La dinámica de la economía global ha permitido proyectar que el año 2018 arrojará un crecimiento del PIB que gira en torno a una tasa del 3,3%. Sin embargo, a pesar de dicho crecimiento, la incertidumbre sobre el futuro inmediato va a prevalecer en la economía tal como se refleja en que se espera una desaceleración en las tasas de crecimiento para 2019 y 2020.
La desaceleración en el crecimiento del PIB se proyecta en un marco macroeconómico de vulnerabilidad, elevada inflación y conflictos de guerra de aranceles en el comercio global, lo cual se puede traducir en una alta volatilidad de los mercados financieros globales durante el año2019. Este panorama se verifica en que en el actual 2018 se han producido cambios bruscos en la dinámica económica tanto en los países desarrollados como en los países de economía emergentes.
Para América Latina se espera que en el presente 2018 el crecimiento del PIB de América Latina a penas llegue al 1,5%, lo que significa una contracción de siete décimas con respecto a las proyecciones de 2,1%. Esto es fruto, tanto de las actuales condiciones financieras externas desfavorables, como de factores propios de cada país en lo cual resaltan las debilidades institucionales e inseguridad jurídica observadas por los inversionistas en muchos países.
Se ha convertido en un patrón de comportamiento que las proyecciones económicas de inicio de años difiera de los cierre de año en los países de América Latina como resultado de que la dinámica de crecimiento es distinta entre países y que responde a los impactos diferenciados del contexto internacional en cada economía. También ese comportamiento obedece a la dinámica de los componentes del gasto, el cual ha mostrado patrones distintos en las economías de la región en sentido general.
La desaceleración del crecimiento del PIB de la región de América Latina por el orden de 1,5%, se advierte en un contexto muy complejo del escenario económico global que afecta la equidad. Muchas de las economías de la región exhiben niveles de crecimiento aceptables, mientras que el deterioro en un gran número significativo de economías se observa un deterioro pronunciado que desalienta las aspiraciones de progreso de la ciudadanía.
Como se ha resaltado, la economía mundial crecerá a un ritmo de 3,3%, pero con alta heterogeneidad entre los países, lo que encierra el efecto de las tensiones comerciales y una mayor incertidumbre en la actividad económica que se va traduciendo en dudas acerca del futuro de la economía y el desempeño económico de la región a final de año y durante el próximo 2019. La situación de incertidumbre de la economía latinoamericana ha venido engendrando, en los últimos meses, una volatilidad financiera, a lo que se le ha denominado «índice del miedo», esto es, el temor de las empresas por mayores riesgos, impulsado básicamente por factores como la guerra de aranceles y las tensiones políticas en países donde se están irrespetando las normas constitucionales.
En el índice de miedo que se ha venido gestando en la región, de manera significativa están los grandes casos de corrupción, la caída de los flujos de capitales hacia los diferentes países y el incremento del riesgo país y la caída de los precios de los commodities, los cuales son factores que han venido afectando el crecimiento económico. América Latina ha incorporado algo que no había ocurrido en las últimas tres décadas como lo son los riesgos geopolíticos crecientes; una caída en los flujos de capitales y un incremento en los niveles de riesgo soberanos, fruto del aumento de la deuda pública vía emisión de bonos en los mercados financieros internacionales.
Existen otros fenómenos que están afectando el desempeño de la economía regional como lo son la depreciación de las monedas locales frente al dólar y el menor dinamismo del crecimiento económico mundial. Las tres mayores economías de la región presentan fuertes desgastes en su desempeño, encabezado por Brasil, la economía más grande de América Latina, que solo crecería 1,6%, en tanto que México, la segunda mayor, se expandiría alrededor del 2,1% y Argentina, la tercera, sufriría una contracción del 0,3% del PIB, luego de crecer 2,9% en 2017.
El panorama económico desalentador por el que transita América Latina se expresa en insatisfacciones a las expectativas forjadas en una población cada vez más exigentes y más informadas. El crecimiento mediocre en el PIB está provocando un deterioro progresivo en los indicadores sociales y sembrando dudas en los capitales con vocación a invertirse en Latinoamérica.
Pero es que en América Latina se ha generado una sorprendente crisis de confianza que está empezando a erosionar la propia legitimidad de muchos gobiernos regionales, cuyos niveles de aprobación están exhibiendo mediciones históricamente bajas. Más aún, se está verificando una amenaza ascendente sobre la legitimidad de la democracia en sí misma, que sigue perdiendo apoyo en la población, expresada en insatisfacción con el funcionamiento de esta y que está amenazando con mutar en un descontento en la democracia como tal.
El consenso en torno al modelo democrático sigue siendo la nota predominante en América Latina, pero su fuerza cada vez es menor. Pues la incapacidad para resolver los problemas por parte de las élites políticas, cuya reputación se ha visto mermada por escándalos de corrupción en los últimos años, se expresa en que alrededor del 49,5% está rechazando el funcionamiento de la democracia, lo que significa una frustración abierta.
Preocupa que tan solo países como Uruguay, Chile, Costa Rica, Jamaica y Argentina estén siendo considerados como de “democracias en consolidación”. En tanto que Brasil, El Salvador, Panamá, Bolivia, República Dominicana, Colombia, Perú, Paraguay y México son catalogados como “democracias imperfectas y tres más Ecuador, Honduras y Guatemala, como democracias altamente imperfectas, las razones de estas valoraciones están explicadas en la debilidad institucional, las promesas incumplidas y las ambiciones y abuso del poder.