Opinión

Actitud de cambio

Hemos estado escribiendo sobre la lucha de los contrarios, esperanzado en soluciones que no afecten estructuralmente al partido en donde he militado desde el año 1976. El éxito partidario no es reconocido por algunos de los acompañantes de los dos líderes con principalía de simpatías en el seno de la sociedad dominicana. Algunos buscan atribuirse éxitos particulares, segados por el poder, pero nadie en el PLD conserva lo que ha conseguido como profesional y político -el arraigo- en la dimensión que posee en la actualidad, sin el PLD como estandarte de su figura.

En ese orden es vital, que se depongan actitudes de enfrentamientos, de cara a los procesos-situaciones que se desarrollan a lo interno del partido, porque la sociedad observa y espera que el PLD resuelva sus contradicciones dentro del marco lógico en que ha transcurrido su historia.

Los compañeros del partido no debemos olvidar, que el peor enemigo de la sabiduría es el yo, porque se convierte en una especie obstáculo que anida egoísmos, evitando que fluya sobre la conciencia la equidad. El yo es una fatalidad para la existencia de las organizaciones si no se aprende a controlar la ambición ilimitada como individuos humanos. Durante década, el PLD ha construido su propia cultura metodológica para enfrentar los naturales conflictos organizacionales.

Sostenemos el yo porque batallamos con alguien y el ego nos aleja de la confluencia de ideas fundamentales para el bienestar de ambas partes, haciendo común ganar sin necesidad de la derrota, porque al ganar uno en la contienda las heridas no llegan a sangrar a la altura de la ruptura.

Recordemos las enseñanzas del líder histórico, recordemos que el problema tiene existencia desde el momento en que lo planteamos, que éstos son una creación del raciocinio humano y deben ser convertidos en retos por quienes les enfrentan, deponiendo intereses particulares, para entronizarse en los intereses en donde coinciden, relegando las no coincidencias para tratarlas en la mesa de las negociaciones.

Si lo analizamos de esa forma, entonces el problema del enfrentamiento se desvanece en forma inevitable y puede convertirse en el reto indispensable de ganar desde la óptica de cada uno de los bandos.

Los individuos humanos necesitan liberarse de dos tiranías calamitosas, del chisme interesado y del problema fundamental que les enfrenta. Casi siempre las mentiras buscan intereses que no son los del líder sino los de los emisarios de ideas toxicas. Convertir el problema en reto, es la clave para evitar males mayores. Lamentablemente, la vida pública se agobia en forma miserable y perenne sobre la lucha de los contrarios y de los opuestos -aunque este último suaviza los enfrentamientos- igual, deja de lado el triunfo mancomunado, por orgullo de unos intereses que envanecen la vida objetiva de las personas.

La gente vive entrampada entre intereses opuestos, haciéndose necesario un espacio para la reflexión sobre escenarios históricos presentes y futuros, en donde se deje de lado a la tiranía de los opuestos y esto solo es posible, si vivimos cada momento en la plenitud del beneficio común, alejando las fantasías que casi siempre son provocadas por terceras personas.

La vida pasa sin escapatoria para quienes nacemos, se hace necesario apelar a la madurez y hacer un llamado vehemente a que eduquemos el carácter, para que podamos cambiar a través de acciones inteligentes, libre de batallas complacientes de egos. El ego cierra las puestas del éxito. Por esa razón escribo estos artículos esperanzados en que nos alejaremos de las fantasías y de los espejismos, para dar paso a los caminos de la intuición. La intuición es una verdadera amiga de la armonía y de la convivencia.

Si desarrollamos un comportamiento sobre esa actitud, se podrán construir escenarios libres de escaramuzas complacientes de intereses ajenos, colocando las acciones intuitivas en la plenitud del interés de ganar-ganar, alejando el yo de la escena de la convivencia. Es de esa forma que alcanzamos el despertar de la conciencia.

No olvidemos, que la guerra y la paz se transforman la una en la otra. La guerra conduce a la paz y la paz conduce a la guerra. Y es de esa forma, porque todos los contrarios están interconectados, van más allá de la coexistencia en un todo único, sino que bajo determinadas condiciones, se transforman el uno en el otro. No olvidemos, que las condiciones son determinadas por nosotros mismos -como simples instrumentos de la historia- en sentido general.

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