El comercio internacional históricamente ha provocado enfrentamiento entre naciones y cada cual interpreta su importancia y dinámica en función del beneficio o desventaja que del mismo se derive. Por tales razones han existido restricciones económicas muy importantes tendente a regular el comercio mundial, en que el instrumento mas conocido para controlar el intercambio comercial se denominan arancel, esto es, los impuestos o derechos de aduana que grava bienes comercializados cuando cruzan una frontera nacional.
En la práctica los aranceles son impuestos que se cargan a los productos cuando cruzan las fronteras nacionales, y éstos se establecen con fines proteccionistas y de recaudación de ingreso, el cual es fijado sobre la mercancía objeto de intercambio cuando cruza la frontera. Bajo esa lógica es que los países imponen restricciones al libre comercio, por tanto, con el mismo queda definida su política comercial, así que procede preguntarse si ¿debería un país proteger su industria de la competencia exterior mediante un arancel? o bien ¿cómo debería diseñarse la política comercial de un país?
Tradicionalmente el arancel se utilizaba como fuente de ingresos para el Estado, aunque su verdadera finalidad es proteger sectores o industrias nacionales concretas de la competencia exterior. Sin embargo, con el avance del fenómeno de la globalización, la importancia del arancel como medida protectora de industrias ha declinado en las últimas décadas a favor de otras barreras no arancelarias.
El análisis económico sobre la aplicación de aranceles conduce a observar que los efectos de la imposición de un arancel por parte de un país pequeño tienen como resultados nefastos para la economía. En efecto, los precios en el mercado mundial permanecen inalterados, el precio interno del bien importado aumenta por la cantidad total de arancel para los productores y consumidores individuales en el país pequeño, mientras que el consumo interno y las importaciones se reducen.
En relación a la aplicación de aranceles a las importaciones por parte de un país grande, los efectos que se derivan es que la oferta del bien importable se reduce, una parte significativa del arancel la pagan los consumidores domésticos y otra parte la pagan los productores extranjeros. Tambien es irrefutable que la imposición de un arancel por parte de un país grande mejora sus términos de intercambio, pero reduce el volumen de comercio y el mejoramiento en la posición de intercambio comercial se realiza a expensas y sacrificio de su socio comercial, acudiendo a la retaliación, lo que al final, ambos países generalmente pierden.
Es en ese contexto que llama la atención a lo que está ocurriendo con las dos mayores economías del mundo, EE.UU y China, que se han enfrascado en una batalla comercial que podría tener efectos secundarios inesperados sobre la economía global. La guerra comercial entre los dos gigantes económicos se inicio cuando EE.UU aplicó aranceles a bienes importados desde China valorados en US$34.000 millones, lo que ha sido interpretado como una acción para hacer frente a su enorme déficit comercial con la potencia asiática.
La decisión de politica comercial Norteamericana encontró respuesta inmediata por parte de China aprobando nuevos aranceles por un monto similar, implicando un total de 800 productos chinos. Por igual, China fijó una tasa del 25% en un conjunto de productos procedentes de EE.UU, desde petróleo hasta soja y esto es lo que ha encendido los motores que han creado las tensiones comerciales que ha repercutido a nivel global.
La guerra comercial que se desarrolla entre EE.UU y China tiene un efecto dominó que podría afectar potencialmente a productos de otros socios comerciales de USA y también puede provocar una reacción en cadena a medida que los países empiecen a tomar medidas contra sus socios, quienes podrían actuar en retaliación. Todo parece indicar que se asiste a una situación insólita en el comercio internacional ya que la economía norteamericana depende fuertemente de las importaciones y desde 1992, China ha jugado un papel extremadamente importante en el comercio de EE.UU, teniendo este un déficit comercial de US$335.000 millones con respecto a China.
El impacto de la guerra comercial plantea un escenario incomodo para China ya que al incrementarse los aranceles a las importaciones de hasta un 25%, esto le costaría a los chinos 200.000 millones de dólares. Ante tal situación China ha sostenido que se ha preparado completamente para enfrentar la guerra comercial, pero no está dispuesta a pelear esta iniciada por USA, pero tiene que luchar hasta el final.
El significado de una guerra comercial entre EE.UU y China es algo muy complicado si se considera que el pais asiático es uno de los mayores financiadores del gobierno de USA, y en el plano internacional es su mayor prestamista. En adición, las cifras de la deuda soberana de EE.UU indican que un 45% de la misma, no privada, está en manos de inversores extranjeros, y de ellos China ostenta el 18,7%, Japón el 17.2% e Irlanda el 5%, es decir, que China sólo tiene 1.189 billones, o sea, trillones, de dólares, suficiente para hacer tambalear duramente el tablero.
Pero resulta que por ser los tenedores de los bonos del Tesoro de la economía de USA, los chinos han sido capaces de tener una influencia definitiva en su propio crecimiento económico, porque pueden acondicionar la relación del yuan frente al dólar, principalmente lo han usado para mantener débil al yuan, de forma que sus exportaciones son menos costosas. En la actualidad, de un total de 3.14 billones de dólares de las reservas chinas en divisa extranjera, el 38.2% está invertido en dólares y han invertido enormemente en esta divisa, lo que significa que las amenazas de la guerra comercial no los doblega, por lo que el potencial de riesgo para el comercio global es extremadamente elevado.