Opinión

Pobladas y “guarimbas”

Una poblada es un evento violento de carácter popular que carece de dirección política. Estalla como consecuencia de abusos de toda suerte o el ahogamiento económico de una parte de la sociedad que por lo general se siente engañada por una minoría que, de manera grosera y casi siempre obscena, exhibe las riquezas que una injusta distribución del ingreso deposita en sus bolsillos, lo que de manera inevitable va acumulando inconformidades que se transforman en ira colectiva, en el resentimiento social que anida en la impotencia y desemboca en levantamientos espontáneos de propagación rápida.

Como por estos días se escenifican acciones marcadas por la violencia en varios países latinoamericanos, debo insistir en el hecho de que las pobladas son expresiones de furias no organizadas y ello se puede ver en el carácter anárquico de sus acciones: hordas que avanzan a tropel destruyendo todo lo que esté a su paso, no importa que lo destruido afecte a los mismos protestantes como ha ocurrido en Haití en los últimos días y ocurrió en abril de 1984 en la República Dominicana durante la administración del presidente Salvador Jorge Blanco, quien reprimió a los ciudadanos que protestaban con tan desmedida violencia que causó centenas de muertes en a penas una semana.

Los eventos violentos organizados, bautizados como “guarimbas” en Venezuela, y que han llegado hasta Nicaragua definidos por muchos con el mismo nombre, son identificables porque se ciñen a métodos: definen sus blancos, patrullan territorios; se articulan con los sectores oligárquicos, contrario a las pobladas que se levantan contra éstos. Los “guarimberos” son activistas que cuentan con financiamiento y apoyo de partidos políticos, organizaciones nacionales y extranjeras sediciosas de las élites económicas que construyen una narrativa, desde los medios de comunicación, guiada hacia la apología de la violencia y la burda manipulación de los hechos que van desde matizarlos para desvirtuarlos, hasta inventar historias apoyadas con imágenes falsas.

Mientras las pobladas encuentran caldo de cultivo en la desigualdad estructurada sobre la base de una minoría que se engulle las riquezas producidas por todo el que está inserto en el aparato productivo y las mayoría no tiene acceso a ellas; las “guarimbas”, en cambio, son el producto de la repartición justa del ingreso que irrita a aquellos pocos que se benefician de la injusticia distributiva. Así lo confirman los datos arrojados por organizaciones como Banco Mundial, al revelar, por ejemplo, que durante los gobiernos de Hugo Chévez Venezuela comenzó a convertirse en el país menos desigual de América Latina, alcanzando esta condición en 2005 gracias a la reorientación en la administración del Estado que puso a la gente como el centro de las políticas públicas.

Esta misma organización da cuenta de que los niveles de desigualdad en Nicaragua han venido disminuyendo en la última década, mientras que Haití se hunde en cifras de disparidad tan extremas que el 20 por ciento de la población concentra más del 60 por ciento de las riquezas, en tanto que la población más pobre recibe a penas el 1.8 por ciento de éstas, según un estudio del Ministerio de Economía Planificación y Desarrollo de la República Dominicana, publicado en su página web bajo el título “Informe país: Haití”, un cuadro que no advierte mejoría y abre el debate sobre inviabilidad.

Pobladas y desigualdad van de la mano, distribución justa y “guarimbas”, también.

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