Opinión

Acotaciones forenses del caso David Ortiz

La noche del domingo 9 de junio de 2019, alrededor de las 8:50 pm , en un bar ubicado en la parte oriental del gran Santo Domingo, República Dominicana, un alevoso disparo de pistola en la espalda, hirió de gravedad a un ícono del béisbol de grandes ligas, nos referimos al bateador de los Medias Rojas de Boston David Ortiz.

Toda una serie de factores se sumaron para que el azar permitiera que el percance concluyera en un intento de homicidio sin consecuencias fatales. Entre las condicionantes a favor mencionaremos en primer lugar la oportuna asistencia quirúrgica que le fue dispensada a la víctima del repudiable atentado.

Otro importante elemento favorable lo fue la naturaleza atlética del lesionado, junto al hecho de tratarse de un solo disparo en la espalda, y por fuera de la línea media, es decir, sin tocar la columna vertebral, ni la arteria aorta, o la vena cava. Recordamos que en sentido general los balazos en la cabeza tienden a ser mortales en un alto porcentaje, aún cuando sean intervenidos quirúrgicamente de emergencia. De un modo parecido, los disparos en la parte delantera del pecho son graves debido a la presencia del corazón, pulmones y grandes vasos en el área de impacto.

Las heridas de bala en el abdomen, aunque menos graves que las torácicas constituyen un gran peligro ya que pueden lacerarse órganos muy frágiles por donde circula mucha sangre como lo son el hígado y el bazo, el mesenterio, la aorta abdominal y la vena cava. La perforación de las asas intestinales gruesas y delgadas requiere de mucha destreza y experiencia del equipo de cirujanos para el éxito de una laparotomía exploratoria. Un servicio de banco de sangre en óptima capacidad es fundamental para reponer continuamente la gran pérdida de sangre que acarrean estos trágicos eventos. Elevamos votos para que no sucedan las complicaciones que tienden a ocurrir en el período postoperatorio, nos referimos a las infecciones, los fenómenos trombo-embólicos y hemorragias.

Tratándose de una herida de arma de fuego, tipo cañón corto, de naturaleza perforante con orificios, tanto de entrada como de salida, es de suma relevancia el estudio cuidadoso de la vestimenta que llevaba el agredido al momento del incidente, así como registrar las características físicas de los orificios de entrada y de salida del proyectil, amén de la trayectoria anatómica del disparo.

Aún más importante, judicialmente hablando, es la recuperación de la bala. Generalmente ésta se localiza dentro de la ropa o en el sitio donde es herida la persona. ¿Por qué es relevante obtener casquillo y o proyectil? Para realizar una analítica balística y probar que el arma incautada fue con la que disparó la bala criminal.

Mañana cuando se ventile este lamentable intento de homicidio en una Corte de Justicia a la altura de un nuevo milenio y completando la segunda década del siglo XXI, ¿Podremos llevar a cabo un enjuiciamiento objetivo, basado en criterios científicos? ¿Recogieron los galenos la bala de la vestimenta con que recibieron al herido? ¿Recuperaron los técnicos policiales y judiciales el casquillo y/o la bala del lugar donde ocurrió la agresión?

Quiera Dios que existan respuestas positivas para estas interrogantes. De lo contrario, tendremos que hacer un viaje de regreso al viejo y desacreditado sistema de los “testigos oculares” para sentenciar y condenar a los supuestos culpables.

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