Desde la óptica cristiana, los malos dominan la tierra, pero en Efesios 6, versículo 12 dice, “Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” Y en el mes de enero del año 1979, en la ciudad de Puebla en México, el Papa Pablo VI dijo, “Hay que poner particular cuidado en la formación de una conciencia social a todos los niveles y en todos los sectores. Cuando arrecian las injusticias y crece dolorosamente la distancia entre pobres y ricos, la doctrina social, en forma creativa y abierta a los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser precioso instrumento de formación y de acción”.
Estamos seguros de que cuando los buenos se levantan y procuran los derechos que corresponden a los más débiles -los de ellos inclusive- hacen aminorar las injusticias y se colocan como paradigmas. Estamos convencidos de que al aborrecer lo malo, se aborrece el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso, por lo tanto, debemos procurar con gallardía nuestro sitio en la sociedad y exigir respeto, tal y como nosotros respetamos a los que nos acompañan en la brega diaria en que nos encontramos desde hace muchos años, en búsqueda de una mejor vida para la generalidad de los dominicanos.
Los malos no caen sin la intervención de los buenos, por lo que se debe trabajar con el debido coraje y el necesario espíritu de equipo e ir con la debida cautela hacia las metas establecidas. No existe lucha fácil en el quehacer común del hombre, mucho menos en las luchas políticas, por lo que desde estas palabras llamamos a reflexión con el objeto de que nuestros líderes hagan lo que menos esperan los adversarios y así sorprenderles y vencerles.
El que no está presto a moverse, perece. Desde esa óptica, en política se desafían posibilidades y se procura drenar la confianza de los que nos enfrentan. Estamos en condiciones de aplicar presión, para cambiar la psicología triunfalista del adversario. El liderazgo del partido debe procurar que el juego político interno y externo, termine sin dividir las fuerzas. Hacia adentro y hacia afuera, debemos procurar brillantes a través de razonadas jugadas estratégicas, porque el país no es el mismo cada dia que pasa y se acerca el dia de las elecciones del año 2020.
Nuestros estrategas deben convertirse en maestros de la presente guerra psicológica que nos arropa y combate y en ese orden, debemos aumentar el control de lo que hacemos y decimos, porque es clave asimilar el poder que tenemos en cada uno de nuestros pasos.
Tenemos que trabajar sobre cuestiones que parecen imposibles y que necesitan de personas válidas para enfrentar los retos que merecen ser afrontados por encima de las circunstancias para lograr cuestiones imposibles, a los ojos de nuestros adversarios. Tenemos que convertirnos en los “hombres arañas” de Alejandro Magno en la leyenda de la roca sogdiana, para llegar a la mejora de nuestras técnicas con el objeto de multiplicar nuestras posibilidades de éxito. Nuestro discurso no debe ir a la defensiva sino levantar constantemente la confianza y resistir con el decoro que Juan Bosch nos enseñó.
Frente a los malos tenemos que multiplicar nuestra capacidad de impacto. Para ellos debemos convertirnos en innovadores y potenciar nuestras capacidades en procurar de perturbar al oponente.
Hay que estar combatiendo y hacer que ese instinto natural ascienda en nuestras acciones, procurando el debido control, pero ascender bajo la cobija del silencio, porque muchas veces nos dejamos provocar y hablamos o accionamos demás. Ahorremos energías y pertrechos, no desperdiciemos oportunidades de aplicar nuestras habilidades y tenacidades. De nuestros líderes debemos exigir unificación de criterios, para que puedan tomar control de las cuestiones claves que habrán de presentarse en el camino.
Hemos sufrido los embates feroces de nuestros adversarios, pero nuestro consuelo a de ser, que el sufrimiento templa, que los golpes hacen que la vida tenga sentido de mejora y que el dolor hace madurar a las personas. Al final el éxito no hará reír de nuestros pesares actuales.