Hablan los hechos

¿Que ocurre cuando tu vecino es Trump?

La realidad predominante en México conduce a entender que en esa sociedad se están dando señales de fuertes rupturas, fruto de unas coyunturas críticas que demandan nuevas herramientas analíticas para ser comprendidas. Pero es que en ese país surgió una nueva elite dominante, una hegemonía forjada desde el poder gubernamental.

En México la política, a su vez, se construyó de manera análoga al poder económico: conglomerar los recursos políticos e integrarlos transversalmente en paralelo a la integración y concentración de la riqueza. Las evidencias empíricas muestran que el país azteca no es un Petro-Estado, la economía está en manos privadas, el 31% en industria, 64% en servicios y 4% en agricultura, al tiempo que las finanzas públicas nunca han dependido enteramente del petróleo ya que Pemex casi funciona como una empresa privada en un mercado energético abierto.

Las evidencias empíricas muestran que el país azteca no es un Petro-Estado, la economía está en manos privadas, el 31% en industria, 64% en servicios y 4% en agricultura, al tiempo que las finanzas públicas nunca han dependido enteramente del petróleo ya que Pemex casi funciona como una empresa privada en un mercado energético abierto.

En la economía de México el ingreso fundamentalmente proviene de la maquila, o zonas francas, el cemento, el comercio internacional y el turismo, actividades estas que no son estatales. En adición, su configuración constitucional es estable, con separación de poderes y fuerzas armadas históricamente profesionales y apolíticas, más aún, la constitución consagra un período presidencial de seis años sin reelección y donde el lema predominante y su identidad, desde 1910, es “Sufragio efectivo, no reelección”.

Históricamente, y como resultado de la asimetría de poder con EE.EU, la máxima prioridad de la política exterior mexicana ha sido siempre contener, en lo posible, la hegemonía estadounidense, para maximizar su soberanía nacional. México ha entendido su soberanía como la defensa de la integridad territorial y la definición libre, autónoma e independiente, sin injerencia externa, de su forma de gobierno, de las políticas públicas domésticas, y de la política exterior con otros Estados y actores internacionales.

Históricamente, y como resultado de la asimetría de poder con EE.EU, la máxima prioridad de la política exterior mexicana ha sido siempre contener, en lo posible, la hegemonía estadounidense, para maximizar su soberanía nacional.

Desde hace casi un siglo, la prioridad de la política de EE.UU hacia México ha sido, y hasta hoy, mantener la estabilidad y seguridad en su frontera sur, mediante: el establecimiento de un régimen político relativamente estable en México; el desinterés de EEUU en desplazar territorialmente su frontera hacia el sur; y el creciente costo de una intervención directa en suelo mexicano. Se da por entendido que existe un espacio de intersección entre las prioridades de las políticas exteriores de ambos países: un Estado mexicano con márgenes de autonomía, pero que garantice la estabilidad interna y la seguridad de la frontera sur de EE.UU.

Bajo esa concepción, por tanto, cuanto mayor sea la capacidad de México para satisfacer el señalado objetivo, mayores serán sus márgenes de autonomía. Por el contrario, si no cumple, EE.UU le presionará para que modifique sus políticas y se reduzcan así esos niveles de autonomía, en consecuencias, México siempre procura balancear su asimetría económica y de interés comercial con esa nación vinculando al máximo nivel posible sus necesidades en torno a la relación comercial entre ambos países con las preocupaciones que se tiene en materia de seguridad y migración.

Se da por entendido que existe un espacio de intersección entre las prioridades de las políticas exteriores de ambos países: un Estado mexicano con márgenes de autonomía, pero que garantice la estabilidad interna y la seguridad de la frontera sur de EE.UU.

Con la llegada a la casa blanca de Donald Trump, como presidente de EEUU, han cambiado muchas cosas en la relación México-EE.UU; sin embargo, un aspecto que no variará es la vecindad geográfica y creciente integración entre ambos países. Por esta razón, los cambios en la era Trump son más de forma que de fondo. Es por ello que, a pesar de los sobresaltos mediáticos y las provocaciones diplomáticas iniciales, las directrices generales de la relación bilateral no han conocido modificaciones fundamentales en los casi dos años de la administración Trump.

La vecindad geográfica de EE.UU-México es indisoluble por mandato de la naturaleza divina, sin embargo, en sus primeras semanas en la Casa Blanca Trump ha dejado claro que las líneas de su política exterior hacia México serán las mismas que promovió durante la campaña electoral: construcción de un muro, deportación masiva de inmigrantes indocumentados, y la renegociación del TLCAN. Por tales razones, las presiones diplomáticas de Trump a México responden a la percepción de que México no está garantizando plenamente la seguridad y estabilidad en la frontera.

Con la llegada a la casa blanca de Donald Trump, como presidente de EEUU, han cambiado muchas cosas en la relación México-EE.UU; sin embargo, un aspecto que no variará es la vecindad geográfica y creciente integración entre ambos países. Por esta razón, los cambios en la era Trump son más de forma que de fondo.

El factor geopolítico es trascendental en la renegociación del TLCAN con EE.UU, situación que podría traducirse en una escalada de aranceles entre ambos países, en el contexto de una guerra comercial de alcance global, en el que EE.UU. busca recuperar su poderío como potencia comercial frente a países como China, aun a costa de instituciones internacionales como la OMC. Pero resulta que los efectos de un aumento de aranceles podrían traer fuertes consecuencias para la industria automotriz en México y otros sectores, los impactos en el total de la economía mexicana podrían ser muy graves, lo cual obliga a repensar el actual modelo de desarrollo económico.

Al panorama señalado se agrega que al finalizar el 2018, se estima un crecimiento económico de 2.2%, lo cual resulta ligeramente superior al de 2.1% del 2017, lo que implica que hay sobre los principales indicadores macroeconómicos altos niveles de riesgos que podrían impactar al crecimiento de manera negativa. Adicional al riesgo de la relación comercial con EE.UU, está el potencial impacto de la reforma tributaria en ese país, ya que la estructura tributaria del principal socio comercial de México se ha vuelto más competitiva y atractiva para la inversión, lo cual, independientemente del resultado de la renegociación del TLCAN, muy probablemente impacte los flujos de inversión extranjera directa hacia el país Azteca.

La vecindad geográfica de EE.UU-México es indisoluble por mandato de la naturaleza divina, sin embargo, en sus primeras semanas en la Casa Blanca Trump ha dejado claro que las líneas de su política exterior hacia México serán las mismas que promovió durante la campaña electoral: construcción de un muro, deportación masiva de inmigrantes indocumentados, y la renegociación del TLCAN

A la Luz de la razón, y bajo la creencia del Presidente electo de México José Manuel López Obrador de que “consideramos que sin corrupción y con un gobierno austero podremos sacar a México de la crisis económica, del malestar y la pobreza, de la espiral de inseguridad y violencia que actualmente padece. Para ello, no hará falta aumentar impuestos ni incrementar la deuda del Estado; bastará con honestidad en el gobierno y con una reducción del costo de la administración para aumentar la inversión pública y utilizarla como capital semilla para financiar proyectos productivos con la participación de la iniciativa privada y del sector social”, lo que obliga a un entendimiento obligado con EE.UU.

Pero dado que el proyecto económico de López Obrador está basado en la teoría Keynesiana de crecimiento por demanda. El gasto público y la inversión, tanto pública como privada, son los dinamizadores de la economía. Sin embargo, el plan no es aumentar el gasto público sino redistribuirlo, esto de por si hace que la nueva administración de gobierno que se instalará en Diciembre de este 2018 está obligada a entenderse con un vecino llamado Donald Trump ya que ambos tienen temperamentos inverosímiles.

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