Por: Margarita Cedeño | Las encuestas son fotografías de un momento, no sentencias sobre el futuro. Nos permiten conocer cómo piensa la ciudadanía, identificar sus preocupaciones y, sobre todo, reconocer aquello que debemos mejorar. Por eso, la reciente Encuesta Nacional de ACD Media merece una lectura serena, responsable y libre de triunfalismos.
Sus resultados nos colocan frente a una realidad que, desde el Partido de la Liberación Dominicana, debemos asumir con humildad. El PRM encabeza la intención de voto con un 29.7 %, seguido de la Fuerza del Pueblo con un 21.7 % y el PLD con un 17.2 %. No estamos donde queremos estar, pero tampoco estamos ante un escenario definitivo.
Hay un dato que merece especial atención, que dice que el 59.9 % de los dominicanos declara no simpatizar con ningún partido político. Más allá de las preferencias electorales, esta cifra nos habla de una ciudadanía que espera respuestas, que exige resultados y que necesita recuperar la confianza en quienes ejercemos la política. Ese debe ser nuestro principal punto de partida.
La encuesta también refleja preocupaciones que conocemos de cerca. El 57 % evalúa negativamente la situación del país y el 51.7 % considera que las cosas podrían empeorar. El costo de la vida, la inseguridad ciudadana y las dificultades económicas ocupan un lugar central entre las inquietudes de las familias.
Detrás de cada porcentaje hay una realidad humana. Hay madres que hacen esfuerzos extraordinarios para alimentar a sus hijos, jóvenes que buscan oportunidades y familias que desean vivir con tranquilidad. Son esas preocupaciones, y no únicamente las posiciones en una encuesta, las que deben orientar nuestras prioridades.
El PLD tiene una trayectoria de gestión pública, transformaciones sociales y construcción institucional que constituye un patrimonio importante. Pero sería un error creer que los logros del pasado, por sí solos, garantizan la confianza del futuro.
La experiencia tiene valor cuando somos capaces de convertirla en nuevas respuestas para nuevos desafíos.
Resulta alentador que el 41.7 % de los encuestados reconozca posibilidades de que el PLD gobierne en 2028, una proporción cercana al 45.4 % atribuido al partido oficialista. Sin embargo, esa percepción favorable debemos transformarla en confianza mediante propuestas creíbles, presencia territorial y una conexión genuina con la ciudadanía.
Otro aspecto que merece nuestra reflexión es la situación interna del partido. La suspensión de la consulta ha generado opiniones diversas y, aunque una parte importante de la población desconoce lo ocurrido, el 58.5 % considera que podríamos salir más divididos.
No debemos ignorar esa advertencia. Las diferencias son naturales en una organización democrática. Lo verdaderamente importante es nuestra capacidad para gestionarlas con madurez, respeto y sentido de responsabilidad. Ninguna aspiración individual puede estar por encima de la fortaleza institucional ni del compromiso que tenemos con el país.
Contamos con dirigentes de experiencia, nuevas generaciones de liderazgo y una militancia que ha demostrado lealtad en circunstancias difíciles. Esa diversidad debe convertirse en una fortaleza, nunca en motivo de enfrentamiento.
Creo firmemente que este es un momento para escucharnos más, superar desconfianzas y construir acuerdos duraderos. La unidad no significa pensar todos de la misma manera; significa comprender que compartimos un propósito superior.
También debemos reconocer que nuestros adversarios tienen fortalezas y que la competencia democrática exige respeto. Ni el desgaste de un gobierno garantiza el triunfo de la oposición, ni las dificultades de otros sustituyen el trabajo que nos corresponde realizar.
El país necesita partidos sólidos, capaces de renovarse, formar liderazgos y ofrecer soluciones concretas. Defender el sistema de partidos implica también tener la valentía de transformarlo.
De cara a 2028, el PLD debe profundizar el trabajo que ya realiza: fortalecer sus estructuras, renovar sus liderazgos, ampliar su presencia territorial y escuchar permanentemente a las comunidades. Sobre todo, debe convertir su experiencia y vocación de servicio en soluciones claras y viables frente al costo de la vida, la inseguridad, el empleo, la salud, la educación y las oportunidades para las nuevas generaciones. La unidad, la institucionalidad y el diálogo serán fundamentales para transformar las diferencias en una fuerza común.
Las encuestas nos recuerdan que aún debemos recuperar plenamente la confianza ciudadana, pero también confirman que existe un espacio real para que el PLD vuelva a ser una opción de gobierno. No partimos de cero: contamos con una historia de servicio, una militancia comprometida, equipos preparados y la capacidad de aprender de cada experiencia.
El futuro no se espera, se construye. El PLD está preparado para asumir ese reto con entusiasmo, humildad y determinación. Con la fuerza de su militancia, la energía de sus nuevas generaciones y la experiencia de quienes han servido al país, seguiremos avanzando junto a la gente para ofrecer una alternativa renovada, confiable y capaz de conducir a la República Dominicana hacia un futuro con más oportunidades, bienestar y esperanza.
Margarita María Cedeño Lizardo nace en Santo Domingo, República Dominicana. Son sus padres Luis Emilio Cedeño Matos y Margarita Lizardo de Cedeño, quienes con sus ejemplos de vida forjaron en ella los valores humanos, la laboriosidad y la sensibilidad social que la caracterizan.