Opinión

Hay que avanzar hacia un sistema de salud inclusivo

A inicios del presente siglo, la República Dominicana ocupaba una posición nada envidiable en la calidad de su sistema de salud, al compararse con los países de nuestra región. Múltiples deficiencias eran patentes en las funciones principales del sistema, lo que se expresaba en baja cobertura a la seguridad social, alto gasto de bolsillo por parte de las personas, alta mortalidad materna, alta mortalidad infantil, alta tasa de fecundidad en adolescentes de 15 a 19 años, entre otros indicadores. Los estudios de la época caracterizaban nuestro sistema de salud como ineficaz porque no garantizaba el acceso a la salud a toda la población.

Fue esa situación la que dio pie y fundamento a la reforma del sistema a partir de 2002, con la aplicación de la Ley General de Salud y la Ley que creó el Sistema de Seguridad Social.

Desde entonces han transcurrido 18 años, por lo que es bueno pasar revista a los cambios ocurridos en nuestro sistema de salud. Veamos la evolución de algunos indicadores.

El gran logro de la reforma ha sido la ampliación extraordinaria de la afiliación al seguro obligatorio y universal. La cobertura de afiliación se multiplicó por 28 entre 2005 y 2018, al pasar la cantidad de afiliados de 253 mil (2.8% de la población) a 7.8 millones de personas (75% de la población). Sin embargo, no debe confundirse afiliación con cobertura efectiva de servicios de calidad.

En cuanto al gasto total en salud, este se incrementó de 4.2% del PIB en 2002 a 5.8% del PIB en 2015. Del gasto total, el privado pasó de 3.1% del PIB en 2001 a 3.3% del PIB en 2015, mientras que el gasto público se incrementó de 1.1% del PIB en 2002 a 2.5% del PIB en 2015. Sin embargo, con todo y que el gasto de bolsillo como porcentaje del gasto total en salud descendió (47.4 en 2002 versus 42.5 en 2015), todavía sigue siendo alto, si asumimos el criterio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda que el gasto del bolsillo no debe superar el 20% del gasto total en salud.

Por otra parte, la mortalidad materna sigue siendo hoy una de las más altas de la región, multiplicando por más de 2 al promedio latinoamericano. También, la tasa de mortalidad infantil muestra un valor superior al promedio regional y lo mismo ocurre con la mortalidad neonatal. Además, la tasa de fecundidad en adolescentes sigue siendo la más alta de América Latina y el Caribe, con todo y que la cobertura de la atención primaria prenatal supera el promedio de los países de la región. Lo mismo puede decirse de los partos atendidos por personal calificado. Sin embargo, nos quedamos atrás en los resultados.

Los datos aportados son señales de que a pesar de los años trascurridos desde el inicio de la reforma del sector, todavía estamos muy lejos de tener un sistema de salud inclusivo; esto es, que garantice el acceso de todas y todos a servicios de calidad, y que reduzca de forma importante el gasto de bolsillo de las familias. Este es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante.

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