Hablan los hechos

Los grandes desafíos de América Latina

Cuando América latina logró el hallazgo histórico de su independencia, concomitantemente redefinió su relación con las grandes metrópolis sobre una base más favorable que en el pasado.

Se trataba también de que las metrópolis que impulsaban una nueva relación comercial con una industria más dinámica que eran inexistente en los antiguos poderes coloniales, lo que se traducía en un salto cualitativo y cuantitativo significativo para el comercio de la región.

El nuevo esquema del papel Estado en la economía viabilizó la desintegración de los gobiernos autoritarios y creaba una transición hacia gobiernos democráticos en toda la región de América latina, lo que obligaba a impulsar una estrategia de desarrollo con equidad económica y social

Con la gran depresión de 1929, el vínculo de América latina con la economía, mundial a través del comercio internacional, se expresó con el deterioro del sector externo.

En adición, el comportamiento de las economías latinoamericana se explicaba por el giro que la región daba con el inicio de la adopción del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, esquema dinamizado por el auge de un sector industrial local que favorecía el crecimiento del PIB de la economía regional.

Durante el periodo de 1950-1981, la economía de América latina creció a un ritmo promedio anual de 5.3%, pero a pesar de esto, persistieron enormes niveles de desigualdades en la distribución de la riqueza derivada del crecimiento económico en toda la región.

Los desafíos más importantes que tiene América latina son reducir las desigualdades sociales, preservar el medio ambiente, fortalecer los indicadores de la democracia, mejorar la calidad de la educación y de la formación, estructurar la protección social y mitigar la violación a las normas constitucionales

Para la década de los ochenta, la década perdida, el crecimiento del PIB regional alcanzó un 3.1% y en los noventa el crecimiento fue de 4.1%, La diferencia observada en las tasas de crecimiento del PIB está asociada con los fuertes ajustes macroeconómicos en la década de los ochenta y a las reformas estructurales impulsadas en los noventa, en particular, la reforma arancelaria que auspiciaba una mayor apertura comercial.

La reanimación del crecimiento del PIB de la región estuvo explicada en una alta proporción por las reformas estructurales, la cual viabilizó el incremento en el flujo del capital financiero y la inversión extranjera directa.

Pero resulta que el problema mayúsculo se produjo en el hecho de que las reformas estructurales tuvieron una orientación de corte neoliberal, la cual se expresó en un deterioro general en un mayor desequilibrio en la distribución de la riqueza y una expansión del número de personas que vivían por debajo de la línea de la pobreza.

Las reformas estructurales de corte neoliberal tuvieron un ritmo acelerado de tal magnitud que trascendieron la esfera de la liberalización de los mercados y la privatización de las empresas públicas, extendida por toda la región, lo que contribuyó a un recorte significativo del papel del Estado en la economía.

En América latina el estancamiento económico y las desigualdades sociales se han apoderado en la presente década, lo que parece es que las situaciones adversas de la década de los ochenta no han cambiado

En tal virtud, el Estado de ser un ente económico activo en las actividades productivas y la asignación de recursos, en la década de los setenta, pasó a concentrarse en la política macroeconómica, la construcción de infraestructura y promotor de la política social.

El proceso post reformas y el nuevo rol del Estado en la economía en América latina definieron un esquema con un papel muy limitado que fue seriamente afectado por la incoherencia entre la capacidad para actuar y la frecuente crisis sociales de elevada profundidad que se presentaron.

El nuevo esquema del papel Estado en la economía viabilizó la desintegración de los gobiernos autoritarios y creaba una transición hacia gobiernos democráticos en toda la región de América latina, lo que obligaba a impulsar una estrategia de desarrollo con equidad económica y social.

Son grandes los esfuerzos que llevado a cabo por los gobiernos que han tenido evoluciones positivas, pero todavía faltan por superar un cierto número de obstáculos para instalar de manera sostenida el crecimiento económico y garantizar un desarrollo sostenible.

Los desafíos más importantes que tiene América latina son reducir las desigualdades sociales, preservar el medio ambiente, fortalecer los indicadores de la democracia, mejorar la calidad de la educación y de la formación, estructurar la protección social y mitigar la violación a las normas constitucionales.

En la región, es un desafío fortalecer los partidos políticos como plataforma sustantiva de garantía de la democracia y el respeto a la institucionalidad y neutralizar la proliferación de aventuras políticas ya que estas provocan una ininteligible atomización de la representación de la vida política, que manifiesta el declive de una faceta de la democracia representativa

En América latina el estancamiento económico y las desigualdades sociales se han apoderado en la presente década, lo que parece es que las situaciones adversas de la década de los ochenta no han cambiado. Desafortunadamente el crecimiento que registra el PIB no muestra una mejora sustancial con respecto a la década del 2000, fruto del crecimiento débil o negativo en las tres economías más grandes de la región como son Brasil, México y Argentina.

Bajo ese enfoque, los principales desafíos económicos de la región incluyen un panorama de crecimiento del PIB mixto acompañado de un complejo entorno macro y externo en varios países, una ola de cambios políticos con una visión predominante progresista de mediano y largo plazo, y que pueda crear un ambiente que mitigue los flujos de migración intrarregional. Pero es que América Latina es una región tremendamente heterogénea, socialmente vibrante, económicamente llena de diversidad sectorial capaz de construir un potencial  económico de impacto global enorme.

Hay que reconocer que la situación actual de América Latina hay muchos signos positivos y algunas circunstancias ambiguas, aunque en la región han logrado espacios gobiernos de corte neoliberales, ninguno de los Presidentes ha consolidado el poder. Por todas partes se da el mismo modelo y los presidentes ganan las elecciones, pero hace grandes compromisos de deuda pública y pierden el apoyo del electorado y  la inmensa mayoría de la gente se vuelve en contra del presidente, fruto de que todos los principales indicadores sociales se tornan negativos, principalmente por que más del 70 % de latinoamericanos viven en la pobreza y casi el 40 % son indigentes.

Son grandes desafíos para la región recuperar la institucionalidad de la representación política y devolver la confianza en los partidos políticos, lo cual será una de las grandes tareas a enfrentar por la clase política latinoamericana en la década que inicia en el 2020

América Latina enfrenta grandes desafíos económicos que han de estar acompañados los desafíos políticos, lo que sugiere queestratégicamente inteligente la región debe reforzar y diversificar sus relaciones con todas las regiones del mundo, en especial EE.UU y la Unión Europea, como forma de protegerse de la volatilidad en la politica comercial. En la región, es un desafío fortalecer los partidos políticos como  plataforma sustantiva de garantía de la democracia y el respeto a la institucionalidad y neutralizar la proliferación de aventuras políticas ya que estas provocan una ininteligible atomización de la representación de la vida política, que manifiesta el declive de una faceta de la democracia representativa.

En ese contexto, los riesgos de tal situación son muy elevados ya que en un tiempo relativamente corto, la política de América Latina podría estar cubierta de los denominados outsiders, de caudillos, de acaudalados sin escrúpulos o de populistas de discursos incendiarios. Son grandes desafíos para la región recuperar la institucionalidad de la representación política y devolver la confianza en los partidos políticos, lo cual será una de las grandes tareas a enfrentar por la clase política latinoamericana en la década que inicia en el 2020.

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