Hablan los hechos

Fragilidad económica y de la democracia en AL

En América Latina, los dos países con mayor PIB son Brasil y México que, a su vez, también son los que tienen las mayores deudas públicas, aunque ninguno de los dos ha caído en crisis de su deuda ni supera el 100% del PIB, un indicador que suele considerarse como problemático. En la región se está transitando por un escenario económico mundial adverso y de menor crecimiento, lo que es desalentador para estos países con características de economías emergentes.

En la región se está transitando por un escenario económico mundial adverso y de menor crecimiento, lo que es desalentador para estos países con características de economías emergentes.

Las dos grandes economías de la región, Brasil y México, están estrenando nuevos gobiernos con Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador al frente, respectivamente. Mientras que la tercera economía, Argentina, se aboca al final del cuatrienio del gobierno de Mauricio Macri en este 2019, con la precariedad de salir de una dura situación que obligó al país a pedir un millonario rescate financiero al Fondo Monetario Internacional (FMI).

El panorama de América Latina luce muy sombrío fruto que prevalece una desigualdad que se profundiza al reconocer que hay cerca de 25 millones de personas que buscan trabajo y no lo consiguen. Aunque el desempleo tuvo una leve baja, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera preocupante que la región exhiba un 7, 8% de desempleo al cierre del 2018, lo que significa que las políticas de empleo de los gobiernos son poco efectivas si se observa que en el 2017 este era de un 8,1% y un escenario internacional volátil marcado por la guerra comercial entre EU.UU y China, la incertidumbre en los mercados y los vaivenes políticos.

El panorama de América Latina luce muy sombrío fruto que prevalece una desigualdad que se profundiza al reconocer que hay cerca de 25 millones de personas que buscan trabajo y no lo consiguen.

Al clasificarlo por género, la OIT resalta que el desempleo femenino es de 10%, mientras que el de los hombres es de 7,3%, con una brecha salarial de un 20% entre hombres y mujeres, desfavorable para estas. En adición, los países con niveles de desempleo más alto, lo tienen Brasil, 12,5%, Colombia, 9,8% y Costa Rica 9,7%, mientras que los índices más bajos están en Guatemala, 2,8%, México, 3,3% y Ecuador 4,2%.

La situación es mas alarmante si se tiene que el desempleo de los jóvenes asciende a un 19,6%, lo que triplica al de los adultos, pues uno de cada cinco jóvenes en la región busca trabajo y no lo encuentra. Mucho más desesperantes resulta que de la mitad de los empleos son informales en un 50,6%, una situación que deja a esos trabajadores en una condición vulnerable y sin protección social, al tiempo que el empleo por cuenta propia es menos productiva.

La situación es más alarmante si se tiene que el desempleo de los jóvenes asciende a un 19,6%, lo que triplica al de los adultos, pues uno de cada cinco jóvenes en la región busca trabajo y no lo encuentra.

Latinoamérica es vulnerable a la volatilidad del comercio internacional y, al haber aumentado las dudas sobre qué pasará con la guerra comercial entre EE.UU y China, el panorama laboral para el devenir inmediato es un gran signo de interrogación. Pues se trata de que el crecimiento de la región es impulsado por las tendencias globales, los factores internos y la interacción entre ambos, lo que en la realidad afecta los niveles de empleo, pero en virtud de que en este 2019, desafortunadamente, dicho crecimiento será el más lento en comparación con todas las regiones ya que se espera que el crecimiento solo sea de 1,7%%, ligeramente superior al 1,2% del 2018.

El mayor riesgo que enfrenta la región esta dado por el desempeño económico de cara al 2019 y un deterioro abrupto de las condiciones financieras para las economías emergentes, pues se trata de que los mercados emergentes, incluyendo América Latina, evidenciaron una importante reducción en los flujos de financiamiento externo, a la vez que aumentaron los niveles de riesgo soberano y se depreciaron sus monedas en relación al dólar. La realidad regional es que se ha entrado en una situación de hipersensibilidad, económica, social y política que incuba una implosión conjunta sin precedente.

Latinoamérica es vulnerable a la volatilidad del comercio internacional y, al haber aumentado las dudas sobre qué pasará con la guerra comercial entre EE.UU y China, el panorama laboral para el devenir inmediato es un gran signo de interrogación.

América Latina afronta 2019 en pleno proceso de profundas transformaciones políticas y económicas, las cuales están definiendo su posición en el tablero económico y político regional y mundial de una manera perturbadora. Por tales razones, los próximos meses marcaran un punto inflexión en la región, condicionado por las elecciones en Uruguay, Argentina y Bolivia, el primer año de Bolsonaro en Brasil y López Obrador en México, cual será el resultado de la crisis en Venezuela, las tensiones sociales en Centroamérica y la cuestión migratoria con EE.UU, entre otros factores a tenerse en cuenta.

La situación del crecimiento económico es crítico para Latinoamérica ya que para reducir la pobreza y cancelar la deuda social acumulada con tanta desigualdad, es preciso crecer en promedio, y de forma sostenida por más de una décadas entre un 7 y 8 %, algo que no está ocurriendo. Este panorama nos lleva a un asunto crucial en el plano geopolítico: ¿tiene EE.UU una propuesta coherente de políticas públicas, internacionales, comerciales y de promoción del desarrollo que capitalice en beneficio recíproco esta oportunidad?

Las tensiones económicas y políticas actuales solo conduce a un futuro incierto, que tiende agravarse en la medida que los indicadores de la democracia en la región se deterioran, fruto de que se incurre en violaciones a las normas constitucionales y a la seguridad jurídica.

Vista la realidad latente, desde EE.UU se está pensando en otras prioridades y no en mirar hacia el malestar que invade a la región, parece que es más fácil ponerle atención a los conflictos que a la solución del flagelo económico y social que genera un círculo vicioso de inequidad y que coloca a Latinoamérica en una fragilidad económica y política inocultable. Por igual, la región se está endeudando en exceso, lo que puede derivar en una crisis grave que conduzca a América Latina a la situación de los años 80, bautizada por algunos economistas como «la década perdida».

Las tensiones económicas y políticas actuales solo conduce a un futuro incierto, que tiende agravarse en la medida que los indicadores de la democracia en la región se deterioran, fruto de que se incurre en violaciones a las normas constitucionales y a la seguridad jurídica. Se asisten a un panorama económico y político lleno de fragilidad que esta perturbando la cohabitación en América Latina convirtiéndola en una zona de alta vulnerabilidad explosiva.

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