Hablan los hechos

¿Es incierto el rumbo de América Latina?

Al observar los últimos treinta años de la dinámica de la economía y la democracia, en América Latina, se puede precisar que se ha experimentado una transición y progreso notorio que ha favorecido el esquema democrático, si se considera que los regímenes militares y el asalto violento al poder desaparecieron. Por tales razones, se puede considerar que se está ante la presencia de un gran avance para la región, partiendo de que la democracia es una forma idónea para asegurar el desarrollo humano, el aumento de oportunidad de elección de las personas, así como el respeto y la inclusión de las diversidades que cada sociedad presenta.

Desde la óptica económica se puede considerar que los avances en los indicadores de la democracia han sido muy favorables al desempeño de la economía y la atracción de capitales foráneos en América Latina.

Desde la óptica económica se puede considerar que los avances en los indicadores de la democracia han sido muy favorables al desempeño de la economía y la atracción de capitales foráneos en América Latina. Sin embargo, las democracias en la región, aun resultan insatisfactoria para los requisitos fundamentales para que sean democracias integrales, es decir, capaces de garantizar realmente los derechos políticos, civiles, sociales y económicos de la ciudadanía.

A la Luz de la razón, las debilidades institucionales y sociales están poniendo en serio peligro los avances democráticos de la región, por ende, los avances económicos y, en particular la desigualdad, lo cual es el factor que está en el origen de las deficiencias de los Estados latinoamericanos. Se trata de que la persistencia de este malestar incide en los altos niveles de pobreza, aumenta los conflictos sociales, mina la seguridad pública y debilita la calidad institucional.

A la Luz de la razón, las debilidades institucionales y sociales están poniendo en serio peligro los avances democráticos de la región, por ende, los avances económicos y, en particular la desigualdad, lo cual es el factor que está en el origen de las deficiencias de los Estados latinoamericanos.

Hay que resaltar que desde los inicios del siglo XXI, América Latina reorientó su rumbo luego del fracaso de las políticas neoliberales de la década de los noventa, cuando se optó por gobiernos progresistas que fueron elegidos por la voluntad popular en gran parte de los países de la región. También es irrefutable que estos gobiernos impulsaron una profunda transformación en la orientación de las políticas públicas, lo cual quedaba evidenciado con los cambios de esta etapa en la región que no se limitó a que accedieran a la conducción del Estado fuerzas políticas con profundo contenido popular y presidentes muy cercanos a la realidad de sus pueblos.

En ese contexto, la característica principal del período ha sido el contenido de las políticas llevadas adelante, pues resulta que estos gobiernos dieron paso a una nueva era de proyectos políticos recuperando y ampliando el rol del Estado en la conducción del desarrollo económico y en la generación de condiciones para una distribución más equitativa de la riqueza. Por igual, estuvo en la agenda gubernamental la defensa de la autonomía de decisión nacional y la prioridad dada a la integración regional como características comunes a estos procesos.

Hay que resaltar que desde los inicios del siglo XXI, América Latina reorientó su rumbo luego del fracaso de las políticas neoliberales de la década de los noventa, cuando se optó por gobiernos progresistas que fueron elegidos por la voluntad popular en gran parte de los países de la región.

A pesar de los avances y el progreso alcanzado en América Latina, de manera sorprendente en los últimos años varios países de la región han experimentado un giro conservador, que ha puesto en cuestionamiento los adelantos logrados durante la primera década del presente siglo XXI en materia de desarrollo económico, distribución de la riqueza y derechos sociales de las mayorías ciudadanas. Este Brusco cambio de rumbo conduce a una reflexión profunda e integral sobre la nueva coyuntura regional en la que resaltan varios factores como los cambios en el entorno geopolítico mundial, cambios considerados en la economía a escala planetaria y las debilidades propagadas a la velocidad de la Luz en las normas Constitucionales de cada país.

A pesar de los avances y el progreso alcanzado en América Latina, de manera sorprendente en los últimos años varios países de la región han experimentado un giro conservador, que ha puesto en cuestionamiento los adelantos logrados durante la primera década del presente siglo XXI en materia de desarrollo económico, distribución de la riqueza y derechos sociales de las mayorías ciudadanas.

El panorama económico y político construido a partir de tal realidad ha puesto en evidencia que la región de América Latina ha girado por senderos en el cual sus respectivos Estados están transitando por una fragilidad impresionante y sin precedentes en la historia contemporánea. La región se ha venido evaluando con la vieja teoría del centro y la periferia, las cuales se relacionan entre sí por un intercambio desigual y donde el centro se caracteriza por la abundancia de capital y recursos económicos, agroindustriales y militares, con una superioridad respecto a la periferia. Bajo tales enfoques, la periferia se caracteriza por sistemas de producción menos eficientes, economías de exportación y una subordinación al centro en lo político, militar y económico, la cual opera con grandes rasgos.

En la actualidad, a Latinoamérica se le está evaluado con esos criterios desde el mundo desarrollado para ubicarla en el plano de los denominados Estados fallidos, esto es, aquellos países devastados por la guerra, dictaduras, violaciones a la constitución que se imponen a un sector de la población o lugares azotados por desastres naturales de enormes proporcione. Se trata de aquellos Estados que no pueden desempeñar sus funciones habituales con normalidad, que se han convertido en refugio del crimen organizado y del terrorismo por el caos que reina en ellos, a la vez que son un riesgo para la comunidad internacional.

Entre los indicadores de medición para calificar a los Estados fallidos se resaltan la violación a las normas Constitucionales mediante reformas que procuran la extensión de los periodos gubernamentales de una manera atropellante utilizando como mecanismos para viabilizar tales objetivos, a los organismos institucionales.

Entre los indicadores de medición para calificar a los Estados fallidos se resaltan la violación a las normas Constitucionales mediante reformas que procuran la extensión de los periodos gubernamentales de una manera atropellante utilizando como mecanismos para viabilizar tales objetivos, a los organismos institucionales. Es así como las cortes Constitucionales y los congresos están siendo desnaturalizados en sus funciones legislativas para tales pretensiones, lo que inexorablemente retorna a la región a las repudiables dictaduras del pasado cuyas consecuencias en el rumbo de la estabilidad económica y democrática son impredecibles y de alto riesgos.

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