Opinión

Deudas en espiral

Representar geométricamente el movimiento del endeudamiento público mundial con una espiral (que se asimila a una línea curva que gira alrededor de un punto alejándose de él) induce a reflexionar acerca del costo financiero global y su impacto sobre el desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras.

Una economía que funcione sobre la base de créditos estaría creando las condiciones para hacer depender su crecimiento de su nivel de endeudamiento público, tanto en el plano interno, como en la esfera externa. Si son los bancos los que otorgan los préstamos a los clientes, entonces estaríamos en presencia de dinero creado sin ningún respaldo expresado en riqueza productiva.

Así, cuando un sistema monetario-financiero tiene la capacidad de crear dinero a través de los créditos entonces tendría la posibilidad de gestionar el manejo de crisis económicas. Téngase en cuenta que los bancos centrales emiten una proporción muy baja del dinero, en tanto que los bancos privados crean más del 90 por ciento del dinero.

Se podría afirmar que el dinero creado por los bancos mediante préstamos es un bien privado en manos de los intereses individuales. Por eso en la actualidad se están estableciendo restricciones al otorgamiento de préstamos por parte de las entidades bancarias.

Los economistas liberales que se inscriben dentro de los postulados del austríaco Ludwig von Mises (1881-1973) hacen suyas esta reflexión: “el progreso económico (creación de riqueza, aumento en los niveles de vida) proviene de la asignación eficiente de recursos a través de empresas rentables, en las que los consumidores determinan lo que se produce”, dejando de lado la intervención estatal. Así lo expone Wises en su libro “La teoría del dinero y el crédito” (1912).

Aquí entonces sale a relucir el frenesí del endeudamiento público. En efecto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) alerta a la comunidad financiera global sobre el grado de endeudamiento asumido por la economía mundial al registrar obligaciones financieras por encima del 225 por ciento del valor de todos los bienes y servicios producido por la economía global bajo la forma de Producto Interno Bruto (PIB).

Para poder pagar la totalidad de las deudas públicas y privadas concertadas por el conjunto de los países que forman parte de la economía mundial se tendría que destinar durante dos años y tres meses (sin consumir ni un caramelo) todo lo producido.

Al 2017 el mundo estaba endeudado, a través de las familias, empresas, corporaciones y gobiernos -dejando de lado a las entidades financieras- en más de 164 billones de dólares, siendo Estados Unidos el país que más dinero debe al resto del mundo en el mundo al registrar unos 21,3 billones de dólares.
Según datos del FMI el promedio del endeudamiento respecto del PIB en los países desarrollados alcanza el 105 por ciento, mientras que para las economías subdesarrolladas ronda ya en pleno 2018 el 50 por ciento de la riqueza materia creada por el trabajo humano.

Así, el globo terráqueo se encuentra profundamente endeudado, pero dispone de capacidad para crear dinero, así sea sin ningún respaldo expresado en la producción de bienes y servicios, lo que significa que su fragilidad financiera está al doblar de la esquina.

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