y determinantes de la historia de México.
Para dicha elección se estima en 89 millones el número total de electores habilitados, de los cuales unos 11 millones son jóvenes y de ellos 4.8 pertenecen a ese segmento de nuevos votantes entre 18 y 22 años, cuya aparente falta de vinculación ideológica hace que sus votos sean determinantes. A este universo de electores, se unen una pequeña representación de la diáspora mejicana en Estados Unidos, que a pesar de haber casi 12 millones aptos para votar (36 millones de mejicanos residen en EE.UU.), solo unos 153,000 se han registrado para ejercer el sufragio, en parte debido al temor de exponerse ante su estatus migratorio.
El grado de complejidad y competencia del actual proceso electoral, conlleva a su vez una alta inversión pública por parte de las autoridades en la materia, cuyo gasto se cifra en casi US$2,000 millones, sin contar el aumento en dinero circulante, cuyo manejo de efectivo tiende a dispararse en las calles durante el periodo de campaña, lo cual es motivo de preocupación por la posibilidad de incidencia de dinero producto de lavado o narcotráfico. La capacidad de fiscalización del manejo de los fondos durante la campaña, también será un gran reto a propósito del factor reelección, que desde el 2014 pasó a ser habilitada para congresistas y alcaldes, y que ante falta de garantías puede llevar a la competencia desleal.
Cabe destacar que México junto a Paraguay, Venezuela, panamá y Honduras forman un singular grupo de naciones, que por razones mixtas no admiten segunda vuelta electoral o balotaje, lo que resume la victoria a quien obtenga mayor cantidad de votos y por ende una mayoría relativa. Es bajo este formato que han competido históricamente los partidos políticos tradicionales, en un sistema donde las candidaturas independientes estuvieron vetadas desde 1946 hasta el 2012, favoreciendo en lo adelante un cambio en el statu quo.
En ese sentido, en cuanto a las candidaturas por la presidencia de México, el actual proceso ha contado con una mayor diversidad de propuestas, entre las que han desfilado las de los candidatos independientes Margarita Zavala, quien hasta octubre del 2017 pertenecía al Partido Acción Nacional (PAN), y Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”. Sin embargo, pese a la novedad que brindaron estas propuestas independientes desde el inicio de la campaña, han sido tres los candidatos que han concentrado las preferencias del electorado, y uno de ellos parece tener plenas posibilidades de lograr su anhelada victoria, y dejar de ser el ganador de todas las encuestas y el perdedor de todas las elecciones.
En esencia, el futuro presidente de México será escogido entre el oficialista José Antonio Meade, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ricardo Anaya, del Partido Acción Nacional (PAN), y Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Pero cuáles son los perfiles de estos candidatos, sus propuestas, y las continuas controversias que les mantienen confrontados en el actual proceso, son interrogantes que analizaremos en la siguiente entrega.