Opinión

Fases que atan

Los ciudadanos ordinarios son economistas vivenciales, a pesar de que no hayan cursado estudios en una universidad o concentrado su atención en las páginas de un texto sobre comercio, producción y finanzas.

En efecto, el consumidor de los países desarrollados, en particular, y de los países subdesarrollados, en especial, ha tomado conocimiento práctico de que la economía mundial suele experimentar vaivenes en su desempeño, manifestándose en diversas fases de comportamiento, tales como auge, recuperación, estancamiento, recesión, crisis…

Los 7 mil 400 millones de personas que ya habitan el planeta están experimentando, con o sin conocimiento de causa, una era de transformaciones en el desempeño de su vida cotidiana que se manifiesta a través de cambios profundos no tanto en las esfera económica, como en la política, cultural, social y tecnológica.

Es una mentira anunciar el adiós a los vaivenes del estado de ánimo del comercio, las finanzas y la producción internacionales, pasando, claro está, por los vaivenes cíclicos nacionales.

A lo expresado hay que adicionar la incidencia de problemas geopolíticos que gravitan sobre la marcha de la economía mundial. Así, en este año 2019 que ya agotará su último trimestre la humanidad observa como afloran graves contradicciones político-militares entre importantes potencias mundiales.

No debe extrañar que así como Francis Fukuyama, pensador norteamericano de origen japonés, escribiera su afamado artículo “El fin de la historia” (1989), donde sentenciaba que ya no habrían batallas ideológicas, también algunos economistas han pontificado sobre un supuesto adiós a las crisis mundiales.

Así, Guy Sorman, economista francés, es incisivo en sostener que “la economía moderna no está exenta de fluctuaciones, pero el tiempo de las grandes crisis parece haber pasado”, según refiere en su obra “La economía no miente” (2008).

Lo expuesto precedentemente constituye un graso error, notoria equivocación sobre la evolución histórica y social de la humanidad…

La crisis económica mundial, conocida como la Gran Recesión, que sacudió los cimientos de la economía mundial durante el 2008-2009, puso en evidencia la naturaleza cíclica del desempeño productivo, comercial y financiero.

Lo mismo ocurre en la actualidad, donde ya afloran vientos recesivos en la dinámica económica global que hacen recordar a los cantores de la perennidad del liberalismo y la llamada mano invisible del mercado que el mundo sigue rechazando la prédica de la desregulación financiera.

Los vaivenes de la economía mundial suelen ser captados por los ciudadanos en cuanto consumidores, demandantes de bienes y servicios, tanto en el marco del mercado interno como en la esfera externa.

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