Opinión

El silencio de la OMC

Desde su nacimiento en 1995, en su calidad de heredera institucional del pionero Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha visto incrementar su incidencia dentro del desempeño de los intercambios globales de bienes y servicios entre los 164 países que ostentan al 2019 la membresía del organismo multilateral regulador del comercio internacional.

El culto a los acuerdos comerciales multilaterales constituye un principio esencial dentro de la razón de ser de la OMC, relegando a un segundo plano el estímulo a las decisiones comerciales unilaterales por parte de los países miembros.

Pero a raíz del ascenso a la Casa Blanca de la Administración Trump el mundo ha visto renacer la propagación de las prácticas proteccionistas y la inobservancia de los acuerdos comerciales suscritos de buena fe entre las partes contratantes para dar paso a las decisiones individuales cimentadas en la fuerza político-económica.

La OMC luce postergada, debilitada y en…silencio.

El estallido de la guerra comercial desatada por Estados Unidos y expandida al resto del mundo, aunque China se visualice como el principal país receptor de las medidas arancelarias punitivas adoptadas por la Administración Trump durante su controversial política comercial exterior.

Es cierto que Roberto Azevedo, director general de la OMC, ha expresado: “En el escenario de una guerra comercial global, de una reducción completa en la cooperación internacional en el área del comercio, las tarifas subirían bruscamente y veríamos una reducción de los intercambios comerciales”.

Sobre la guerra comercial la OMC la ha definido como “la imposición de medidas restrictivas al comercio entre naciones”, reconociendo que el origen de ésta se encuentra en la “decisión unilateral de un país de restringir sus importaciones, acompañada de medidas similares de los países exportadores afectados, como represalia”, dando paso a una vorágine de penalizaciones arancelarias entre las partes en controversias que se ha proyectado sobre el conjunto del comercio mundial.

Un analista de temas comerciales ha expresado: “Corren malos tiempos para el multilateralismo, la prolongada agonía del comercio mundial ha ido debilitando a la Organización Mundial del Comercio (OMC)”. Cuando el uruguayo Eduardo Camín escribió la citada reflexión, los efectos perturbadores de la actual guerra comercial EE.UU.-China ya se mostraban a los ojos de la comunidad internacional.

Y en medio del citado escenario se encuentra una OMC debilitada en la implementación de sus mecanismos de solución de controversias, pues sabiendo que los miembros son los actores directos de las decisiones multilaterales que pudiesen adoptarse en el marco de las comisiones de trabajo y de los foros globales lo cierto del caso es que el interés por sujetarse a las reglas de armonización de conflictos brilla por su ausencia.

Duele en el alma institucional que la OMC luzca en pleno 2019 marginada y cuestionada en su razón de ser por actores comerciales globales que, como Estados Unidos, han levantado la bandera del bilateralismo, menospreciando el espíritu multilateral que debe primar en las relaciones comerciales internacionales.

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