Opinión

Marx y Bosch

Tal como se expresa en el Manifiesto Comunista, para Karl Marx y su entrañable amigo, Federico Engels, “toda la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”.

Desde épocas tempranas de la historia, se encuentra por distintas partes una estratificación de las sociedades en estamentos diferentes.

Por eso, desde la antigua Roma, ciudadanos libres y esclavos; patricios y plebeyos; en la Edad Media, señores feudales y siervos de la iglesia; en fin, opresores y oprimidos estuvieron siempre envueltos en una pugna, que en todos los casos finalizaba con una transformación revolucionaria de la sociedad, o con la destrucción mutua de las clases en lucha.

El capitalismo moderno surgido de la decadencia de la sociedad feudal, no abolió los conflictos de clases. La época de la burguesía se caracteriza, sencillamente, por haber simplificado esos antagonismos sociales.

En la etapa capitalista, las sociedades se encuentran divididas en dos campos opuestos, en dos grandes clases irreconciliables entre sí: la burguesía y el proletariado.

Para Marx, “la burguesía ha jugado en la historia un papel predominantemente revolucionario. En apenas un siglo de existencia creó fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones pasadas juntas”.

Sometió las fuerzas de la naturaleza; aplicó la química a la industria y a la agricultura; desarrolló la navegación a vapor; el uso de los ferrocarriles; y el invento de los telégrafos eléctricos.

Pero ocurrió que el obrero moderno, el proletario, en lugar de mejorar sus condiciones de existencia, con el progreso de la industria, no hizo más que hundirse en una condición de indigencia extrema que crecía, inclusive, a mayor velocidad que la propia capacidad de la burguesía para generar riqueza.

Dentro del capitalismo del siglo XIX, se produjo una contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, así como de las relaciones de propiedad, que eran las bases de sustentación de la burguesía y de su dominación.

Por eso, conforme a la teoría de Marx, las armas con las que la burguesía había abatido al Feudalismo se volvían entonces en su contra; aunque al hacerlo, no solo había forjado las armas que le darían muerte, sino que también había engendrado a los hombres destinados a manejarlas: los obreros modernos, los proletarios.

Esos obreros, obligados a venderse por piezas, eran considerados una mercancía, como cualquier otro artículo de comercio; y estaban sometidas, en consecuencia, a todos los avatares de la competencia y a todas las fluctuaciones del mercado.

Para expresar esa situación Karl Marx elaboró la idea de que como los proletarios no tenían nada que perder más que las cadenas que les ataban a una esclavitud asalariada, tenían que hacer saltar por los aires toda la superestructura de los estratos que conformaban la sociedad burguesa.

Sobre las ruinas del capitalismo y del dominio de la burguesía surgiría el socialismo, la dictadura del proletariado, en transición hacia el comunismo.

Bosch y clases sociales

En lo concerniente a Juan Bosch, puede observarse que en el conjunto de su obra de carácter económico, social, político y cultural predomina una tendencia recurrente a emplear conceptos relativos a la división de la sociedad en grupos o estratos sociales.

En su etapa anterior a la adopción del marxismo como método de análisis, cuando aún se encontraba bajo la influencia del pensamiento hostosiano, Bosch, en lugar de hacer referencia a una división en clases sociales en la República Dominicana, apeló, más bien, al concepto de división en castas.

En efecto, en su libro, Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplo, el destacado pensador y líder político nacional explicó que en la sociedad dominicana, fruto de una arritmia histórica que se había producido como resultado de una desviación de su evolución natural, se había instalado un régimen de castas.

Bajo ese régimen, a su vez, se produjo una división en la sociedad dominicana, entre “gente de primera” y “gente de segunda”.

Los de primera estaban integrados por las familias de mayor renombre y prestigio, por profesionales, hacendados y grandes comerciantes; mientras que los de segunda, por su lado, estaban compuestos por la gran masa de “gente sin apellido”, esto es, trabajadores del campo y la ciudad, maestros de escuela, guardias, policías, etc.

El caso es que al ser un régimen de castas, no había movilidad social. El que nacía de primera, transmitía su nivel social a sus herederos y moría de primera.

Pero el que nació de segunda, no importaba los esfuerzos que hiciese para progresar, siempre seguiría siendo, junto a sus descendientes, de segunda.

Al avanzar hacia el manejo teórico y metodológico del marxismo Bosch, en lugar de continuar haciendo referencia de castas, empezó a hacer énfasis en la existencia de un sistema de división de la sociedad en clases sociales.

Su texto clásico, Composición Social Dominicana, Historia e Interpretación, es un estudio de la sociedad dominicana desde la etapa precolombina hasta el siglo XX, que se apoya en la elaboración de la teoría de la lucha de clases.

Sin embargo, a diferencia de una corriente de simplificación y vulgarización del marxismo en base a publicaciones panfletarias, la investigación del maestro dominicano resultaba ser un análisis creativo y original de la realidad de un país que no había seguido el patrón clásico de desarrollo del capitalismo industrial.

Para Bosch, a diferencia de lo que había ocurrido en Europa, donde se produjo el tránsito del feudalismo al capitalismo, en América Latina, y por ende, en la República Dominicana, lo que hubo, por el contrario, fue la conformación de sociedades pre-capitalistas, esto es, sin ningún tipo de desarrollo capitalista industrial.

Ni burguesía ni proletariado

Al no haberse producido el desarrollo de la industria en las sociedades de América Latina, durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, no hubo lugar tampoco para el nacimiento del capitalismo como sistema, tal como lo conoció y estudió Karl Marx.

Al no existir sociedades capitalistas en América Latina, desde los años de lucha por la independencia, a principios del siglo XIX, tampoco podía haber, desde luego, burguesías nacionales.

En el análisis que el profesor Juan Bosch realiza en su libro, Dictadura con Respaldo Popular, afirma que la burguesía como clase social fue sustituida en las débiles sociedades latinoamericanas por oligarquías.

Lo explica así: “En la mayoría de los países de la América Latina, las fuerzas sociales determinantes a principios de este siglo (siglo XX) eran las oligarquías terratenientes, comerciales y bancarias; en los más retrasados eran el comercio exportador e importador, que se hallaba en muchos casos en manos extranjeras, y a él se aliaban la alta y la mediana pequeña burguesía y los grupos latifundistas”.

Pero así como la burguesía, en la explicación de Bosch, no era el sector social dominante en los países de América Latina a principios del siglo XX, tampoco existía un proletariado fuerte, a consecuencia de la escasa industrialización.

En ausencia de un sector obrero o proletariado con gran fuerza social, el sector que venía a desempeñar un rol importante en la estratificación social era la pequeña burguesía, que según el escritor y político dominicano, se descomponía en tres: la alta, la mediana y la baja, subdividiéndose esta última en pobre y muy pobre.

Al no haber desarrollo capitalista; y al no ser la burguesía y el proletariado las clases antagónicas en las sociedades latinoamericanas del siglo XX, Bosch concluye que la revolución latinoamericana no podía ser una revolución socialista, anti-burguesa, que condujese a una dictadura del proletariado.

Para el destacado historiador y sociólogo dominicano, la revolución latinoamericana tenía que ser, más bien, anti-oligárquica, porque había sido ese sector, en alianza con intereses extranjeros, especialmente el imperio-pentagonismo, el que, por razón de competencia por el control de mercados, había frustrado el desarrollo capitalista de los pueblos latinoamericanos.

En oposición a la dictadura del proletariado, que en su tiempo propuso Marx, Bosch elaboró la tesis de la dictadura con respaldo popular, régimen, según él necesario, debido al freno que las oligarquías habían impuesto al desarrollo económico capitalista y al funcionamiento del sistema político de la democracia representativa.

Para muchos marxistas dominicanos de sus años, el fundador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con sus ideas, parecía, más bien, antimarxista.

Pero, en verdad, era todo lo contrario. Con imaginación, inteligencia y creatividad, Bosch, utilizando el instrumento conceptual marxista, demostró que en la República Dominicana, como en el resto de América Latina, la lucha no era entre burguesía y proletariado, sino entre oligarquía y sectores populares.

Con eso hizo una enorme contribución al avance de las ideas políticas, y un significativo aporte a las luchas revolucionarias de su época.

Otras del Comité Político
últimas Noticias
Noticias Relacionadas