Opinión

Pedagogía política

Los países con regímenes democráticos, celebran cada cierto período de tiempo procesos electorales, para elegir a los representantes a cargos de elección popular. Aunque cada país tiene un ordenamiento jurídico que establece los períodos para los que son electos los distintos cargos y el procedimiento para la selección, en todos hay un denominador común: en esos procesos participan millones de personas, que conforme a los mandatos constitucionales de cada Estado, tienen derecho al sufragio. Garantizar de manera libre y soberana el derecho constitucional de elegir y ser elegible, requiere del establecimiento de una compleja maquinaria administrativa, preparada para manejar las técnicas que hagan posible el ejercicio de este derecho. Se requiere contar con entidades enmarcadas dentro del ámbito electoral capaces de entrenar a los administradores del sistema electoral y orientar en forma clara y precisa a los electores sobre sus derechos y obligaciones. Es necesario, como se ha venido haciendo en muchos países, asumir e implementar el concepto de “Pedagogía política”.

La pedagogía política debe tener por finalidad formar a los administradores del sistema electoral –lo que en muchos países ya se realiza-, y desarrollar un amplio programa de educación cívica, utilizando los distintos medios de comunicación, sobre el valor y la importancia del voto para el fortalecimiento de la democracia y el Estado de derecho; para que los ciudadanos puedan distinguir cuándo la propuesta de un candidato es factible o no; cuáles son sus deberes y derechos electorales y cómo y dónde reclamar cuando son vulnerados; entender la importancia de los partidos, agrupaciones y movimientos políticos y su proceso de constitucionalización, como forma de afianzar el sistema democrático; la conformación de los partidos políticos y su funcionamiento interno; el derecho de participación igualitario entre hombres y mujeres a lo interno de las organizaciones políticas y a cargos de elección popular; concientizar respecto del valor de la democracia, cuya trascendencia sobrepasa el perfeccionamiento del sistema electoral; sobre la responsabilidad ciudadana de participar y hacer uso de los distintos mecanismos de participación directa de los ciudadanos, contenidos en los Textos Constitucionales y demás leyes adjetivas; mostrar al ciudadano común la importancia de un financiamiento político transparente y el valor de la equidad en la participación electoral; enseñar acerca de las funciones del presidente de la república, los senadores, diputados, alcaldes, regidores, directores de juntas distritales, vocales, y cualquier otro funcionario elegido por el pueblo y los posibles delitos electorales que cometen los aspirantes a cargos de elección popular o sus seguidores. En fin, la finalidad de la pedagogía política, además abarca la formación de los responsables de las entidades electorales que administran los procesos de elecciones, las oficialías del estado civil y los órganos contenciosos electorales. Persigue además, contribuir con las entidades políticas, para que sus militantes sean formados conforme a la legislación que los rige. En este último aspecto, la Ley No. 33-18 sobre partidos, agrupaciones y movimientos políticos, establece en su artículo 35 que cada partido, agrupación o movimiento político debe desarrollar un sistema de educación política para sus militantes, expresándolo en estos términos: “Artículo 35.- Sistema de educación política. Cada partido, agrupación o movimiento político reconocido instituirá un sistema de educación política, sin perjuicio de los programas y proyectos de estudio que desarrolle a través de sus organismos internos. Párrafo I.- Los programas de formación involucrarán a los miembros del partido, agrupación o movimiento político de todos los municipios del país y de todas las instancias internas. Párrafo II.- La dirección central de los partidos, agrupaciones y movimientos políticos establecerá cada año un programa de formación y educación cívica, política y electoral, donde se promuevan los valores democráticos y la institucionalidad”.

En este mismo orden se expresa el artículo 36 de la referida norma, al establecer las finalidades de la educación política, indicando que: “Son finalidades de los sistemas de educación política las siguientes: 1) Formar y educar políticamente a los integrantes de sus respectivos partidos, agrupaciones y movimientos políticos en general. 2) Cooperar en la formación de la conciencia ciudadana. 3) Educar e incentivar a los ciudadanos a que participen activamente en la vida política. 4) Apoyar a los partidos, movimientos y agrupaciones políticas en la modernización y adecuación de sus estructuras internas, en su institucionalización y adecuación de sus normas y en el incremento de la capacidad gerencial de las mismas. 5) Contribuir con los programas educativos electorales impartidos por la Junta Central Electoral, para la concientización de la ciudadanía, sobre sus derechos y deberes electorales. 6) Estimular y facilitar la formación general y técnica de su militancia en la correcta administración del Estado en sus diferentes niveles, así como en las funciones de los cargos internos que ocupan en el partido, agrupación o movimiento político. 7) Incorporar programas de formación cívica para jóvenes”.

Un aspecto relevante de la norma señalada es que su artículo 38 establece la especialización de un monto igual o mayor al 10% de la suma anual que reciban las entidades políticas del financiamiento público, para la educación de sus miembros. Además, esta formación podrá financiarse con los aportes de los miembros de la organización; las actividades de recaudación que se realicen y contribuciones que se puedan recibir de entidades nacionales e internacionales, de conformidad con las normas vigentes.

Existe un consenso en el plano internacional del valor de la democracia y la necesidad de su consolidación y afianzamiento, como forma de garantizar las libertades individuales y el Estado de derecho. Lograrlo implica contar con ciudadanos con pleno conocimiento y conciencia de los valores democráticos y para eso se hace necesario educar, educar y educar.

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