Cultura

Nuevas generaciones y congreso de cine

Los días que han seguido al 2do. Congreso Nacional de Cine nos han servido para reflexionar acerca de los hechos, las palabras y las imágenes vertidas en este evento que ha convocado y juntado a la clase cinematográfica, para decirse y decirnos de todo como en botica, pues de eso se trata el asunto.

A estas horas entramos a recordar los momentos vividos allí, las opiniones escuchadas y expresadas en diversos tonos y formas. En el Congreso se habló con cifras, conceptos y hechos palpables, el estar de acuerdo o no es una opción que entra en los parámetros de la subjetividad de cada uno de los participantes.

Los homenajes, reconocimientos o el recuerdo de los fallecidos, como el director Fernando Báez o de nuestra estimada Lidia Bastos de la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo, es una de las obligaciones primordiales, pues recordar a esos constructores de sueños es una cualidad llamada agradecimiento, un valor a transmitir a las nuevas generaciones.

Desde la primera película dominicana de ficción “La Leyenda de la Virgen de la Altagracia” (1922), dirigida por Francisco Arturo Palau, hasta la afirmación de la productora Elsa Turull de que “soy hija de la ley de cine”, hemos visto pasar muchas imágenes y hoy asistimos al desarrollo de una generación de cineastas que han crecido bajo la sombra frondosa de la Ley 108-10.

La joven generación que hace cine en estos días en la Republica Dominicana posiblemente lo hubiese hecho sin la presencia de este mecanismo jurídico, pero dudamos que fuera tan prolífica ni que contase con las herramientas que ayuden a hacer que la realización de sus obras fuese menos accidentada o menos espaciada que en aquellos tiempos donde no se contaba con un marco ordenador del sector cine.

Nuevas imágenes para un mundo nuevo

La experta legal Laura Castellanos afirma que… “hay una generación que ya está naciendo desde la ley y debe mirar más allá del arte, porque la parte del negocio es una idea que subyace en la realidad de la construcción de una película…”. Lo cierto es que esa generación ya nació y busca un balance entre las formas del negocio y las del arte para construir el producto llamado película.

Los jóvenes realizadores han salido por el mundo a mostrar lo creado en estos suelos, muestra de eso es la participación de la película Miriam Miente de los directores Natalia Cabral y Oriol Estrada en el festival de Karlovy Vary en la Republica Checa, obteniendo un reconocimiento por parte del jurado. Sortear las fronteras locales ha sido uno de los aportes más sólidos de estos nuevos cineastas.

Ash es un robot que representa los intereses de la empresa. Ejecuta sus órdenes al pie de la letra sin la más mínima sensibilidad acerca del bienestar de sus compañeros tripulantes, como bien termina Ripley dándose cuenta al indagar en la computadora Madre (Mother), donde son descritos como prescindibles, pues la misión principal era recoger al alienígena. Cualquier parecido con las directrices de algunas empresas con sus empleados en nuestros días, es pura coincidencia.

Las coproducciones con industrias establecidas y con grandes recursos son una ventana que se ha abierto de par en par. Lo demuestran casos como el del filme Chowfan, en el que sus jóvenes productores y realizadores, María Victoria Hernández y Pablo Lozano, han conseguido que China invierta un 25 por ciento del presupuesto en una obra que se enfoca en las mezclas culturales, ese maridaje de música, gastronomía y costumbres entre chinos y dominicanos, todo ello por la persistencia de estos jóvenes que buscan financiar sus proyectos.

Los realizadores Hans García, Yanillys Pérez, Taba Blanchard, Pedro Urrutia, Pablo Lozano y Andrés Farías Cintrón, están en proceso de realizar o finalizar proyectos como La Rasante, Candy Town, La parte 2 de Veneno, Cartas de un Sicario, Candela o Chowfan. Estos filmes y otros realizados por este grupo anteriormente, son la prueba del uso de las formas balanceadas entre el arte y el negocio de la que hablaba Laura Castellanos.

El viaje de las películas dominicanas por el mundo es pilotado mayormente por realizadores de las nuevas generaciones que con sus historias locales y personales han logrado conectar con las audiencias extranjeras, como es el caso de Cocote de Nelson Carlo de los Santos, Carpinteros de José María Cabral, El Hombre que Cuida de Alejandro Andújar o Melocotones de Héctor Valdez, cuyo éxito ha sido el utilizar la identidad como recurso discursivo.

Los jovenes conquistadores

Los cortos son un espacio copado por la sangre joven del cine dominicano y obras como Liborio de Oscar Pérez, Elena de Ayerim Villanueva, Dolore de Mary Helen Ferreira, La Interviú de Maite Bonilla, En los Brazos de mi Madre de Lia Chapman, Esta Bien Llorar Alicia de Victoria Lockhart o Blattodea de Rodrigo Cáceres, entre otros, son una muestra del talento emergente en nuestra cinematósfera.

La suma de pensares, habilidades y visiones de estos realizadores son las que van a producir películas de calidad, blockbusters criollos, premios, obras maestras, en la medida en que la industria siga evolucionando y se mantengan las facilidades, pues de otra forma este crecimiento se ralentizará.

El 2do. Congreso Nacional de Cine ha colocado a las nuevas generaciones de cineastas dominicanos en el foco de atención, al poner sus ideas en interacción con los de mayor edad, para contrastar y enriquecer sus discursos. Las realizaciones de estos jóvenes continúan solidificando la base industrial y artística del cine dominicano.

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