Opinión

Otra humilde maltratada

Una pobre señora de raza negroide, de opaco y sordo apellido, desempleada y soltera se presenta a la emergencia de un hospital, alarmada luego de sentirse una masa nodular en una de sus mamas. El médico de servicio escuchó la queja, le echó un vistazo al pecho y confiado en su olfato intelectual interpretó la molestia como una infección para lo cual le recetó antibióticos. Ninguna prueba de laboratorio, ni otro estudio de confirmación diagnóstica; tampoco recomendó volver a chequearse en caso de no mejorar o de empeoramiento de la lesión. Ante la persistencia del tumor la afectada diligenció una mamografía que fue interpretada como un potencial cáncer mamario. Un cirujano general del hospital de la comunidad le extirpó el nódulo, recomendándole luego una segunda cirugía para removerle la mama junto con el tejido graso de la axila del mismo lado. La desafortunada paciente no fue informada acerca del grado de extensión de su enfermedad, como tampoco fue referida a un servicio oncológico.

Un fortuito médico navegante revisó la mamografía y refirió a la mujer a un cirujano oncólogo de mama del centro para tratamiento de cáncer.

Lo narrado no es una historieta inventada, se trata de un caso real acaecido en el año 2015 en la ciudad de Chicago, Estados Unidos de Norteamérica. Ha sido publicado en el volumen correspondiente al 18 de abril de 2019 por la acreditada revista médica The New England Journal of Medicine, bajo el título de “Racismo estructural; negra de 60 años con cáncer de mama”.

El artículo escrito por Kristen Pallok, Fernando De Maio, y David A. Ansell no tiene desperdicios. Está estructurado magistralmente; en el mismo se disecan las raíces históricas y contemporáneas de donde surge el frondoso árbol de las inequidades sociales, fruto del cual es el manejo de la salud de esta inocente víctima. Se destacan la pobreza crónica y sus consecuencias, la segregación racial persistente y las limitadas opciones que tienen los negros pobres en los insalubres barrios.

Mientras leía y analizaba con espíritu crítico el trabajo científico durante el asueto de semana santa, pensaba en las centenas de mujeres que han llegado y continúan afluyendo al Instituto Oncológico Dr. Heriberto Pieter en etapas avanzadas de la enfermedad. La pobreza, sumada a la ignorancia y ciertos tabúes culturales contribuyen a esta tragedia de género. Si bien es cierto que el racismo no es un elemento de relevancia estadística en la casuística dominicana, el desempleo y las precariedades económicas son factores determinantes para la terapia y seguimiento apropiado de estas desafortunadas mujeres.

El tipo de enfoque sociológico sanitario ayuda a elaborar políticas de salud enfocadas hacia esta enfermedad crónica de efectos devastadores en la familia. Siempre resulta beneficioso conocer los males del vecino puesto que de una forma u otra podemos derivar enseñanzas para aplicación local. De igual manera, surgen ideas acerca de la posibilidad de realizar investigaciones parecidas en barriadas selectivas de nuestras grandes ciudades, o en determinados centros de salud en el país. Pudiésemos preguntar: ¿Se aplican por igual los protocolos y las guías de manejo clínico-quirúrgico en los hospitales y clínicas? ¿Contamos con los recursos humanos, técnicos y financieros para tratar correctamente a las mujeres que asisten a las emergencias y consultas de los centros de salud?

Si de algo estamos seguro es de que aún queda mucho por hacer en salud.

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