Hablan los hechos

La crisis Venezolana: ¿Nueva geopolítica regional?

Para entender la crisis económica, social y política que atraviesa Venezuela hay que remontarse a la época en que gobernaba Carlos Andrés Pérez, a principios de los años 70, cuando se impulsó la nacionalización del petróleo y el auge económico tuvo un efecto despilfarrador derivado de ella. Estos acontecimientos marcaron el inicio de una política económica y social de bonanza y grandes negocios que, posteriormente, estimulaba la primera gran devaluación del bolívar y el primer control de cambio.

Durante ese período se incrementó el descuido de las necesidades de la gente, la corrupción y el intento de corregir las desviaciones a través de la aplicación de políticas neoliberales caracterizadas por privatizaciones, incremento del costo de los servicios y otras medidas, las cuales potenciaron el descontento de la ciudadanía. La expresión más concreta de estas medidas se expresaron con el alzamiento militar del 4 de febrero y luego la hecatombe bancaria a mediados de los 90’, hechos que cerraron ese período de convulsiones económicas y políticas.

Es una realidad inocultable e irrefutable que en Venezuela existe una crisis de confianza entre los actores políticos, económicos y la sociedad, fruto de que las partes involucradas han divido en dos a ese país y donde cada cual entiende que les asiste la razón.

A partir de esos acontecimientos, Venezuela transitó por una etapa de fuertes reformas del Estado que auspiciaron cambios en el orden institucional, político y económico que condujeron a la aplicación de políticas sociales y asistencialistas que, coyunturalmente, satisfacían los reclamos de la población. Pero resulta que éstas dependían directamente del presupuesto público, lo cual eran fondeadas sin dificultades por que los precios internacionales del Petróleo generaban ingresos en abundancias, lo que daba holgura para que el gobierno usara los mismos, pues cuando los precios del crudo cayeron, las dificultades llegaron en cadena, lo que se tradujo en disgustos y desilusiones en la aceptación del gobierno.

Al relacionar esos acontecimientos con el estado actual y la naturaleza de la crisis socioeconómica y política de Venezuela, se puede inferir la existencia de una concatenación armónica entre ambos hechos, que explican las dificultades prevalecientes. Es una realidad inocultable e irrefutable que en Venezuela existe una crisis de confianza entre los actores políticos, económicos y la sociedad, fruto de que las partes involucradas han divido en dos a ese país y donde cada cual entiende que les asiste la razón.

Si se parte de que la economía venezolana está íntimamente vinculada con la dinámica de los precios del petróleo, se puede interpretar mejor lo que ha ocurrido con la contracción registrada en el PIB a partir del 2007, el cual se calcula entre 10,3% y 18.6%. Esta disminución secuencial del PIB, permite establecer que durante el 2013-2018, la economía se ha reducido en un 40%.

No es fortuito que la crisis económica venezolana se produce en un contexto en que los precios del petróleo han caído hasta alrededor de 42 US$ por barril, lo que es muy distante de los precios que oscilaron entre 80 y 100 dólares entre 2011 y 2013, al tiempo que se han registrado una fuerte contracción en la producción de petróleo por el orden de hasta un millón 854 mil barriles diarios.

No es fortuito que la crisis económica venezolana se produce en un contexto en que los precios del petróleo han caído hasta alrededor de 42 US$ por barril, lo que es muy distante de los precios que oscilaron entre 80 y 100 dólares entre 2011 y 2013, al tiempo que se han registrado una fuerte contracción en la producción de petróleo por el orden de hasta un millón 854 mil barriles diarios. Si se traduce esto a la realidad, significa que eso representa un millón de barriles menos de los que se producían en el año 2001.

La situación de la producción de Petróleo en Venezuela es mucho más compleja si se toma en consideración que en ese país ya no se produce suficiente petróleo liviano ni gasolina para el consumo interno o para ser mezclado con petróleo pesado para su transporte y refinación. En adición, Venezuela está importando estos derivados, lo que en la realidad se traduce en una reducción significativamente de los beneficios cuyo impacto en las finanzas públicas es desastroso para la economía y el cumplimiento con los programas sociales del gobierno.

El problema que atraviesa la producción de petróleo tiende agravarse ya que la principal refinería del país, uno de los complejos de refinación más grandes del mundo, trabaja a menos del 50% de su capacidad instalada. En tal sentido, los beneficios netos de la empresa petrolera PDVSA registraron una caída por el orden de más de 9 mil millones de dólares en 2014, a 830 millones de dólares en 2016.

La situación de la producción de Petróleo en Venezuela es mucho más compleja si se toma en consideración que en ese país ya no se produce suficiente petróleo liviano ni gasolina para el consumo interno o para ser mezclado con petróleo pesado para su transporte y refinación.

Es en ese contexto que en la economía Venezolana se ha producido de manera sistemática e insostenible un grave déficit fiscal que se ha expresado en una fuerte contracción en el gasto público, con una reducción de alrededor del 30% anual. Fruto de esa situación en las finanzas públicas se han tenido que implementar medidas impopulares que ha deteriorado el sistema de precios al cohabitar con una tipología hiperinflacionaria irresistible.

La debilidad en los signos vitales de la economía Venezolana se ha profundizado con el incremento de la deuda pública consolidada, la cual representa el 83,5% del PIB, y es casi 18 veces más que el total de las reservas internacionales del Banco Central del país, lo que es equivale a una situación de impago o default. A esto se le agrega que en los últimos años, Venezuela ha cancelado, por concepto de capital reembolsado y de intereses pagados, la temible suma de 73 mil 359 millones de dólares.

El impacto socio-económico de esta situación explica en una alta proporción el deterioro general de la actividad productiva y de las finanzas públicas, lo que ha tenido graves repercusiones en las condiciones de vida de la población, especialmente en las áreas de salud, alimentación y de seguridad personal. Para que se tenga una idea del impacto que ha tenido la situación del petróleo en el deterioro de las finanzas públicas venezolana, solo hay que considerar que en términos de salud pública, enfermedades como la malaria y el paludismo, la tuberculosis, la difteria y otras que habían sido erradicadas, han vuelto a ser incontrolables.

La debilidad en los signos vitales de la economía Venezolana se ha profundizado con el incremento de la deuda pública consolidada, la cual representa el 83,5% del PIB, y es casi 18 veces más que el total de las reservas internacionales del Banco Central del país, lo que es equivale a una situación de impago o default.

Este malestar socioeconómico fue capitalizado de inmediato por los actores políticos de la oposición, lo que fue arraizado en los sentimientos de la población por el diferencial estrecho de un 1,5% en la elecciones del 2013 que legitimaba a Nicolas Maduro como Presidente Constitucional de Venezuela. Pues al persistir la insatisfacción en las aspiraciones de la población, la oposición política reversó el apoyo de la población al gobierno al obtener una victoria aplastante en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, y alcanzar una mayoría cualificada de dos tercios en la Asamblea Nacional, lo que implicó un cambio radical en la correlación de fuerzas en el seno del Estado.

Con la victoria congresual, la oposición al asumir sus responsabilidades legislativas, en vez de ganarse el apoyo de la ciudadanía incurrió en el grave error de enfrentar al gobierno mediante la venganza. También, desde el gobierno subestimaron el triunfo holgado de la oposición y no vieron la necesidad de cambios en sus políticas y atribuyó la crisis y la victoria de la oposición exclusivamente a lo que se ha denominado la guerra económica por parte de los enemigos de la derecha.

Es muy notorio que una fracción de la comunidad internacional está incursionando en asuntos que solo compete solucionar a los Venezolanos y que la vía de la intervención militar y reconocer un gobernante no legitimado por el voto popular, es sinónimo de apagar el fuego con gasolina, lo que plantea la presencia de una nueva geopolítica regional y donde el petróleo es el epicentro de la misma.

La situación política y económica de Venezuela ha provocado que ese país sea considerado con el peor desempeño económico del mundo en el 2018, lo que combinado con la instalación de un nuevo mandato Presidencial legitimo, 2019-2025, ha desatado la furia opositora y los países que siempre han adversado al actual gobierno, recurriendo a prácticas que se creían superadas, como la intromisión en asuntos internos de cada país. Es muy notorio que una fracción de la comunidad internacional está incursionando en asuntos que solo compete solucionar a los Venezolanos y que la vía de la intervención militar y reconocer un gobernante no legitimado por el voto popular, es sinónimo de apagar el fuego con gasolina, lo que plantea la presencia de una nueva geopolítica regional y donde el petróleo es el epicentro de la misma.

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